Capítulo 6: El señor de las Mareas

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El sol del amanecer se reflejaba en las olas de Rocadragón mientras los rumores de la supuesta muerte de Lord Corlys Velaryon llegaban a los oídos de todos. Lucenya entendía que la sucesión de Driftmark no solo era una cuestión de linaje, sino también de poder.

Jacaerys, la encontró en el borde del acantilado, donde el viento alborotaba su cabello como si compartiera su desasosiego.

-¿Qué piensas, Lucenya? -preguntó él, con la mirada fija en el horizonte.

Ella dudó antes de responder. Sabía que su hermano mayor solía buscar su consejo, aunque rara vez lo admitiera.

-Si abuelo Corlys ha muerto, su voluntad debe respetarse -respondió con firmeza, pero su voz temblaba-. Mi padre quiso que Lucerys fuera el Señor de las Mareas después de él. Eso debería ser suficiente.

-Pero sabemos que Vaemond no lo aceptará -dijo Jacaerys, cruzándose de brazos-. Ha cuestionado nuestro linaje desde que éramos niños. Ahora aprovechará esta oportunidad.

Lucenya asintió. Vaemond Velaryon, hermano menor de Corlys, ya había comenzado a mover sus piezas. Los murmullos de su descontento no eran un secreto. Y, como si el destino estuviera escuchando sus pensamientos, una misiva llegó esa misma mañana. Vaemond había solicitado una audiencia con la princesa Rhaenys en la Sala de las Mareas.

Rhaenys, se encontraba en la gran sala de Driftmark, su presencia tan imponente como las olas que rompían contra los muros. Había perdido a su hijo Laenor años atrás y ahora enfrentaba la posibilidad de perder también a su esposo. Pero no era una mujer que mostrara debilidad.

Vaemond llegó con la postura altiva de un hombre que se creía con derecho. Su mirada se cruzó con la de Rhaenys, quien lo recibió sin moverse de su trono.

-Mi señora -dijo Vaemond, inclinándose ligeramente-. Es un día oscuro para la Casa Velaryon. Pero en tiempos de incertidumbre, es el deber de los hombres fuertes garantizar la continuidad.

Rhaenys arqueó una ceja, aunque su expresión permaneció neutral.

-Habla, Vaemond. No soy mujer de rodeos.

-Con el paso de Corlys -continuó él, ignorando el tono cortante de su prima-, la Casa Velaryon necesita un líder legítimo. Alguien con sangre pura de Velaryon en sus venas. Los hijos de Laenor... -hizo una pausa significativa-. No poseen ese derecho. El linaje debe protegerse, y yo, como el siguiente en la línea, reclamo el título de Señor de las Mareas.

Rhaenys permaneció en silencio por un momento. Solo el sonido del viento y las olas llenaba el vacío. Finalmente, se inclinó hacia adelante, sus ojos fijos en Vaemond.

-Mi esposo aún vive, Vaemond. Hasta que su destino sea seguro, este asunto es prematuro. Y aunque estuviera muerto, mi esposo dejó claro quién sería su sucesor. Su ambición es evidente, pero le advierto: pisará un terreno peligroso si continúa cuestionando la legitimidad de mis nietos.

Vaemond apretó la mandíbula, pero antes de que pudiera replicar, Rhaenys lo interrumpió.

-Por ahora, confío en que tendrá la prudencia de no actuar precipitadamente. Pero si insiste en este camino, no tendré piedad en recordarle a todo Poniente quién es la verdadera fuerza de esta casa.

La tensión en la sala era palpable cuando Vaemond se retiró, claramente frustrado pero consciente de que enfrentarse a Rhaenys directamente no sería fácil.

El sonido de los cascos resonaba en el empedrado de Desembarco del Rey mientras la familia de Rhaenyra avanzaba hacia las puertas de la Fortaleza Roja. Hacía años que no cruzaban esos muros, y ahora volvían no por deseo, sino por necesidad. La salud incierta de Lord Corlys Velaryon había abierto una disputa por Driftmark, y Vaemond, arrogante y ambicioso, reclamaba lo que nunca le había pertenecido.

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