La brisa de la mañana traía consigo la promesa de un nuevo comienzo. Las campanas del castillo resonaban, anunciando la partida inminente de la familia de Rhaenyra hacia Rocadragón. Los pasillos estaban llenos de sirvientes apresurados, cargando cofres y ajustando los arneses de los dragones que aguardaban en el patio. Desde su aposento, Lucenya observaba el caos organizado. Su mirada, fija en el horizonte, no se detenía en los preparativos; su mente estaba lejos de allí.
Una parte más compleja y perturbadora, no podía dejar de pensar en Jacaerys. Su risa franca, su ambición, el ardor que veía en sus ojos cuando discutían sobre el futuro, un hombre que siempre había representado seguridad y certeza. Desde que eran niños, los habían unido por un lazo que iba más allá de la sangre. Jacaerys era su amigo, su confidente, y pronto sería su esposo. Lucenya sabía que lo amaba, pero ese amor, que antes era puro como un manantial cristalino, ahora estaba nublado por emociones que no lograba descifrar.
El eco de pasos apresurados se escuchaban en los pasillos. Un golpe en la puerta interrumpió sus pensamientos, pero antes de que pudiera responder, la puerta se abrió bruscamente. Aegon entró, cerrándola detrás de él con un movimiento firme. Su cabello desordenado y la sombra de cansancio bajo sus ojos revelaban que había pasado la noche en vela.
-¿Qué haces aquí? -preguntó Lucenya, sorprendida por su intromisión.
-No puedes irte -dijo él sin rodeos, apoyado en la puerta tras de sí.
Lucenya arqueó una ceja, tratando de ocultar el estremecimiento que la intensidad de su tono provocaba en ella.
-Es mi hogar, Aegon. Mi lugar está en Rocadragón, con mi familia... con Jacaerys.
Aegon avanzó hacia ella, sus pasos decididos. Sus ojos, normalmente desinteresados o llenos de sarcasmo, ahora ardían con una mezcla de desesperación y algo más profundo, algo que Lucenya no quería nombrar.
-Tu lugar... -repitió él con un amargo susurro-. ¿Es eso lo que de verdad crees? ¿Que tu lugar está con él? ¿Que ese es tu destino?
-No entiendo qué quieres decir -respondió ella, retrocediendo un paso, intentando mantener la compostura.
-Sí lo entiendes. Siempre lo has entendido.
Lucenya lo miró fijamente, confundida. Aegon era un enigma para ella, un hombre que había pasado gran parte de su vida molestándola y burlándose de sus sueños de grandeza. Pero ahora, al verlo allí, con el rostro marcado por emociones crudas, era como si estuviera viendo una parte de él que nunca había mostrado.
-Aegon, esto no tiene sentido. Estoy comprometida con Jacaerys, y lo amo.
-¿De verdad lo amas? -preguntó él, su voz estaba teñida de desafío, pero también de algo que parecía miedo.
La pregunta la golpeó como un puñal. Por supuesto que amaba a Jacaerys... ¿no? Pero antes de que pudiera responder, Aegon se acercó más, tan cerca que apenas un suspiro los separaba.
-No puedo dejar que te vayas otra vez -murmuró.
Lucenya sintió que su corazón latía con fuerza, como si estuviera atrapado en una jaula de hierro. Recordó su infancia juntos, las veces que Aegon la había ignorado o molestado, pero también los momentos fugaces en los que parecía mirarla como si fuera la única persona en el mundo.
-¿Qué estás diciendo, Aegon? -preguntó en un hilo de voz, temiendo la respuesta.
-Que no puedo soportar perderte de nuevo -dijo él, su tono casi un ruego.
Lucenya sintió que el aire a su alrededor se volvía más denso. Había deseado que él fuera honesto, que alguna vez dejara caer la máscara que siempre llevaba puesta. Pero ahora que lo estaba haciendo, sus emociones la traicionan, impidiendo que mantuviera la compostura.
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Crowns Of Fire
Fiksi IlmiahUna historia de dolor, redención y el futuro de la Casa Targaryen. En medio de la guerra y la traición, Lucenya debe encontrar la paz para su corazón dividido, mientras el destino de su familia y su legado penden de un hilo.
