El sol se encontraba en su cenit, bañando los jardines de Rocadragón con una calidez poco habitual en aquel lugar azotado por los vientos del Mar Angosto. Los rosales y jazmines del jardín estaban en plena floración, impregnando el aire con un aroma dulce y reconfortante. En el centro de este idílico paisaje, Lucenya yacía sobre una manta de fino terciopelo junto a un árbol que ofrecía su sombra generosa. A su lado, Jacaerys estaba recostado, con la cabeza apoyada en el regazo de su esposa.
Lucenya sostenía un libro entre sus delicadas manos, su voz clara y serena llenando el ambiente mientras leía en voz alta pasajes de "La Canción de los Dragones Perdidos". Era un libro de historias antiguas que hablaba de los primeros jinetes de dragón y los lazos inquebrantables que forjaron con sus bestias. Jacaerys, con los ojos cerrados, escuchaba cada palabra con atención, su expresión tranquila, casi soñadora.
-"Y así, Aegon el Conquistador se elevó sobre el cielo con Balerion, el Terror Negro, transformando el mundo bajo su sombra en algo nuevo y eterno" -leyó Lucenya, dejando escapar una sonrisa al terminar el párrafo. Cerró el libro suavemente y miró a Jacaerys-. ¿Alguna vez sientes que estamos destinados a algo igual de grande, Jace?
Jacaerys abrió los ojos, sus pupilas reflejando la luz del sol que se colaba entre las ramas. Se incorporó ligeramente, apoyando un codo en el suelo mientras la miraba.
-Quizá no como Aegon, pero siento que nuestro destino está entrelazado con el de nuestros dragones y nuestra sangre. Es una carga, pero también un regalo -dijo, tomando una de las manos de Lucenya y entrelazando sus dedos con los suyos-. Contigo a mi lado, siento que podemos enfrentarlo todo.
Lucenya asintió, su mirada dulce pero cargada de determinación. Sus ojos violáceos, herencia inconfundible de su linaje, se posaron en los rosales que rodeaban el jardín.
-He estado pensando en lo que dijiste la última vez -murmuró ella, con un tono más suave-. Sobre nuestra familia... sobre tener hijos.
Jacaerys la observó con atención, notando el rubor que comenzaba a teñir sus mejillas. Una sonrisa se dibujó en su rostro.
-¿Y qué piensas, Nya? -preguntó, acercándose más a ella.
Lucenya bajó la mirada por un momento, como si estuviera reuniendo valor. Luego, alzó el rostro y lo miró con una mezcla de timidez y emoción.
-Creo que es hora. Quiero ver a nuestros hijos corriendo por estos jardines, sus risas llenando los pasillos de Rocadragón. Quiero que sientan el amor que tú y yo compartimos.
Jacaerys no respondió de inmediato. En su mente, se dibujó la imagen de una pequeña niña con la sonrisa de Lucenya, corriendo detrás de un niño fornido como él. Era un pensamiento que llenaba su pecho de calidez. Tomó el rostro de su esposa entre sus manos y la besó con ternura.
-Entonces, empezaremos a construir ese futuro, juntos. No hay nada que desee más que ver esa visión hacerse realidad.
Lucenya dejó escapar una pequeña risa, una que resonó como música entre los rosales. Apoyó su frente contra la de él, cerrando los ojos para absorber la paz de aquel momento.
El sol continuó su recorrido por el cielo mientras ellos permanecían allí, rodeados de flores y sueños, entrelazando su amor con las esperanzas de lo que estaba por venir. Rocadragón, con su majestuosidad antigua, parecía bendecirlos, siendo testigo de una promesa silenciosa que cambiaría sus vidas para siempre.
El sol declinaba suavemente sobre Rocadragón, tiñendo los cielos de tonos cálidos y envolviendo el castillo en un resplandor dorado. En el gran salón privado de la familia, el aire estaba lleno de murmullos, risas y el sonido ocasional de pequeñas manos golpeando sobre las mesas. Rhaenyra Targaryen, con su vientre ya avanzado por el embarazo, estaba sentada cómodamente en un sillón junto a la chimenea. Una mano descansaba sobre su barriga prominente, mientras la otra acariciaba el cabello de Joffrey, un niño de rizos castaños que dormía plácidamente en su regazo.
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Crowns Of Fire
Научная фантастикаUna historia de dolor, redención y el futuro de la Casa Targaryen. En medio de la guerra y la traición, Lucenya debe encontrar la paz para su corazón dividido, mientras el destino de su familia y su legado penden de un hilo.
