Capítulo 32: El plan en marcha

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Aegon abandonó la sala del trono con pasos firmes pero un corazón tumultuoso. La propuesta de su madre seguía resonando en su mente, una mezcla de tentación y desesperación. Secuestrar a Lucenya. Separarla de Jacaerys. Traerla a Desembarco del Rey y reclamarla. Era un movimiento audaz, peligroso, que podría desatar el caos definitivo en la guerra. Pero para él, significaba algo más. Era una segunda oportunidad. Una oportunidad de tener a la mujer que siempre había deseado, aunque fuera a través de métodos oscuros.

Mientras caminaba por los pasillos del castillo, se encontró con Criston Cole, su mano derecha y su confidente en las sombras. Aegon lo llamó con un gesto, y ambos se retiraron a una sala más privada, lejos de oídos indiscretos.

-Sir Criston.- comenzó Aegon, mirando al hombre con intensidad. -Necesito que lideres una misión personal. Algo que debe realizarse en absoluto secreto.

Criston, siempre dispuesto a servir a su rey, inclinó la cabeza.

-Como ordene, Majestad. ¿De qué se trata?

Aegon dudó por un momento, pero finalmente dejó que las palabras salieran.

-Lucenya Velaryon. Necesito que la traigas aquí, a Desembarco del Rey. Ella está en Rocadragón, bajo la protección de Jacaerys y Rhaenyra. Pero quiero que actúes rápido, antes de que puedan reaccionar.

Criston lo miró con cautela. Sabía que el rey tenía sentimientos por su sobrina, pero este plan… era otra cosa.

-Majestad, con el debido respeto, un movimiento como este no solo encenderá la ira de Rhaenyra y Jacaerys, sino que también puede desestabilizar nuestro propio bando. ¿Está seguro de que esto es lo que quiere?

-Es lo que necesito.- respondió Aegon, con una determinación que sorprendió incluso a Criston.- Lucenya es la clave. Si está aquí, lejos de Jacaerys, lejos de su madre, podré… influir en ella. Podré demostrarle que su lugar es conmigo. Además, separarla de ellos será un golpe devastador para Rhaenyra. Sin su hija, su posición se debilitará.

Criston asintió lentamente, comprendiendo el alcance del plan. -Muy bien, Majestad. Prepararé a un grupo selecto. Será una misión peligrosa, pero lo lograremos.

-Que nadie sepa de esto, Criston.- advirtió Aegon, acercándose un paso más.- Si alguien descubre lo que estamos planeando, toda nuestra estrategia podría derrumbarse. Y Criston… si alguien se interpone, no dudes en hacer lo necesario.

El caballero juramentado inclinó la cabeza y se retiró, dejando a Aegon solo en la sala. El joven rey suspiró, sintiendo el peso de su decisión, pero también una oscura satisfacción. Por primera vez en mucho tiempo, sentía que tenía el control. Lucenya estaría con él. Esta vez, no dejaría que nada ni nadie se interpusiera.

En Rocadragón

Lucenya observaba desde una de las almenas del castillo, el viento revolviendo su cabello mientras contemplaba el horizonte. A su lado, Jacaerys hablaba sobre los planes de guerra, pero su mente estaba distraída. Había algo en su mirada que denotaba inquietud, como si un mal presentimiento la acechara.

-Lucenya, ¿me escuchas?- preguntó Jacaerys, interrumpiendo sus pensamientos.

Ella parpadeó y volvió a mirarlo.- Sí, lo siento. Estaba… distraída. ¿Qué decías?

-Decía que debemos estar atentos. Mi madre cree que Aegon podría intentar algo desesperado. Está acorralado, y hombres como él toman decisiones impredecibles cuando sienten que están perdiendo.

Lucenya asintió, pero algo en sus palabras la hizo sentir un escalofrío. Aegon. Hacía tiempo que no lo veía, pero su memoria seguía viva, tan vívida como si hubieran compartido su último encuentro apenas ayer. Recordó sus miradas furtivas, su confesión tardía de amor, la forma en que había intentado tocar su corazón cuando ya era demasiado tarde. Había momentos en que se preguntaba qué habría sido de ellos si las cosas hubieran sido diferentes, pero siempre apartaba esos pensamientos. Su lugar estaba con Jacaerys. Con su esposo.

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