El sol se ocultaba lentamente sobre el mar, tiñendo el cielo con tonalidades doradas y anaranjadas, mientras la brisa fresca de la tarde acariciaba suavemente los rostros de Jacaerys y Lucenya. Ya no se sentían tan solitarios, ya no tan rotos. Aunque las cicatrices de la tragedia seguían presentes, las sombras que antes parecían engullirlos comenzaban a ceder ante algo más brillante: una esperanza renovada.
Lucenya observaba en silencio a Jacaerys mientras él acariciaba a su dragón Vermax desde la terraza del Red Keep. El sonido del viento entre las piedras y el lejano rugido de los dragones eran el único acompañamiento en ese momento tranquilo. Habían pasado meses desde la muerte de Lucerys y su hijo Baelor, pero el dolor, aunque menos agudo, aún los envolvía como una capa sombría. Cada rincón del castillo les recordaba lo que habían perdido, pero también les ofrecía pequeños destellos de consuelo.
A lo lejos, los jardines de la ciudadela se estiraban en su esplendor, un recordatorio de que el tiempo continuaba su curso, a pesar de todo lo que había sucedido. Lucenya cerró los ojos por un momento, respirando profundamente el aire fresco que parecía traer consigo una sensación de paz, como si las fuerzas del destino estuvieran susurrando que había algo más esperando por ella.
-Jacaerys -dijo ella, rompiendo el silencio. Su voz era suave, casi temerosa, como si cada palabra que pronunciara pudiera romper algo frágil y aún no completamente curado.
Él se giró hacia ella, los ojos grises llenos de un amor que, aunque marcado por el dolor, parecía más firme que nunca. Caminó hacia su lado, envolviéndola en un abrazo cálido, su rostro apoyado en su cabello.
-¿Qué sucede? -preguntó, su tono preocupado pero reconociendo la necesidad de su cercanía.
Lucenya lo miró a los ojos, sus manos temblando ligeramente cuando las entrelazó con las suyas.
-No... no he tenido mi mes rojo -murmuró, la esperanza brillando tímidamente en sus ojos, como una estrella débil en el vasto firmamento nocturno. Aunque había tratado de mantener la calma, un temblor de emoción recorría su cuerpo.
El rostro de Jacaerys se iluminó de inmediato, una chispa de alegría quebrando la melancolía que los había rodeado tanto tiempo. No dijo nada al principio; en su lugar, apretó las manos de Lucenya con delicadeza, asegurándose de que la conexión entre ambos fuera fuerte y tangible.
-¿Estás segura? -preguntó él, su voz un susurro lleno de esperanza contenida.
Lucenya asintió lentamente, un pequeño y tímido destello de una sonrisa jugando en sus labios. Los dos sabían que no era un indicio definitivo, pero en sus corazones, este pequeño signo era más que suficiente para soñar con un futuro diferente.
-He pasado tantas noches preguntándome si alguna vez volvería a sentir algo tan simple... tan puro. El vacío que sentimos tras nuestras pérdidas nos ha marcado de maneras que nunca podríamos haber anticipado. Pero ahora, hay algo... algo que nos da fuerza para seguir adelante -dijo Lucenya, mirando hacia el horizonte, como si buscara en el cielo las respuestas que tanto anhelaban.
Jacaerys la abrazó con más fuerza, sintiendo la calidez de su cuerpo contra el suyo, como si pudieran compartir el peso de todo el dolor y la esperanza en ese momento. Durante tanto tiempo, el amor que compartían se había visto ensombrecido por el sufrimiento, pero hoy, en esa quietud, parecía que finalmente podían ver más allá de la oscuridad.
-Lucenya -dijo él, levantando su mentón para mirarla nuevamente-. Tal vez este es el momento. Tal vez Baelor y Lucerys nos están observando desde algún lugar, guiándonos. Tal vez esta es la nueva oportunidad que tanto hemos deseado, una señal de que el amor y la vida siguen adelante, a pesar de todo.
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Crowns Of Fire
Science FictionUna historia de dolor, redención y el futuro de la Casa Targaryen. En medio de la guerra y la traición, Lucenya debe encontrar la paz para su corazón dividido, mientras el destino de su familia y su legado penden de un hilo.
