El cielo sobre Rocadragón estaba despejado, pero el aire llevaba consigo la brisa fría del mar. En los jardines interiores del castillo, Lucenya paseaba entre las flores, con una mano descansando sobre su vientre redondeado. Su embarazo ya era evidente, y la dulce expectativa que traía consigo parecía iluminar su rostro. A su lado, su hermano Lucerys, siempre inquieto, arrancaba pequeñas hojas de un arbusto cercano mientras hablaban.
-¿Has sentido al bebé moverse? -preguntó Lucerys con una mezcla de curiosidad y timidez, mirando de reojo el vientre de su hermana.
Lucenya asintió, sonriendo. -Sí, a veces por las noches. Es como un pequeño aleteo, como si tuviera alas. -Se detuvo un momento y añadió en un tono soñador-: A veces pienso en cómo será. Si será fuerte y valiente como tú, o tranquilo y reflexivo como Jace.
Lucerys rió. -No estoy seguro de que alguien quiera que herede mi falta de paciencia. -Luego, con una mueca juguetona, añadió-: Aunque espero que no sea tan testarudo como Jacaerys.
Ambos rieron, el sonido resonando entre las piedras antiguas de Rocadragón. Había una paz efímera en ese rincón del mundo, una pausa en medio de las tormentas que se avecinaban.
-¿Crees que mamá estará bien? -preguntó Lucenya de repente, con un dejo de preocupación en su voz.
Lucerys dejó de arrancar hojas y se giró hacia ella, su expresión más seria de lo habitual. -Mamá es fuerte. Siempre lo ha sido. Pero necesita que estemos con ella, que la apoyemos. Ahora más que nunca.
Lucenya asintió, aunque la preocupación seguía en sus ojos.
En otra parte del castillo, Rhaenyra estaba en la gran sala de mapas, con velas iluminando el espacio y sombras danzando en las paredes. Frente a ella, el mapa de Poniente estaba desplegado, y sus dedos se deslizaban por los diferentes puntos estratégicos mientras hablaba con lord Corlys Velaryon y otros aliados cercanos.
-Los Lannister son un riesgo -dijo Rhaenyra con tono firme-, pero aún no están comprometidos. Necesitamos asegurarnos de que no apoyen a los usurpadores. Y Dorne... ellos podrían inclinar la balanza si logramos su favor.
Lord Corlys asintió, pero su rostro reflejaba cautela. -Dorne es impredecible, princesa. Sin embargo, estoy de acuerdo. Si conseguimos más aliados antes de que ellos movilicen su ejército, tendremos una oportunidad real.
En ese momento, Jacaerys entró en la sala, con determinación en su mirada. -Madre, quiero hablar contigo.
Rhaenyra lo miró, arqueando una ceja. -Habla, Jace. ¿Qué tienes en mente?
-Déjame ir como mensajero. A mí y a Lucerys. Podemos llevar tu causa directamente a los señores de Poniente. Verán en nosotros la legitimidad de tu reclamación.
Rhaenyra frunció el ceño, claramente incómoda con la idea. -Es demasiado peligroso. Los usurpadores ya están movilizando espías y asesinos. No permitiré que mis hijos sean puestos en riesgo.
-Ya estamos en riesgo, madre -replicó Jacaerys, alzando un poco la voz, aunque sin perder el respeto-. Pero no podemos simplemente quedarnos aquí mientras otros luchan por nuestra causa. Esta es nuestra guerra también. Déjanos ser útiles.
Rhaenyra lo miró en silencio por un largo momento, evaluando sus palabras. Finalmente, su mirada se suavizó, aunque su voz seguía cargada de preocupación. -Hablaré con tus abuelos y con Daemon. Si están de acuerdo, podremos discutirlo. Pero si van, lo harán con cuidado y bajo estrictas instrucciones.
Jacaerys asintió con firmeza, una chispa de satisfacción en sus ojos. -No te defraudaremos, madre.
Mientras la noche caía sobre Rocadragón, los jardines quedaban en calma. Lucenya y Lucerys seguían allí, observando las estrellas que empezaban a asomarse en el cielo.
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Crowns Of Fire
Science FictionUna historia de dolor, redención y el futuro de la Casa Targaryen. En medio de la guerra y la traición, Lucenya debe encontrar la paz para su corazón dividido, mientras el destino de su familia y su legado penden de un hilo.
