Demyan salió de la habitación y fue a buscar a su hermana. Esta estaba durmiendo de lo más cómoda posible y se le notaba que no le importaba en lo absoluto que él sufriera por sus palabras hirientes y que la tregua que se supone que deberían hacer no valió de nada. Estaba con el rostro hacia el techo, con la boca abierta y en plan estrella de mar con bebé a su lado en la cama.
Tocó su brazo para despertarla y ella se dio la vuelta quitando su mano, pero al menos había logrado que su sueño se fuera un poco, antes de volver a roncar.
—Leyna —Demyan la llamó—. Por favor...
—Déjame dormir —murmuró la mayor—. No quiero hablar contigo y no perderé mis horas de sueño.
—Es importante...
—Habla conmigo mañana —masculló sin darse la vuelta—. Todos duermen. Tú tienes que dormir o te hago dormir cuando te rompa algo en la cabeza.
—¿Vas a seguir enojada conmigo siempre? —Demyan dio la vuelta y Vulk hizo lo mismo, pero de forma perezosa—. ¿No dijiste que me habías perdonado?
—Estamos solos, así que no te perdoné nada —levantó la mano para que se fuera y la dejara descansar—. Te pido amablemente que busques algo que hacer, porque me estoy cansando realmente de tu existencia.
—Perdón por lo que te dije antes. —Demyan jugó con sus dedos—. No quería decírtelo de verdad.
Leyna suspiró largo y tendido para luego abrir los ojos de forma definitiva. Demyan tenía en sus manos el inhalador y a sus pies se encontraba Vulk. Bebé se había despertado también, así que los dos vagos en potencia estaban bien despiertos.
—¿Qué dijiste?
—No quería que estuvieras conmigo cuando estaba enfermo, es por eso que dije esas palabras. —Demyan la seguía mirando con sus ojitos tristes—. Es que pensé que iba a morir y por eso te dije esas cosas tan feas antes y lo siento mucho.
—No.
—¿Qué?
—Que no te perdono, así que vete —buscó de regreso la sábana—. Déjame dormir y lárgate. Porque yo no te quiero ni ver en este momento y solo me estás estorbando.
—Pero...
—¡Que me dejes en paz! —gritó enojada—. Quiero dormir.
—Y yo quiero que me perdones. —Demyan se limpió las mejillas—. Eres mi mejor amiga, mi alma gemela y no puedes simplemente olvidarme, y yo quiero que estemos bien, por favor.
—Tú lo hiciste primero conmigo cuando me hablaste mal antes.
—Pero...
—Seguro volverás a hacerlo, porque ahora vives con la condición de que te vas a morir tarde o temprano...
—Lo siento —volvió a decirle su hermano—. Lo dije porque tenía miedo de que te pusieras a llorar por mi culpa si me moría estando ahí y lo que menos deseaba era tener que saber que tú lo harías porque siempre me cuidas —confesó—. Yo sí quiero seguir siendo tu hermano y el Señor dijo que no me voy a morir y que me tomaré mis medicamentos...
—¿Y?
—Leyna...
—¿Qué?
—Ya deja de hablarme así, te pareces a mamá cuando se enoja con el señor. —Demyan hizo un puchero—. Ya perdóname, ¿sí?
—Sí, te perdono. —Leyna rodó los ojos—. Puedes...
—¿Puedo dormir contigo? —él hizo un puchero—. ¿Por favor?
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El placer de corromperla
RomanceÉl no olvida, menos a un traidor. Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
