Capítulo 83

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Demyan vio que traían otra máquina y la colocaron junto a su cama, aunque Lys le había dicho que si no funcionaba la medicación, tendrían que usar el otro método para poder ayudarlo, algo que no quería, pero que tenían que hacer.

—Esta máquina es para que tu sangre se limpie un poco —le explicó Lys—. Esto es porque tus riñones no funcionan del todo bien por sí solos, pero será por unas horas que usarás esto.

—¿Me dolerá?

—Solo cuando te estemos colocando los equipos —Lys continuó—. Quiero que sepas que estás recibiendo bastante bien la medicación —señaló el suero—. De ser así, te irás en pocos días.

—¿Mi hermana se va a poner bien? —Demyan miró a Leyna un momento—. Tuvieron que ponerle esa cosa en la boca.

—Es porque no podía respirar bien por sí sola y tuvimos que inducir el coma temporalmente —la doctora sonrió a medias—. Vamos, tienes que estar bien para cuando tu hermana despierte.

—¿Ya no tendré mi sangre...?

—Tendrás tu sangre igual que la de tu hermana, sin que se coagule.

Demyan asintió y continuó siguiendo los movimientos de Lys con esa máquina. Ella le dijo que cuando su sangre saliera sin esos pequeños coágulos, era que el tratamiento estaba bien, y que tendrían el tratamiento por unos días y, en caso de que no funcionara, volverían con la máquina otra vez.

Zeus vio otra vez que su madre lo llamaba y no tuvo más remedio que salir a tomar la llamada para volver a mentirle. No podía creer que estuviera haciendo eso y que, sobre todo, Kinian permitiera que su esposa continuara ahí, siendo literalmente una zona de guerra. Pudo ver al esposo de Lys en una esquina, con los brazos cruzados, mientras su hijo Calix le explicaba de saber qué cosa de lo que ocurría.

—Hola, mamá —Zeus se aclaró la garganta—. Estoy bien, pero tus llamadas me tienen un poco estresado, si me lo preguntas.

—Quiero entender la situación actual de dos de mis hijos —Dasha se notaba enojada—. Tu hermano no me responde las llamadas, tú estás haciendo de las tuyas y...

—Mamá...

—Sé cuando mis hijos me mienten, por algo tengo cinco y sé muchas cosas —ella lo cortó bruscamente—. ¿Dónde está Nadja?

—Nadja está con los niños —murmuró cerrando los ojos con fuerza—. Ahora mismo no puedo atenderte; sin embargo, papá...

—¡Tu padre me tiene harta también! —chilló enojada—. ¡Todos me ocultan cosas!

—No te estamos ocultando nada, te lo prometo. —Zeus movió los labios de un lado a otro, cruzando los dedos—. Ya supiste lo que sucedió en el hospital; estamos atendiendo a los pacientes heridos.

—Espero que no me estés mintiendo —siseó Dasha—. Porque primero mataré a tu padre, luego a tu hermano y por último a ti por alcahueta —bramó—. Cuídate, te amo.

—Yo también te amo.

Zeus apoyó la frente en la puerta a su lado y contó hasta veinte para calmarse, porque Dasha había dicho algo que era cierto. Siempre se enteraba de todo mucho antes de que se lo dijeran y, cuando supiera lo que estaba pasando, sería complicado para todos.

Wollseifen, Alemania

Estaba abrazando la almohada, tratando de ahogar el llanto que quería salir desde el fondo de su garganta, pero le era imposible en ese momento. Su pequeña había sufrido una recaída y ella estaba en la otra punta del mundo con unos sujetos que solo se gritaban entre ellos. Había escuchado antes de que la metieran en esa habitación que el estado de su hija era grave, que tenía sus deditos fracturados y que había sido hospitalizada, llevada a cirugía por esas mismas complicaciones.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora