Capítulo 71

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Nadja peinó su cabello con cuidado y se puso unos ganchos en el mismo mientras regulaba su respiración. Tenía miedo de todo lo que pasaría ese día y con justa razón. Cenaría con la familia de Jadiel, estaría con ellos en la misma mesa todos juntos y sus dedos no paraban de temblar. Jadiel había ido hacia el piso de abajo a calmar un poco a su abuelo paterno, puesto que este no tenía buena pinta de tenerlos ahí a todos ellos, y no le echaba la culpa en ese aspecto.

—¿Mamá? —Leyna abrió la puerta después de al menos tres intentos—. Ya suéltame —le ordenó a Demyan—. ¡Mamá!

—No me digas que no alcanzas el picaporte. —Nadja terminó de arreglar su cabello—. ¿Tan pequeña eres?

—El señor dijo que no eres muy grande, así que mi tamaño se debe a ti —Leyna respondió de regreso y Nadja enarcó una ceja—. Vinimos a buscarte —continuó caminando hacia ella. Bebé y Vulk entraron también—. Mi habitación es muy grande. Me encanta.

—¿Te encanta? —se sentó en la cama y su hija asintió—. Me alegra escuchar eso —sonrió y miró a su hijo—. ¿A ti te gusta tu habitación, cariño?

—Sí, mamá —Demyan caminó hacia ella—. Tiene una vista hermosa y me ayuda a dormir.

—Sí, es bonito ver el mar antes de dormir. —Nadja miró por la ventana—. Seguro que la siesta de descanso que tuvieron fue bonita y buena en eso.

—Sí, y ya tengo todas mis energías recargadas —Leyna levantó la manita—. Mi bebé y yo vamos a estar pendientes del abuelo Damon, porque ahora anda estreñido y tiene que quererme a mí.

—No fuerces algo que no es para ti, cariño. —Nadja rodó los ojos—. Vamos a...

—¿Ya van a bajar a cenar? —preguntó Jadiel entrando también a la habitación—. Nos están esperando.

—Sí...

—¿Nerviosa? —Jadiel hizo una mueca al ver a Bebé y Vulk en la habitación—. Espero que esos animales no salgan de aquí —sentenció—. Porque otro escándalo con el apellido Richter es lo que menos deseamos.

—Se portarán bien.

—Bajemos entonces. —Jadiel se hizo a un lado—. Mi familia nos espera.

—¿Todos?

—Todos...

Los niños salieron primero y ella tomó la mano que Jadiel le extendía para darle un poco de tranquilidad. La sala, la cocina y el comedor estaban vacíos, pero cuando salieron al jardín, había una enorme mesa con los miembros de la familia a su alrededor, ya que algunos estaban sentados y otros de pie charlando entre ellos.

—¿Son un lobo y un tigre? —preguntó alguien.

—Sí, así es —respondió Damon—. Buenas noches.

—¿Son Volya y Tasya? —preguntó otro.

—No, son sus hijos —Jadiel respondió tranquilo.

—¿No están muy viejas para parir?

—¿Y tú no eres muy viejo para preguntar lo obvio?

—Bueno, pasemos a la mesa —Carmen se aclaró la garganta—. Jasha todavía no puede venir a cenar con nosotros porque está recién con dos bebés en su vida —continuó—. Vamos a sentarnos, por favor.

Jadiel ayudó a Leyna a sentarse primero, seguido de Demyan, y le sacó la silla a Nadja para que de igual modo se sentara. La mesa era enorme y solo se usaba en grandes cenas así de vez en cuando; sin embargo, era guardada con mucha seguridad en una de las casas, porque tenerla ahí era un desgaste.

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora