Capítulo 77

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«Una pequeña de ojos bicolor despertó después de sentir el fuerte golpe del auto de sus padres al ser embestido por alguien más. Aunque estaba con el cinturón de seguridad colocado, su bracito le dolía mucho y quería llorar, porque sus papás no le hablaban para decirle que todo estaba bien.

Mami, despierta, por favor. —Nadja tocó el cabello de su mamá, la cual estaba con sangre en la boca—. Mami... —La pequeña se giró hacia su padre, el cual tenía los ojos abiertos y con algo saliendo de su cuello—. Papi...

—Nadja —su madre la llamó—. Amor, respira —pidió ella—. Mamá está aquí...

—¿Por qué papá no me habla? —preguntó la pequeña—. ¿Está bien?

—Papá solo está descansando —la voz de su madre se apagó al ver a su esposo—. Vamos a...

El sonido de pasos a su alrededor se escuchó y algunas sombras se instalaron en su campo de visión. Escuchó cómo algunos hombres hablaban en un idioma que ella no entendía bien a su corta edad, pero que al parecer su madre comprendió todo. Estaban a un lado de la carretera, con la nieve tapando el auto, el cual parecía no tener mucho tiempo de haber chocado, pero que ella se había dormido.

—La niña es hermosa —dijo alguien agachándose—. Hola, pequeña.

—Mami...

—Shh —su madre la calmó—. Por favor, señores... yo...

—Tranquila —otro sujeto abrió la puerta de su madre—. No me interesas tú, realmente —sonrió un poco—. Aunque, como quedaste con vida y también tu hija, nuestro jefe podrá hacer algo contigo.

Sacaron a su madre de un tirón y Nadja pudo ver que su pierna no estaba en la misma posición de antes. Comenzó a gritar que la soltaran en ese momento, pero parecían no escucharla.

—¡Papi! —gritó llamando a su padre, el cual continuaba inmóvil en el asiento del piloto—. ¡Ayuda a mami! ¡Papi!

—¡Cállate! —La fuerza con la que fue empujada hacia el suelo húmedo la dejó sin aire.

Quiso correr con su mami, pero alguien colocó su pie sobre su espalda, sacándole el aire por el peso que estaba ejerciendo.

—No maltrates a la niña —siseó el hombre y Nadja al fin pudo verle bien el rostro.

Era el mismo hombre que minutos atrás había estado hablando con sus padres. Este todavía tenía la misma ropa de antes, así que pudo reconocerlo. Hablaban en un idioma que no entendía, pero la forma en la que jaloneaban a su madre para que la dejaran ir le hizo llorar todavía más.

—Quiero a mi mamá —sollozó—. Mami...

—¡Suéltame! —gritó su madre—. ¡Por favor! ¡No le hagan nada a mi hija! —suplicó—. ¡Déjenla ir!

—Iremos a un lugar —el hombre habló en inglés—. Vamos a ver qué tanto pide tu madre...

—¿Conocen a mi madre? —preguntó ella sin poder creerlo.

—Sí, por supuesto —se agachó para verla—. Fue quien nos mandó a buscarte —metió su mano dentro de la blusa—. Solo que primero jugaremos un poco contigo.

—No, no... —La pequeña sollozó—. No le hagan daño a mi mamá, por favor.

Nadja escuchó los gritos de su madre cuando el hombre tomó su pierna fracturada y se la movió de una forma que jamás pensó que vería en toda su corta vida. Y el hombre que antes la tenía contra el piso la levantó agarrándola del cabello y arrastrándola lejos del cuerpo de su madre y el de su padre...»

El placer de corromperlaHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora