Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja observó a su pequeño dormitar con tanta calma, que le daba un poco de miedo molestarlo. Sin embargo, Zeus le había dicho que su hijo estaba reaccionando bien a los medicamentos y que no era necesario mantenerlo con una intravenosa todo el tiempo a menos que se le fuera a dar algún tipo de medicación. Su hijo tenía tres picaduras en sus bracitos debido a la intravenosa y ver que ahora esa mujer le había dicho que mejor le diera unos tés, por así decirlo, para calmar sus malestares, pues ya era lo mejor de lo mejor.
Leyna estaba sentada en el sofá junto a la ventana y, aunque no miraba a su hermano, sabía que su atención estaba en él.
—¿Ya estás mejor, mi amor? —preguntó hacia su hija—. Tu hermano duerme pacientemente.
—Estoy bien, mamá. —Leyna se subió a sus piernas y apoyó su mejilla en el pecho de la misma—. ¿Sabes cuándo Demyan volverá a quererme? —hizo un puchero—. Ya no se siente bien que deje de hablarme por tanto tiempo.
—Tu hermano te sigue queriendo —paseó sus dedos por el cabello de su hija—. A lo mejor es un proceso un poco complicado, ya que tu hermano ha escuchado cosas y leído que el hombre es quien tiene que cuidar a la mujer.
—Pero la tía Jasha me dijo que estaba haciendo un buen trabajo al cuidar de mi hermano...
—Cariño, tu hermano solo necesita un poco de tiempo para poder estar tranquilo consigo mismo —acarició su mejilla—. Te aseguro que tu hermano estará feliz.
—Seguro dice que soy la culpable de todos sus males —murmuró.
Nadja negó con la cabeza e intentó explicarle con mucha calma que su hermano solo estaba triste y que tenían que hacer planes para irse las próximas semanas a visitar a la familia de Jadiel en Estados Unidos.
Zeus entró un buen rato más tarde para verificar la temperatura de su hija e indicar que su hijo no tendría que usar más una intravenosa por un buen tiempo gracias a los medicamentos.
—Mi hermano salió —Zeus informó—. Mis padres están en la ciudad y él fue a verlos —hizo una pequeña pausa—. Están en el penthouse.
—¿Qué? —Nadja se tensó—. ¿Cómo es que tus padres están en la ciudad?
—Sí, ellos están aquí actualmente y...
—¿Vienen hacia acá? —abrió mucho los ojos—. Tengo que irme.
—¿A dónde nos iremos, mamá? —preguntó Leyna desde su asiento—. Estamos bien aquí.
—Nadja, cálmate. —Zeus no se movió de su lugar—. Mis padres son muy buenos y no te harán absolutamente nada...
—Es que no entiendes. —Ella negó con la cabeza varias veces—. Tengo que irme de aquí ahora.
—Pero...
—Por favor, solo quiero llevarme a mi hijo a otra habitación y es todo.
Zeus se le quedó mirando unos segundos, antes de entender a qué se estaba refiriendo. Después de lo que pasó la última vez con su familia, entendía su postura en cierto modo. Asintió tomando al pequeño dormilón en sus brazos con cuidado y le indicó que tomara los medicamentos de Demyan para llevarlos al piso de abajo. Se encontró con Natacha y negó con la cabeza para que no hiciera preguntas.