Ella nunca había sido de las personas que insultan; mucho menos era de quienes dejaban ver su frustración a otros en ciertos momentos de su vida. A decir verdad, amaba todo lo que hacía, pero en ese preciso momento, detestaba de sobremanera. Esa chica, la que le brindó los medicamentos esa noche de lluvia, esa misma chica que se metió en una relación con Erik y ahora entendía una parte de todo, ya que no se imaginaba cómo alguien podía tener la mente tan podrida.
Nunca decía palabras obscenas, jamás dejaba ver su irritación con las personas y...
—¡Eres una perra! —Nadja gritó furiosa bajándose de la cama; sin embargo, antes de que pudiera llegar a la chica, sintió el peso de una cadena—. ¿Qué es esto?
—Es una hermosa cadena —el líder señaló—. Puedes moverte libremente por la habitación, pero si vuelves a decir otra palabra así...
—¡Vete a la misma mierda! —le gritó furiosa—. ¡Jadiel los matará a todos!
—Si es que nos encuentra —rio entre dientes—. Ella te hará compañía; sin embargo... —Hizo una pausa—. Vendrá otra persona a hacerte compañía en un rato... con ella sí que tienes más confianza.
—Si se acerca, la mato —amenazó—. Juro por Dios...
—No matarás. —El hombre levantó la mano—. No olvides nunca tus mandamientos.
—Usar la palabra de Dios para hacer el mal es un pecado y se paga con la muerte. —Nadja lo miró con odio—. No te perdonará y lo que le hicieron a mi hija tampoco. Es una niña y la hicieron de una forma tan cruel que espero que no salga nadie con vida.
—Ya lo veremos. —El líder rio y luego dirigió su vista hacia la chica—. Cuídala.
—Sí, señor.
—Si te acercas, te mato.
—Hemos hablado de esto, Nadja —el hombre negó con la cabeza—. Sabes lo que sucederá si continúas con las cosas así.
El hombre salió de la habitación y Nadja miró a la chica con más deseos de matarla. Por su culpa, su hija quedó malherida y no sabía si estaba viva, porque la ocultó bastante bien para que no fuera encontrada, salvo que ella se dejara ver por otra persona, o posiblemente estaba muriéndose en ese conducto, desangrándose.
—Por favor, tome un baño —pidió la chica—. El señor preparó esta habitación para ti —tenía la mirada agachada.
—¿Que me dé un baño? —Nadja apretó los puños—. ¿Tienes idea de lo que has hecho? —su respiración se volvió irregular—. ¡Haré que mi esposo te mate!
—No dude en llamarme si necesita algo más.
La chica literalmente se alejó de ella rápidamente en cuanto la vio acercarse con deseos de querer matarla. Examinó la habitación y era obvio que tenían cámaras en cualquier lado de la habitación; posiblemente estaban en puntos fijos donde apenas se verían las cosas. La cadena que tenía en el tobillo era un poco pesada, pero no tanto como para no dejarla caminar y en verdad apestaba.
Abrió las puertas y casi se ríe al encontrarse con ropa similar a la que usaban en el pueblo. Era un insulto a lo que ella intentaba eliminar de su mente, un insulto a todo lo que había logrado hacer en la vida y no podía creer siquiera que eso estuviera ocurriendo. Caminó por la habitación hasta que llegó al balcón y, por suerte, la cadena era lo suficientemente larga para permitirle llegar hasta el barandal. La casa estaba rodeada casi por completo de hombres con varias armas, tanto en las manos como en el cinturón, dando un indicio de que posiblemente estaban listos para una batalla.
Elevó la mirada al cielo, dándose cuenta de que el sol estaba en otro lado que no se parecía a Moscú. El aire se sentía diferente en cualquier aspecto, por lo que estaba segura de que ese hombre pensaba que la habían engañado al decirle que estaba en Rusia.
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El placer de corromperla
RomanceÉl no olvida, menos a un traidor. Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
