Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja se puso de cuclillas mientras les echaba agua a sus plantas, que al parecer se estaban acoplando bien a su nuevo ambiente. Eran algunas de temporada, mientras que las otras eran que únicamente nacían en una época específica del año, pero que Jadiel había hecho lo posible para que ese invernadero se sintiera como algo único y propio.
Una vez que terminó con lo que hacía, fue hacia su libro y se sentó con cuidado, sonriendo más de la cuenta cuando llegó a la página que quería desde hace tiempo. Los niños estaban teniendo su momento con Tatiana y ella podía disfrutar de la lectura antes de que Jadiel hiciera acto de presencia...
—Otra vez —Jadiel le quitó el libro—. Ya. Se acabó.
—Oye, no —se levantó del asiento—. Dame el libro, por favor.
—Te dije que tenías que prepararte para salir de viaje y estás perdiendo el tiempo...
—¿Qué dijiste? —ella frunció el ceño—. ¿Cuándo pasó?
—Ya me acordé de que no lees los mensajes...
—Lo lamento —Nadja murmuró—. No los leí... no escuché cuando los enviaste —jugó con sus dedos.
—Vi cuando pusiste tu celular en no molestar —Jadiel se inclinó hacia ella—. Aparte del botón rojo de colgar, ahora usas la media luna para poner el celular en modo no molestar muy a menudo —entrecerró los ojos—. ¿Estás nerviosa de ir con mis abuelos?
—No es eso...
—Nadja... últimamente hablas muchas mentiras. —Jadiel puso dos dedos en su mentón—. Le caíste bien a mis padres, a mi hermana y a mi hermano... Mis abuelos son un poco complicados, pero no son malas personas —le aclaró—. Verás que sí les caerás muy bien a todos.
—¿Estás seguro de eso?
—Sí, ahora, tranquilízate un poco, por favor.
—Está bien... —Ella lo abrazó por la cintura—. Te ves bonito pidiendo, por favor.
—Créeme cuando te digo que a mi familia no le gusta decir esa palabra —respondió su abrazo—. Nos tenemos que ir, al menos, para llegar a la hora del atardecer.
—Leí que son casi veinticuatro horas de vuelo...
—Lo son, pero recuerda que tu esposo ya tiene su avión privado y llegaremos en menos de doce horas sin escalas —él besó su frente—. Vamos.
Nadja tenía los hombros hundidos, ya que iría a otro país con personas que no hablaban su idioma y que ella no había tenido tiempo ni de aprender en los últimos días. Se iba a quedar un personal cuidando de su invernadero en los días que ella no estuviera ahí, por lo que su jardín y el resto del exterior de la casa quedarían en buenas manos. Para su buena suerte, Anika se tomaría unos días de vacaciones antes de sus exámenes mensuales, por lo que estaba segura de que se quedaría bien.