Él no olvida, menos a un traidor.
Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
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Nadja tomó la taza de té que le brindaba uno de los guardias y fue solo porque Erik le dijo que podía confiar en él, porque ella por sí sola no lo haría. Esa gente, desde que la vieron llegar hace meses a esa casa, la trataba horrible, la miraba por encima del hombro y solo mostraba respeto fingido cuando Jadiel estaba cerca o Erik.
Las heridas de Jadiel fueron curadas, y aunque ella todavía usaba el vestido morado sucio al igual que el calzado, el personal médico también curó sus rasguños; sin embargo, ella pudo ver el rostro de pánico al ver sus cicatrices y eso le dio pena. El maquillaje que cubría su cuerpo fue removido casi en su totalidad y la vergüenza no se hizo esperar en ningún momento. Ni siquiera porque Jadiel estaba a su lado.
Se sintió tal cual en el spa hace unos meses cuando esas chicas la depilaron, dieron masajes y ayudaron con su cabello. Todo en ella era tan complicado...
—¿No quieres irte a cambiar? —le preguntó Jadiel con una mano alzada por el doctor, ya que le estaba colocando una venda temporal—. Voy a quedarme aquí.
—No te preocupes. —Nadja negó con la cabeza—. Me iré cuando tú lo hagas.
—Apenas has ido al baño —suspiró el mafioso—. Ve a descansar...
—Te dije que no, déjalo estar.
Jadiel asintió y esperó a que le dieran los calmantes antes de bajarse de la cama. Habían pasado algunas horas desde que ingresaron ahí, que no habían tenido tiempo de ir a la casa a ver cómo estaban sus hijos y, realmente, su cabeza estaba hecha un lío con lo que pasó hace unas horas.
—Salgan —ordenó el mafioso a todo el personal cuando terminó—. Ahora.
Todos salieron con un asentimiento y cerraron la puerta detrás de ellos. Nadja subió la mirada hacia el hombre que estaba observándola como si fuera alguien desconocido para él y más con justa razón después de que desvivido a un grupo de personas sin su ayuda.
—¿De dónde conoces al hombre que habló contigo? —fue directamente al grano—. Sabe mucho más de ti que yo...
—No sé de dónde lo conozco y no puedo reconocerlo porque llevaba una máscara. —Pasó un trago duro al verlo así de enojado—. Te juro que no lo había visto nunca en mi vida; al menos, no lo recuerdo.
—Bien —Jadiel se plantó frente a ella—. Te creo.
—¿Qué?
—Te estoy diciendo que te creo —Jadiel repitió en un tono más calmado—. Sé que hay cosas de tu vida que no recuerdas; sin embargo, hay algo que impide que no sepas o recuerdes lo que sucedió antes de que llegaras al pueblo.
—Tenía tres años... no es algo que tenga que recordar —frunció el ceño—. No sé...
—Sé que tu nivel de inteligencia es bastante alto y que se lo heredaste a tus hijos. —Jadiel se inclinó un poco hacia Nadja—. Yo sí recuerdo gran parte de mi vida a los tres años y es gracias a ese don, por lo que si tú no lo recuerdas, es porque fue un evento traumático y durante los meses que tienes viviendo en esta propiedad, nunca has mencionado a tus padres.