Abrió la boca para decirle lo que tenía en mente, pero nada salía en lo más mínimo. Sus manos se movieron de un lado a otro tratando de decirle algo, pero ni siquiera eso podía. La decoración era tan perfecta que parecía ser un sueño hecho realidad.
Las luces en forma de loto sagrado en el agua, el letrero con las mismas flores y la decoración a su alrededor. Negó con la cabeza varias veces tratando de quitarse las lágrimas que no paraban de bajar y que estaban arruinando su maquillaje, pero era una completa odisea para ella.
—¿No te quieres casar conmigo? —Jadiel cambió su expresión a una que no podía creerlo—. ¿Es eso?
Ella negó con la cabeza e intentó volver a hablar, pero nada salía.
—Lo siento, seguro querías otra cosa y yo hice esto... —Él se puso de pie—. ¿Estás bien? —Nadja negó con la cabeza—. ¿Te duele algo? ¿Tienes el periodo? —volvió a negar—. ¿Entonces?
Nadja se llevó una mano al pecho y respiró hondo varias veces antes de estirar su mano para que él pusiera el anillo. Se aclaró la garganta en busca de que al fin le saliera la voz.
—Sí, sí me quiero casar contigo —su voz sonó como si fuera un murmullo lejano—. Es que me encantó todo.
Jadiel se relajó ante eso y le puso el anillo con cuidado y era justamente su medida. La piedra en forma de loto sagrado que él mismo había hecho con cuidado y con el diseño alrededor del de metal que le hacía ver tan único en su clase.
—Es hermoso... —Hizo un puchero y quería ponerse a llorar otra vez—. Quiero llorar...
Jadiel la tomó por las mejillas y la besó. Aunque las luces de la casa se encendieron en cuanto sus labios se unieron, él la rodeó con su brazo y con la mano libre acarició su mejilla. Ella lo abrazó mientras correspondía el beso con el mismo ritmo que él imponía, porque tanto tiempo esperando ese momento y los nervios le habían ganado los nervios.
Sin embargo, aunque Jadiel quería quedarse solo con ella en esa playa, frente a la casa de su hermana, omitiendo el hecho de que estaba invadiendo propiedad privada, porque él nunca quiso quedarse con ese lugar, debía tener en cuenta que más de veinte personas lo estaban mirando...
—Podemos escaparnos ahora que podemos y...
Las luces de la casa se encendieron antes de que pudiera terminar la oración, ya que todos estaban esperando por segundos, literalmente hablando, que él le diera el dichoso anillo a Nadja para poder salir de la casa.
—¡Al fin ya tengo una nuera! —gritó Dasha saliendo de la casa—. ¡Y dos nietos más!
—Mamá... —Jasha la llamó, pero era tarde; su madre fue la primera en salir de la casa—. Está loca.
—Mira quién lo dice. —Jedward le dio un beso en la sien a su hija—. No tiene nada de lo que tú no tengas, cariño.
Jasha hizo un puchero y vio cómo poco a poco su familia iba saliendo de su hogar. Kadir le ayudó a ponerse el pañuelo en la cabeza para que saliera de la casa. Sus hijas estaban durmiendo en sus cunas, por lo que si lloraban, se daría cuenta.
Nadja recibió las felicitaciones muy contenta, manteniendo distancia con algunos, porque no los conocía y no quería ser una persona con mala educación.
—Ay, mamá —Leyna tomó su mano—. Ahora sí te vas a casar de verdad.
—¿Eh?
—Pues ya no se van a decir esposo y esposa de... —comenzó a decir; sin embargo, Jadiel le tapó la boca con la mano.
—No le hagan caso, está loca —masculló.
—Ay, cariño —Dasha apartó a su hija de golpe y se interpuso en el medio—. Es que mi hijo supo amarrarte bien ahora, aunque creo que fue al revés porque le trajiste dos cositas bonitas.
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El placer de corromperla
RomanceÉl no olvida, menos a un traidor. Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
