Sus manos estaban sudando bastante, pero desde que Jadiel le dijo que tenían que regresar de inmediato a UTAH para llevarse a Demyan hacia Minnesota porque Lys encontró una cura. Había estado orando todos los días para que su pequeño no tuviera que pasar por ninguna cirugía ante todo pronóstico y, aunque le hubiese gustado pasar más tiempo en ese país, era el momento de regresar y afrontar lo que se avecinaba.
—¿Nerviosa? —Jadiel tomó su mano—. Le harán unos estudios; luego será el procedimiento.
—Sí, estoy un poco nerviosa, es todo —asintió—. Es que no pensé que fuera a hacerse tan deprisa.
—Mi hermano Zeus me hizo el favor antes de marcharse a Minnesota de hacerle unos estudios rápidos a Demyan —confesó él y Nadja frunció el ceño—. Fue después de irnos a nuestra luna de miel —le aclaró—. Necesitaba saber si el tratamiento que se le puso hace un tiempo era efectivo, así que sí, no te lo dije.
—Haces muchas cosas que no me dices y en ocasiones me siento mal por eso. —Ella quitó su mano lentamente—. Ni sabía que le pediste esa clase de favor a tu hermano en primer lugar.
—No quería preocuparte. —Jadiel volvió a tomarle la mano y entrelazó sus dedos—. Ya estamos en Estados Unidos, y aunque yo tengo que regresar a Moscú pronto, sé que estarás segura.
—¿Nos dejarás solos?
—Hay algunos trabajos que tengo que hacer, pero no será por mucho tiempo —prometió—. Es muy importante que yo me esté moviendo de un lado a otro cada cierto tiempo.
—Está bien, creo que entiendo esa parte —ella respiró hondo—. Es que apenas nos acabamos de casar y se me olvidaba una parte de tu día a día.
—Hey, no te pongas triste, que de todos modos tendrás mis llamadas. —Él besó sus labios varias veces—. Y así tu esposo te comprará muchas plantas en cualquier país que vaya.
—Eso es chantaje —Nadja hizo un puchero—. ¿Me comprarás de diferentes colores?
—Sí, señora —sintió que los dedos del mafioso se introducían en su cabello con sutileza—. Traeré siempre tu color favorito y luego otros más.
—Espero que mi invernadero esté muy bien, porque no quiero ni imaginar el desastre que se está formando allá sin mi cuidado —sentenció ella—. Mis hijos, mis plantas y mis libros son lo más preciado que tengo.
—¿Y yo qué soy, tu esposo?
—Sigues ganándote puntos por serlo. —Ella le dio un pico en los labios y él la miró serio—. Es una broma, esposo —rio entre dientes—. Eres el número dos... pero no me pongas a elegir entre los libros y tú; saldrás perdiendo.
—Contigo siempre salgo perdiendo en cada momento —rodó los ojos—. Uno nunca sabe qué cosas dirás.
—Es que, como te seguía diciendo, eres muy guapo —se sentó en su regazo—. Un esposo tan hermoso, un hombre que me consiente en todo, es algo que no se ve todos los días y lo sabes.
—Lo sé. —Jadiel la abrazó por la cintura y ella recostó su mejilla con cuidado—. Siento que algo malo pasará en cualquier momento y no sé cómo sentirme al respecto de todo esto.
—Las cosas se pondrán mucho mejor, descuida —Jadiel trató de calmarla—. No siempre tendremos malos o buenos momentos —le dijo—. Las cosas pasan por una razón, puesto que ahora somos dos bellos y hermosos esposos que se aman más que cualquier cosa en la vida.
—Oh, ¿me amas? —Jadiel sonrió de oreja a oreja y quizás fue por sus mejillas que se pusieron rojas—. Mira qué fácil te salió esa palabra.
—Yo no dije nada de eso —ocultó su rostro con cuidado—. No sé de dónde sacaste tal cosa.
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El placer de corromperla
RomanceÉl no olvida, menos a un traidor. Sin embargo, las deudas se pagan y más aún cuando llega a ese pueblo abandonado por Dios y se encuentra algo más que un traidor que se hace pasar un padre y a una mujer despreciada por todos y que está dispuesta a...
