Anna
Habían pasado dos meses desde el bautismo y la vida era una marea constante de leche, pañales y falta de sueño. Si no fuera por la ayuda de Anne y Maura, que se ofrecieron a cuidar a Ed y a las mellizas durante un fin de semana, la pasión habría quedado sepultada bajo un montón de ropa sucia.
Harry fue el artífice de la fuga. Había alquilado una suite penthouse con piscina privada y vistas al mar en un complejo de lujo. El objetivo era claro: recordar quiénes éramos sin la interrupción constante de la paternidad.
Al entrar, la suite era un santuario de silencio y lujo. La primera cosa que hicimos fue desvestirnos en el vestíbulo y meternos en la piscina. La sensación del agua tibia sobre mi cuerpo cansado fue una revelación.
—No sé si quiero tener sexo o dormir durante 48 horas seguidas —susurré, flotando entre los dos.
—Ambos son vitales, querida —respondió Niall, atrayéndome hacia su pecho y besando mi cuello con una intensidad que hizo vibrar mis nervios dormidos.
Harry se colocó frente a mí, su mirada verde encendida por la urgencia. —Empecemos con la reconexión. Sin presiones, sin horarios. Solo nosotros tres.
***
Nuestra primera noche fue un redescubrimiento. En lugar de la vorágine de la lujuria que solíamos practicar, fue un encuentro lento, casi ceremonial.
Nos tumbamos en la cama king-size. Harry se dedicó a masajear mis pies y piernas, aliviando la tensión acumulada de cargar a dos bebés. Niall se encargó de la parte superior, besando mis hombros, mi cuello y, con una reverencia, mis pechos, aún hinchados y sensibles por la lactancia.
—Tienen el sabor del milagro —murmuró Niall, probando la dulzura de la leche antes de que yo pudiera detenerlo.
El contacto de su boca sobre mis pechos, esta vez por puro deseo y no por necesidad de alimentación, me envió una descarga de placer que se sintió aún más potente que antes del embarazo. Cerré los ojos, gimiendo.
Harry, al ver mi reacción, se acercó. Sabía que la clave para reavivar mi deseo era a través del erotismo de mi cuerpo de madre. Se colocó sobre mí, y con sus manos habilidosas, comenzó a estimular mi clítoris con una lentitud exasperante.
—Te hemos extrañado, Anna —suspiró Harry. —Hemos extrañado hacer esto.
Cuando finalmente estuvimos listos para la penetración, no hubo debate. Necesitábamos sentir la unidad completa. Harry se hundió en mi vagina, y Niall se colocó detrás de Harry, sujetando su cintura para guiar el ritmo.
El sexo no fue salvaje, sino profundo, rítmico, y totalmente íntimo. No buscábamos un clímax rápido, sino la sensación prolongada de ser una sola criatura de tres cuerpos. Niall susurraba palabras de amor en el oído de Harry, mientras Harry me susurraba a mí, creando una cadena de afecto y deseo que era el motor de nuestra triada.
***
Al día siguiente, después de dormir diez horas ininterrumpidas (un lujo casi inimaginable), desperté con una energía renovada. La pasión continuó, esta vez con la ferocidad contenida que nos caracterizaba.
El espejo de cuerpo entero en la suite fue testigo de la reconquista. Los miré a ambos mientras me penetraban: Harry por delante, sosteniendo mi cuerpo, y Niall por detrás, sus caderas impulsándose contra mis nalgas.
—¡Mírennos! —grité. —Somos invencibles.
Nos turnamos, exploramos, y finalmente, nos permitimos el lujo de la eyaculación múltiple sin preocuparnos por el ruido o las sábanas. Fue un acto de purificación sexual.
Una vez que mi placer fue atendido y yo me sentía saciada, me acurruqué en la cama, envuelta en las sábanas. Era el turno de ellos. Ver a mis dos hombres, en su propio mundo de deseo, era una parte esencial de la triada, una visión que me encendía de una manera diferente.
Harry y Niall se miraron, la misma chispa de urgencia y amor en sus ojos. Se arrodillaron en el suelo, frente al espejo de cuerpo entero. Niall se dedicó primero a la boca de Harry, un beso largo y hambriento que prometía lo que venía. Luego, con una reverencia íntima, tomó el pene de Harry en su boca, succionando con una maestría que sabía que Harry adoraba.
Harry se arqueó, sus manos agarrando el pelo de Niall, la cabeza echada hacia atrás en un gemido. Yo los observé, sintiendo el calor expandirse por mi vientre. Era un honor presenciar esa intimidad tan suya.
—Ahora, tu turno, cariño —dijo Harry, su voz áspera por la excitación, empujando suavemente a Niall.
Niall se recostó en el suelo, exponiéndose. Harry no lo dudó. Se arrodilló entre las piernas de Niall, y tomó el miembro de su esposo en su boca, lamiendo y succionando con la misma devoción que Niall le había mostrado. Era una ofrenda mutua, una danza de poder y entrega.
Los gemidos de Niall llenaron la habitación. Se arqueó, temblando, y Harry lo sostuvo hasta que se corrió. Luego, fue el turno de Harry, quien, una vez más, encontró el clímax con la ayuda de Niall, sus cuerpos entrelazados en una masa de piel sudorosa.
Al caer la noche, después de la segunda y extenuante sesión, estábamos tumbados en la terraza, viendo el atardecer.
—Creo que hemos logrado recargar las baterías —dijo Niall, sonriendo con satisfacción.
Harry me acarició el vientre, ahora más plano pero aún suave. —Esto es lo que nos mantiene a flote, Anna. Recordar que somos más que padres. Somos esto.
—Y en dos días, volvemos a los pañales —dije, riendo.
—Volvemos a los pañales —confirmó Harry—, pero volvemos con un secreto. Volvemos sabiendo que en esta suite, por un fin de semana, solo éramos Anna, Harry y Niall, sin apellidos y sin bebés.
El fin de semana fue nuestra reafirmación de que, sin importar cuántos hijos tuviéramos o qué tan complicada fuera nuestra estructura familiar, el deseo entre los tres sería el fuego que mantendría el hogar caliente.
¡Bonus! Capítulo extra por el día de hoy. Espero que les guste. 😉
¡¡!Déjenme sus comentarios!!!
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
