La frialdad de Harry se intensificó con el tiempo. Anna era una enfermera excepcional, su competencia era innegable, pero Harry buscaba constantemente el error, una grieta en su armadura profesional para justificar su resentimiento.
Una mañana, durante una cirugía compleja, Anna anticipó correctamente una caída de presión arterial del paciente y actuó con rapidez, estabilizándolo antes de que Harry pudiera notarlo en el monitor.
Al finalizar la cirugía, en lugar de recibir una felicitación o un simple reconocimiento, Harry la detuvo en la sala de descontaminación.
“Enfermera,” dijo Harry, quitándose la mascarilla, con el rostro duro. “Su respuesta fue adecuada, pero rozó la insubordinación. Recuerde que el control de la presión es mi responsabilidad. No necesito que adivine mis órdenes. Podría haber sido un error grave, como lo fue su…” Se detuvo, incapaz de decir la palabra "negligencia", pero la intención era clara.
Anna sintió que algo se rompía dentro de ella. Había arriesgado su salud, había perdido a su primo y había sido acusada injustamente. Había permitido que el dolor de Harry la destrozara por respeto a su duelo. Pero esa última acusación, que minimizaba su profesionalismo para herirla, era la gota que colmaba el vaso.
El deseo por Harry se sintió sucio y la injusticia, insoportable.
***
Esa tarde, Anna se sentó en el comedor del personal, sintiendo un agotamiento que iba más allá del turno. Se dio cuenta de que su bienestar, su recuperación física y emocional, y su futuro profesional dependían de cortar ese lazo tóxico. Harry no iba a cambiar su opinión, y ella no podía seguir absorbiendo su odio.
Tomó su teléfono y escribió una carta formal, clara y concisa.
Asunto: Solicitud de Licencia y Traslado a Largo Plazo.
En la carta, citó "razones de salud personal y la necesidad de un ambiente de trabajo libre de estrés emocional" como causa de su baja inmediata y su posterior solicitud de traslado a un hospital afiliado en otra región.
Anna caminó directamente a la oficina de la Jefa de Enfermería y entregó la carta.
“Necesito que esto se procese con urgencia,” dijo Anna, su voz temblaba ligeramente, pero sus ojos eran firmes. “Es por mi salud, y es innegociable.”
La Jefa de Enfermería, que conocía vagamente el rumor de la conexión de Anna con el Dr. Styles y el misterio de la muerte de Niall, asintió con comprensión y respeto.
***
Anna no quería confrontar a Harry, pero la ética le exigía notificar a los cirujanos con los que trabajaba sobre su salida. Ella esperó cerca de la salida, y justo cuando Harry salía de una reunión, lo interceptó en el pasillo.
Harry, al verla, frunció el ceño, listo para otra reprimenda.
“Dr. Styles, tengo que informarle que he solicitado una licencia médica de largo plazo con un posterior traslado a otro hospital. Mi último día será mañana,” anunció Anna, manteniendo una distancia respetuosa.
Harry se quedó paralizado. Su arma de control, el constante juicio, le había sido arrebatada. Su rostro se descompuso, pasando del desprecio a una sorpresa genuina.
“¿Una baja? ¿Un traslado? ¿Por qué?” preguntó Harry, su voz revelaba una inesperada dosis de pánico. El fantasma de Niall se agitó en su mente; sin Anna cerca, la culpa no tenía un lugar donde proyectarse.
Anna no le dio la oportunidad de culparla, ni de preguntar por los detalles de su propia salud.
“Es una decisión personal y profesional, Dr. Styles. Le deseo lo mejor en su carrera. Adiós.”
Anna se dio la vuelta y se fue, sin mirar atrás. Ella sabía que, al irse, no solo huía de la injusticia, sino que también huía del deseo prohibido que aún sentía por él. Harry, por primera vez desde que se conocieron, se quedó solo en el pasillo, sin palabras, preguntándose si había perdido algo más que una enfermera.
***
La renuncia de Anna golpeó a Harry con una fuerza que no esperaba. El pasillo se sentía demasiado silencioso, el quirófano vacío, incluso con otra enfermera competente en el lugar. La partida de Anna no solo significó la pérdida de una colaboradora excepcional, sino la desaparición de su ancla de dolor.
Sin Anna a quien culpar, el resentimiento de Harry no tenía dónde ir, y comenzó a volverse contra sí mismo.
Comenzó a revivir la noche de la muerte de Niall. Recordó la escena: la llegada de los paramédicos, el caos, y la imagen de Anna desmayada en el pasillo. Siempre había asumido que el shock del evento la había vencido. Pero ahora, con el recuerdo del agotamiento que Anna había mostrado en el hospital y su urgente necesidad de una "licencia médica", la narrativa se resquebrajó.
¿Y si ella también estaba enferma? ¿Y si falló porque también estaba luchando?
Harry sintió una oleada de vergüenza. Él había usado su dolor como una excusa para la crueldad, sin molestarse en preguntarle una sola vez qué había pasado. Había condenado a la prima de su difunto esposo, a la mujer que había amado a Niall tanto como él, sin un juicio justo.
***
Días después de la partida de Anna, Harry estaba empacando algunas de las pertenencias de Niall que aún guardaba en la casa, decidiendo finalmente qué donar. Encontró una caja de documentos antiguos y, en el fondo, una carpeta con el logo de un centro médico.
Eran registros médicos. De Anna.
La fecha del informe de alta hospitalaria de Anna era la misma semana de la muerte de Niall. El diagnóstico era claro: agotamiento extremo, deshidratación severa y un cuadro de infección grave que casi resulta en fallo orgánico. Los informes señalaban que ella había estado ignorando sus propios síntomas durante semanas.
Harry dejó caer la carpeta. El mundo giró. Ella no había sido negligente. Ella había colapsado. Literalmente. Y en lugar de socorrerla, él la había condenado y continuado torturándola profesionalmente.
La culpa fue un golpe físico. El odio que había sentido se transformó en una abrumadora necesidad de disculpa y reparación.
***
Harry inmediatamente buscó la nueva dirección de Anna. Utilizó sus contactos en administración del hospital y, aunque la información era confidencial, su desesperación lo hizo cruzar límites. Finalmente, obtuvo el nombre del hospital afiliado en el que Anna había sido trasladada: una pequeña instalación a tres horas de la ciudad.
Esa misma tarde, Harry canceló todas sus cirugías. No podía esperar. Tenía que verla, mirarla a los ojos y confesarlo todo.
La desesperación de Harry no era solo por la culpa, sino por la repentina conciencia de que, bajo toda esa capa de resentimiento y juicio, se había forjado una tensión con Anna que se parecía peligrosamente a la atracción. La forma en que ella lo había desafiado en la sala de descontaminación, la calma con la que había aceptado su injusticia... él la había notado.
Harry condujo las tres horas, el remordimiento era un nudo en su estómago.
***
Harry llegó al pequeño hospital. El ambiente era tranquilo, casi bucólico, muy diferente a la intensidad de la ciudad.
Harry preguntó por la Enfermera Anna en la recepción.
"¿Anna? Sí, trabaja en la sala de Pediatría. Pero no está en turno ahora," informó la recepcionista.
Harry esperó. Cuando Anna apareció, no llevaba el uniforme quirúrgico austero; llevaba ropa casual, se veía más relajada, más sana. Al verlo, su rostro se convirtió en piedra.
“Harry. ¿Qué haces aquí?” preguntó Anna, su voz carecía de la sumisión que había mostrado en el quirófano.
Harry se acercó. La distancia era el único lugar seguro, pero él no buscaba seguridad.
“Vine a hablar contigo, Anna. Vine a disculparme. Encontré tus registros médicos. La noche que Niall murió… tú también estabas luchando. Y yo te condené sin preguntar. Fui cruel, fui injusto, y lo siento. De verdad lo siento.”
Anna lo miró, y aunque sus ojos se llenaron de lágrimas al escuchar la verdad reconocida después de tanto tiempo, se mantuvo firme.
“Llegas tarde, Harry. Muy tarde. Pasaste un año completo usando mi dolor para aliviar el tuyo. No me diste el beneficio de la duda, ni siquiera por respeto a Niall.”
Harry sintió la verdad de sus palabras como un corte. “Lo sé. Pero por favor, no te vayas. No te vayas sin permitirme empezar a reparar esto. He perdido a Niall y, al culparte, casi te pierdo a ti también.”
Anna sintió una punzada de esperanza y el viejo deseo, pero la herida era demasiado profunda. Ella ya había empezado a sanar en su nuevo ambiente.
“Ya me fui, Harry,” dijo Anna con un suspiro. “Y estoy sanando. Y para sanar, necesito estar lejos de las personas que me recuerdan la peor noche de mi vida. Espero que puedas encontrar la paz con tu dolor. Pero ya no será a mi costa.”
Anna se dio la vuelta, dejándolo de pie en el vestíbulo del hospital rural, con la verdad en sus manos y el arrepentimiento en su corazón. Harry había encontrado su camino hacia la verdad, pero Anna había cerrado la puerta para protegerse de un amor que venía envuelto en el dolor más profundo.
Holaaaaa. Nueva entrega. ¿Qué les parece la historia? Me parece muy interesante a mí, por eso subí la segunda parte rápidamente.
A. S.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
