La convivencia en la casa se convirtió rápidamente en un campo de batalla silencioso. Mientras que Harry era una tormenta de culpa y confusión, Niall era el sol.
Niall se encargaba de las curaciones de Anna, de llevarle libros a la cama y de prepararle desayunos que siempre incluían una nota graciosa. Para él, Anna era un misterio delicado que quería proteger; para ella, Niall era el primer lugar seguro que conocía en años.
***
Una tarde, Harry regresó antes del trabajo y encontró a Niall sentado en el suelo junto al sofá donde Anna descansaba. Niall le estaba tocando una melodía suave en la guitarra, y ella reía con una luz en los ojos que Harry nunca le había visto. La complicidad era evidente.
Los celos, una emoción que Harry no sabía cómo procesar, estallaron en su pecho como veneno.
—Veo que estás muy cómoda, Anna —soltó Harry, cerrando la puerta con un golpe seco. La risa se cortó al instante—. Niall, ¿no tienes nada mejor que hacer que perder el tiempo con la "invitada"?
—Solo la estoy animando, Harry. No seas así —respondió Niall, frunciendo el ceño.
—Claro, la estás animando. Y ella está encantada de tener a otro hombre a sus pies, ¿no? —Harry se acercó a Anna, su mirada volviéndose gélida como en el cementerio—. Al final mi madrastra tenía razón: siempre necesitas a alguien que te mantenga. Primero Julian, ahora intentas enredar a mi mejor amigo.
***
Anna sintió como si le hubieran dado una bofetada. El progreso de las últimas semanas, las disculpas de Harry, todo se desvaneció.
—No estoy enredando a nadie —susurró Anna, con la voz quebrada—. Solo estaba siendo amable.
—La amabilidad en tu boca siempre parece tener un precio —escupió Harry, herido por sus propios celos y proyectando su inseguridad—. Disfruta la cena, si es que Niall no se cansa de servirte.
Harry subió las escaleras dejando tras de sí un silencio sepulcral. Niall intentó consolarla, pero Anna le pidió que la dejara sola. Comprendió que, sin importar cuánto intentara demostrar su valor, para Harry siempre sería la mujer que buscaba algo a cambio.
***
Esa misma noche, impulsada por la humillación, Anna tomó una decisión. Con la pierna aún débil pero ya sin el yeso pesado (solo una bota ortopédica que había comprado con sus últimos centavos), esperó a que todos durmieran.
Empacó su escasa ropa en una mochila vieja. Dejó una nota sobre la mesa, pero no para Harry, sino para Niall y la pequeña Gemma: "Gracias por la bondad. No puedo quedarme donde no soy bienvenida".
Cojera tras cojera, salió a la oscuridad de la madrugada. No tenía un plan, solo el nombre de un almacén de suministros en un pueblo a dos horas de distancia donde un antiguo conocido de Julian trabajaba.
***
Anna terminó en una pensión polvorienta sobre un local de repuestos de autos. El trabajo en el almacén era duro: inventariar piezas metálicas bajo una luz fluorescente que le daba migrañas. Su pierna le recordaba su imprudencia con un dolor punzante cada noche, pero el silencio de su soledad era mejor que el desprecio de Harry.
Sin embargo, el destino no la dejaría esconderse por mucho tiempo.
Una tarde, mientras ella anotaba pedidos en el mostrador, la puerta del almacén se abrió violentamente. No era un cliente. Era Harry, con el cabello revuelto y la respiración agitada, seguido de cerca por un Niall que parecía haber estado buscándola por todo el país.
Harry se quedó paralizado al verla: estaba más delgada, con ojeras profundas y moviendo cajas que claramente superaban su fuerza física.
—Anna... —dijo Harry, su voz rompiéndose—. Por favor, deja eso.
—No tengo que dejar nada —respondió ella sin mirarlo, su voz fría como el acero—. Este es mi trabajo. Aquí nadie me acusa de buscar plata, porque aquí no hay ninguna. Váyanse.
Segunda parte. Ya me dirán qué les parece la historia.
A. S.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
