Doctor Styles V

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Anna se despertó al amanecer en los brazos de Harry, sobre la alfombra del salón de actos del Faro de Niall. La luz suave se filtraba por las ventanas, iluminando el caos de la ropa esparcida y la belleza de la rendición. El cuerpo de Harry era un ancla caliente y seguro.
El miedo al remordimiento no llegó. En su lugar, había una profunda serenidad. No se habían traicionado; se habían sanado mutuamente.
“Buenos días,” susurró Harry, su voz grave por el sueño y la pasión. Abrió los ojos, y en ellos no había la sombra de Niall o la culpa, solo la pura felicidad de verla.
“Buenos días, Dr. Styles,” bromeó Anna, con una sonrisa genuina.
Se vistieron en silencio, cada movimiento lleno de una intimidad recién descubierta. La dinámica no era la de la amante secreta y el jefe, sino la de dos compañeros que habían sobrevivido a una guerra y se preparaban para construir un hogar.
Al salir, Harry tomó la mano de Anna abiertamente. “Esto no es una aventura, Anna. Esto es… el comienzo. Tenemos que hablar de cómo será esto. La gente en el hospital va a…”
“Lo sé. No me importa,” interrumpió Anna. “Ya no estoy huyendo, Harry. Y ya no me escondo. Pero tenemos que darnos tiempo para construir algo que sea solo nuestro, que no esté totalmente basado en el dolor por Niall.”
Harry asintió. “Te amo, Anna. Y si nos enfrentamos al mundo juntos, no hay nada que temer.”

***

Las siguientes semanas fueron de una felicidad furtiva. Harry y Anna mantuvieron su relación en secreto en el Faro de Niall, pero pasaban cada noche juntos en el apartamento de Harry. La profesionalidad era la armadura que usaban de día; la vulnerabilidad era su consuelo de noche.
Anna se sentía increíblemente bien, más energizada y viva que nunca. Su recuperación parecía completa. Sin embargo, a medida que las semanas se convertían en un mes, Anna notó algo extraño: su ciclo se había retrasado.
Ella había sido meticulosa con los métodos anticonceptivos, pero en el arrebato de la primera noche en el Faro de Niall, en la ceguera de la pasión reprimida, la prevención había sido secundaria a la necesidad. Ella pensó que la excitación y el estrés de la inauguración podrían haber afectado su cuerpo.
Sin embargo, los días pasaron. Una mañana, al despertar con una náusea leve pero persistente, Anna se dio cuenta de la aterradora posibilidad.

***

Anna fue a una farmacia lejos de su vecindario y compró una prueba de embarazo.
Regresó a su apartamento temblando. Se sentó en el baño, mirando fijamente la prueba. Cuando aparecieron las dos líneas rosas, el mundo de Anna se detuvo.
No era solo un embarazo; era la materialización de un amor nacido de la pérdida, la injusticia y la verdad. Era el fruto de la noche que rompió todas las reglas y que finalmente los liberó.
El pánico se mezcló con una punzada de profunda emoción. Un bebé. Con Harry. Su relación tenía apenas un mes de vida real, y ya llevaban el peso de un destino compartido.

***

Esa noche, Harry llegó al apartamento, radiante.
“¡Tengo una sorpresa!” exclamó Harry, sosteniendo una botella de vino espumoso. “El centro ha tenido una semana perfecta, y quiero celebrar que somos oficialmente un equipo en todo sentido.”
Anna lo miró, su sonrisa era frágil. Ella había puesto la prueba sobre la mesa de café, junto al marco de fotos de los tres (Niall, Anna, Harry).
Harry dejó el vino y siguió la mirada de Anna. Vio la caja de la prueba y, junto a ella, el pequeño instrumento con las dos líneas.
El rostro de Harry se drenó de color. Pasó de la alegría a una shock mudo, su mente intentando procesar la escala de este nuevo desarrollo.
“Anna… ¿esto es…?” balbuceó Harry.
Anna asintió, las lágrimas brotando. “Sí, Harry. Estoy embarazada. De la noche de la inauguración. De la noche en que decidimos dejar de huir.”
Harry se acercó a ella, pero no la abrazó; se arrodilló, su rostro estaba a la altura de su vientre. La escala de su nueva vida, el peso de su historia, todo colapsó en ese momento.
“Un bebé,” susurró Harry, su mano tocó suavemente su abdomen. “El Faro de Niall es un legado. Pero esto… esto es el futuro.”
Harry levantó la mirada hacia Anna. Vio el miedo en sus ojos.
“No estás sola. Nunca más,” afirmó Harry, su voz era inquebrantable. “No importa lo que la gente diga, no importa lo que piensen, este bebé es el resultado de la verdad. Y lo amaremos, Anna. Juntos.”
Se abrazaron. Ya no eran Harry y Anna, el cirujano y la enfermera, el viudo y la prima; eran padre y madre, unidos por un destino que era mucho más grande que la suma de sus dolores. El Faro de Niall se convertiría en un lugar de sanación para muchos, pero su propia sanación se había manifestado en la forma de una nueva vida.

One Shots H. S. (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora