Padre soltero III

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El mes estaba por terminar, y la tensión en la casa no solo era autoimpuesta, sino activamente magnificada por Ámbar. Ella había notado la obsesión de su padre y de Niall, y aunque guardaba el secreto de su amiga, no podía evitar castigarlos un poco por haber puesto a Anna en esa posición.
Una tarde, Harry y Niall estaban en el jardín, intentando concentrarse en un juego de ajedrez que nadie estaba disfrutando.
“Papá,” dijo Ámbar, acercándose con el teléfono en la mano, un brillo de inocencia traviesa en sus ojos. “Anna me acaba de mandar unas fotos de la costa. Se la está pasando genial.”
“Qué bien,” murmuró Harry, su mirada fija en el tablero, su mano temblaba ligeramente al mover un peón.
“Sí,” continuó Ámbar, tomando un sorbo de su limonada. “Dice que la playa es increíble, pero que la gente es aún mejor. Uno de los amigos que hizo allá es un instructor de surf guapísimo. Se llama Daniel. Le da clases todos los días.”
Harry se quedó congelado. El peón se cayó de su mano, rodando por el césped. La sangre le hirvió en las sienes.
“¿Instructor de surf?” preguntó Harry, la voz tensa. “¿No tiene que estudiar?”
“Sí, pero se relaja,” dijo Ámbar, encogiéndose de hombros. “Daniel le dice que tiene un aura especial y que la primera vez que la vio, supo que ella era... diferente.”
La palabra "diferente" golpeó a Harry como un puñal. Solo ellos sabían por qué Anna era diferente. El miedo a que ese joven instructor se adueñara de la vulnerabilidad que ellos habían desatado era insoportable.
“Ya no le preguntes sobre eso, Ámbar,” gruñó Harry, levantándose bruscamente.
Ámbar sonrió para sí misma. Punto para Anna.

***

Más tarde esa semana, le tocó a Niall sufrir el tormento. Estaba ayudando a Ámbar con un proyecto, pero en realidad solo esperaba noticias de Anna.
“Tío Niall, ¿crees que Anna debería decirle a Daniel que es virgen?” preguntó Ámbar de repente.
Niall dejó caer el lápiz. El sonido resonó en el silencio.
“¡Ámbar! ¿Qué te hace preguntar eso?” preguntó Niall, su rostro pálido. La mención de la virginidad de Anna, el secreto más íntimo que habían compartido, lo puso al límite.
Ámbar, sintiendo su angustia, continuó sin piedad. “Bueno, Daniel es muy atento, y Anna le dijo que él es el primer chico con el que se siente cómoda. Hasta están planeando salir juntos hoy por la noche para conocerse un poco más.”
Niall se puso de pie, incapaz de respirar. “Necesito ir a hablar con tu padre,” balbuceó, saliendo de la habitación antes de que Ámbar pudiera ver la desesperación en sus ojos.

***
Harry y Niall se miraron en la oficina, la decisión era instantánea y no requería más palabras. La idea de que Anna estuviera saliendo con él instructor de surf, Daniel hizo que la sangre les hirviera. La calma calculada se desvaneció en el pánico de la posesión.
“Un coche no es lo suficientemente rápido,” gruñó Harry, tomando las llaves de su Range Rover. “No voy a esperar 48 horas para que regrese con otra experiencia.”
“Vamos ahora,” asintió Niall, la adrenalina corriendo por sus venas. “Vamos a por nuestra mujer.”
En menos de veinte minutos, Harry y Niall estaban en la carretera. La velocidad era imprudente. La necesidad de reclamar a Anna había borrado cualquier rastro de culpa. Condujeron durante horas, su conversación era mínima, pero cargada de una intención feroz.

***

Mientras tanto, Anna estaba en la playa. Sentada sola, se sentía extrañamente melancólica. Había rechazado la invitación de Daniel a almorzar, convencida de que su plan de autoexilio estaba funcionando. Solo le quedaba un día, y luego regresaría para enfrentar la "normalidad" y a Ámbar.
De repente, una figura familiar se acercó a la calle que conducía a la casa de sus tíos, a unos cien metros de la orilla. Era el Range Rover negro de Harry, inconfundible y fuera de lugar en esa ciudad costera.
Anna sintió una punzada de terror y deseo. ¡Habían venido a buscarla! No podía dejar que la vieran. Si la veían, si hablaban, se rompería. Su plan de ser fuerte, de irse, de crecer, se derrumbaría. Tenía que mantener el exilio.
Se levantó de golpe. Los hombres salieron del coche, ambos con ropa de la ciudad, desorientados, buscando frenéticamente.
Anna echó a correr.
Su único refugio era el puesto de control de los salvavidas, una estructura de madera elevada y cubierta. Los salvavidas se habían ido a comer y no volverían hasta media tarde. Anna corrió, sintiendo la arena bajo sus pies, y se arrastró dentro de la cabina, encogiéndose en la esquina más oscura, el corazón latiéndole a mil.

***

Harry y Niall llegaron a la casa de los tíos de Anna. Preguntaron. Se disculparon. Les dijeron que Anna estaba en la playa.
Regresaron a la orilla, sus ojos entrenados escaneando el horizonte. La frustración y el miedo crecían.
“No está aquí,” gruñó Harry. “¿Dónde se metió?”
Niall, con la mente más fría, miró alrededor. “Mira el puesto de control, Harry. Hay algo en movimiento. Además, es la única sombra en la que esconderse.”
Lenta y deliberadamente, los dos hombres se dirigieron al puesto. Anna, atrapada, contuvo la respiración.
Harry subió los escalones primero, su cuerpo llenando la estrecha abertura. Niall estaba justo detrás de él. La luz del sol detrás de ellos hacía que sus siluetas fueran imponentes, masculinas y peligrosas.
Anna estaba acorralada, su cuerpo temblaba.
“Sabía que no te habías ido lejos, nuestra pequeña mentirosa,” dijo Harry, su voz grave, ya sin rastro de la culpa, sino de una pura, posesiva determinación.
Niall la vio acurrucada, la misma inocencia asustada que había en el primer encuentro en la cocina. Pero ahora, esa inocencia era suya.
“No puedes huir, Anna,” susurró Niall, cerrando el paso. “No de nosotros.”
Anna intentó hablar, intentó decirles que se fueran, que era por Ámbar, por su amistad, por su futuro. Pero su voz se quebró.
Harry se acercó, su mano fuerte tomó la barbilla de Anna, obligándola a mirarlo. “No te vas a ir con Daniel, Anna. No te vas a ir con nadie más. Tú ya eres nuestra. Y venimos a reclamarte. El exilio terminó.”
El puesto de control de los salvavidas se convirtió en su prisión. Anna ya no pudo resistir. Rodeada por la madurez y el deseo de sus dos hombres, la rendición fue inevitable.

Holaaaaa. ¿Cómo están? Nueva entrega de esta historia. Queda una parte más todavía. ¿Qué piensan con respecto a la historia?

Leeré sus comentarios.

Mil gracias por sus felicitaciones. Es un mismo al alma. 🥰

A.S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora