Anna
Apenas habíamos deshecho las maletas de nuestra escapada romántica cuando la realidad nos golpeó con la furia de un virus de guardería. Volvimos a casa el domingo por la noche, revigorizados y cargados de deseo latente, solo para descubrir a Ed con fiebre alta y llorando en la madrugada.
El contraste con la lujosa suite de hotel no pudo ser más brutal. De la seducción en el jacuzzi pasamos a la crisis febril en la habitación infantil. Eran las tres de la mañana, y el llanto inconsolable de Ed despertó a las mellizas, que inmediatamente se unieron al coro.
—Mierda. Esto es la vida real —murmuró Harry, con la adrenalina de la alarma brillando en sus ojos.
Niall y Harry reaccionaron con la sincronía que solo se forja en la cama, pero que se aplica a la vida.
Niall tomó la Misión Ed. Él, siempre el más calmado en las crisis médicas, tomó a Ed en brazos. Su objetivo era bajar la fiebre y consolar. En minutos, Niall ya estaba en la cocina, midiendo paracetamol, preparando compresas y hablando con Ed en voz baja y tranquilizadora.
Harry tomó la Misión Mellizas. Se dirigió a la cuna doble. Levantó a Isabella y Aurora a la vez, una en cada brazo. Susurró a ambas mientras me las acercaba a la cama.
—Anna, tienes que darles el pecho ahora mismo. Necesitan silencio y alimento. Yo me encargo de Ed y Niall.
***
Me senté en la cama, exhausta, pero mi cuerpo de madre obedeció. Acomodé a las dos bebés en posición de lactancia, sintiendo la succión reconfortante mientras el caos se desarrollaba a mi alrededor.
La habitación de Ed era el centro de operaciones. Harry se movía entre la nuestra y la de Ed, llevando toallas, botellas de agua y, lo más importante, apoyo emocional.
Vi a Harry entrar en la habitación de Ed. Niall estaba sentado en el suelo, con Ed en su regazo, su pequeño cuerpo caliente contra el pecho de Niall.
—La fiebre no baja de 39,5. Creo que necesitamos llamar al pediatra —dijo Niall, su voz tensa por la preocupación.
Harry se arrodilló a su lado, colocando una mano firme sobre la espalda de Niall, un gesto de apoyo silencioso que valía más que mil palabras.
—Yo llamo. Tú sigue con las compresas, Ni. Necesitamos que se calme.
Harry salió y me miró. Yo estaba amamantando en silencio, mis ojos fijos en la puerta. Me hizo un gesto de "todo está bien", y luego llamó al pediatra en voz baja, mientras yo continuaba alimentando a Isabella y Aurora.
***
A las cuatro de la mañana, la crisis llegó a su pico. Ed lloró tan fuerte que Isabella se sobresaltó y comenzó a llorar con él, mientras Aurora se negaba a soltar mi pecho.
Fue un momento de fisura. El cansancio amenazaba con romper la coordinación.
—¡No puedo más, Harry! ¡La leche no me baja bien con este estrés! —exclamé, sintiendo la frustración.
Harry colgó el teléfono y entró. Su mirada se cruzó con la de Niall, una comunicación no verbal que selló la emergencia.
Niall salió de la habitación de Ed.
—Yo me encargo de Isabella —dijo, tomando a la bebé que lloraba y acunándola contra su hombro, alejándola del ruido—. Harry, quédate con Anna. La necesita —le dijo a su esposo.
Harry se acercó a mí, tomó mi mano libre y la besó. Luego, con una ternura inesperada en medio del caos, me ayudó a reclinarme un poco para que la lactancia fuera más fácil. Su cuerpo se convirtió en un escudo contra el estrés.
—Tranquila, amor. Relájate. Te necesito bien. Recuerda el jacuzzi. El secreto. Solo somos nosotros, aquí, en esta cama —susurró Harry, recordándome la fuerza de nuestra unión, usando la memoria erótica para bajar mis niveles de cortisol.
Funcionó. La tensión se liberó de mi cuerpo, la leche comenzó a fluir mejor, y Aurora se calmó.
Al amanecer, Ed estaba dormido y sudando. Niall regresó a la cama, exhausto, y se dejó caer en el espacio a mi lado. Harry, después de hablar con el pediatra, se tumbó al otro lado. Las mellizas dormían en sus cunas.
Nos miramos, agotados, pero victoriosos.
—Somos una máquina perfecta, ¿saben? —dijo Niall, cerrando los ojos.
Harry me tomó la mano. —Recargados y probados. No importa si es sexo desenfrenado o fiebre a las tres de la mañana. Esto es lo que significa ser los tres.
El fin de semana de placer había terminado, pero había dejado un legado de fuerza y confianza que les permitía navegar el caos total de la crianza múltiple. La triada, probada en la pasión y en la crisis, era inquebrantable.
¡Holaaa! Nuevamente yo. Con una nueva entrega. Espero que les guste y sigan apoyándome con esta maravillosa historia.
Por cierto, ya está subido un nuevo capítulo de "El novio del matrimonio Styles" y, de la nueva historia que les comentaba, WOMAN. Pasen a leerla en mi perfil y apóyenme también en esta nueva historia de amor. Sé que les gustará tanto como a mí me gustó creerla y escribirla.
A.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
