Padre soltero II

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Anna se despertó sola en el ático, la cama aún revuelta por la pasión de la noche. Harry y Niall se habían ido. La habitación olía a sudor, sexo y a la dulce mentira de "solo una noche."
Se vistió rápidamente, su cuerpo se sentía pesado y dolorido, pero eufórico. Sin embargo, al bajar las escaleras y escuchar las risas en la cocina, el peso del "deber" y la "normalidad" regresó con fuerza.
Harry estaba sirviendo café. Niall bromeaba sobre algo. Y sentada a la barra de la cocina estaba Clara, una colega de Harry de casi cuarenta años, elegante, segura y que conversaba con ellos con una intimidad cómoda y adulta.
Anna se detuvo en el umbral, sintiendo que regresaba a su papel de "la amiga de Ámbar."
“Buenos días, cariño,” dijo Harry, su voz suave, pero sin la intensidad de la noche. Se acercó y le dio un rápido beso en la frente, un gesto paternal. “Esta es Clara. Una vieja amiga.”
Clara le sonrió, un poco condescendiente. “Buenos días, querida.”
Anna sintió un escalofrío. Vio la fluidez de la conversación, la complicidad madura, el chiste interno que Harry le contaba a Clara. Vio la vida real de Harry y Niall: un mundo de pares, carreras y decisiones adultas. Vio su destino: su vida era ser amiga de su hija, no su mujer.
La promesa de "solo una noche" ya no sonaba a mentira dulce; sonaba a verdad brutal. El sexo fue la despedida, no el comienzo.

***

Con una excusa débil, Anna subió corriendo a la habitación de Ámbar. Su euforia se había convertido en una punzada de angustia insoportable. Se derrumbó en la cama de su amiga, las lágrimas brotando sin control.
Ámbar, que estaba leyendo, dejó el libro, alarmada. “Anna, ¿qué pasa? ¿Te sientes mal?”
Anna se cubrió el rostro, el arrepentimiento y la desilusión la sofocaban. El riesgo era enorme, pero no podía llevar ese secreto sola.
“Ámbar, tienes que prometerme que, no importa lo que pase, no vas a odiarme,” sollozó Anna.
“Nunca te odiaría,” insistió Ámbar, abrazándola.
Anna tomó aire. Necesitaba liberar la verdad, deshacer el nudo en su garganta.
“Anoche dormí con tu papá y con Niall,” confesó Anna en un susurro destrozado.
Ámbar se quedó inmóvil. Su rostro pasó de la sorpresa al shock, y luego a una comprensión sorprendentemente madura. Ella no gritó, ni lloró. Simplemente la abrazó con más fuerza.
“Oh, Anna,” suspiró Ámbar. “Siempre supe que había algo. Papá y Niall... son intensos.”
Anna se separó, desesperada. “Fue una locura. Fue por el vino y la tensión, y porque siempre me gustaron. Pero ahora, los vi ahí abajo con esa mujer, Clara. Me di cuenta de que para ellos fue un experimento, un juego de una sola noche. Yo jamás podré tener más. Soy una niña para ellos, Ámbar. Soy tu amiga pero tengo que irme. Tengo que olvidarme de esto y crecer.”

***

Ámbar se levantó y caminó hacia la ventana, su postura era tensa y adulta. Era la hija de Harry Styles y la sobrina de Niall Horan; el drama estaba en su ADN.
“No te voy a preguntar nada más,” dijo Ámbar, volviéndose hacia ella. “No me importa cómo pasó. Me importa que eres mi mejor amiga, y no voy a dejar que esto destruya mi vida, ni la tuya.”
Ámbar tomó la mano de Anna, sus ojos firmes. “Anna, tienes razón. Tienes que irte. Si te quedas, seguirás fantaseando, y esto te arruinará, y no quiero eso. Necesitas distancia para darte cuenta de que el mundo es más grande que mi casa.”
“¿Guardarás el secreto?” preguntó Anna.
“Claro que sí. Esto es un secreto nuestro,” afirmó Ámbar. “Un mes. Vete a casa de tus tíos. Di que tienes que ayudarlos. Y después, volvemos a la normalidad. Es lo mejor para todos.”
Anna asintió, sintiendo un inmenso alivio mezclado con tristeza. Ámbar le estaba dando la cura, aunque fuera dolorosa.
“Gracias, Ámbar. Te quiero.”
“Yo también. Y ahora, levántate. No puedes llorar. Ve a despedirte como si nada. Como si esa noche nunca hubiera pasado.”
Anna se recompuso, sintiendo el dolor de la realidad, pero agradecida por la fuerza de su amiga. Se dirigió escaleras abajo para enfrentar a Harry y Niall con la máscara de la normalidad puesta. La fantasía había terminado, y el exilio era el único camino para salvarse de este tormento.
Harry y Niall estaban en el salón, bebiendo café y discutiendo algo mundano con Clara.
“Lo siento, chicos,” dijo Anna, su voz sonó sorprendentemente firme. “Me temo que tengo que irme esta tarde.”
Harry y Niall levantaron la vista, sus expresiones pasando de la cortesía casual a una cautela repentina. Clara los miró con interés.
“¿Irte? ¿A dónde vas, cariño?” preguntó Harry, su tono protector regresando, pero Anna notó la rigidez en su postura.
“Sí, me acaban de llamar mis tíos de la costa. Necesitan ayuda con un proyecto. Y pensé que era el momento perfecto para estudiar un poco lejos de la ciudad antes de que empiecen las clases,” mintió Anna con facilidad.
La noticia causó una mezcla de alivio y decepción en Harry y Niall. El alivio porque la tensión insoportable se desvanecía. La decepción porque la exquisita conexión de la noche anterior se cortaba de golpe.
“Bueno, qué pena. Vamos a extrañar tenerte aquí,” comentó Niall, forzando una sonrisa. Por dentro, su mente gritaba por detenerla.
Harry se acercó para darle un abrazo de despedida. Anna se aferró a él por un segundo más de lo necesario, imprimiendo su olor en su memoria.
“Cuídate mucho,” dijo Harry en voz baja, su tono era más posesivo que paternal.
Niall también la abrazó con fuerza. “Escríbenos, ¿sí?”
“Claro que sí,” prometió Anna.
Ámbar se despidió con un abrazo cargado de significado, una promesa silenciosa de guardar el secreto. Minutos después, Anna abandonó la casa. Su escape había sido exitoso, pero el vacío que dejó era un personaje más en la sala.

**"

La casa se sintió extrañamente silenciosa esa tarde. Clara se fue poco después, y Harry y Niall se quedaron solos. El alivio inicial se disipó, reemplazado por la tortura de la memoria. Se encontraron en la cocina, cada uno sirviéndose un trago.
“¿Crees que sospechó algo?” preguntó Niall, su voz áspera.
“No,” respondió Harry, sorbiendo el whisky. “Solo estaba nerviosa por irse. Es lo mejor, Niall. Un mes. Necesitábamos un respiro.”
Pero el "respiro" se sentía como una agonía. Subieron al ático. La cama estaba hecha, pero el olor a Anna y a sexo permanecía.
Niall se dejó caer en el colchón. “Fue una mentira estúpida, Harry. Dijimos que sería solo una noche, para sacarnos la locura. Pero ahora... ahora ella se ha ido. Y no me siento curado.”
Harry se sentó en el borde de la cama, mirando un punto fijo en la pared. Él recordó la inocencia de Anna, la forma en que se había aferrado a él. La conciencia de que él y Niall habían sido sus primeros hombres, sus únicos hombres, hacía que el recuerdo fuera infinitamente más posesivo.
“No te sientes curado porque no lo estamos, Niall,” dijo Harry, su voz grave. “Ahora es peor. Ahora sabemos cómo sabe, cómo se siente ser amantes de ella.”
Niall se sentó, sus ojos fijos en Harry. “¿Y qué vamos a hacer? ¿Dejarla ir por el bien de Ámbar y nuestra conciencia?”
Harry se levantó. Su rostro, antes lleno de culpa, ahora solo mostraba una decisión: “Un mes de distancia. Un mes para que ella se calme. Y un mes para que nosotros organicemos esta locura. Pero te aseguro algo, amigo. No se va a ir con ningún otro. Ella ya es nuestra mujer. Y cuando regrese, vamos a asegurarnos de que lo sepa.”
El vacío en la casa no era un alivio. Era una promesa. La cuenta regresiva había comenzado.

Holaaa. Nuevamente por aquí. Y con una nueva entrega de la historia anterior. Espero que les esté gustando y estén con ansias de leer la próxima entrega.

Los adoro.

A.S.

One Shots H. S. (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora