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Anna

La pregunta flotó en el aire del despacho. Me sentí completamente vulnerable, aunque ya estaba desnuda y cubierta con el semen de Harry. Había revelado uno de mis deseos más profundos: verlos. Ver el espectáculo de nuestro placer reflejado, magnificado.
—¿Subir ese espejo a nuestra habitación? —repitió Harry, su voz grave y cargada de una lujuria recién satisfecha. Me besó, deslizando su boca por mi mejilla hasta mi oído. —Cariño, ¿acaso crees que no leí la necesidad en tus ojos?
Me giré entre sus brazos para verlo. —¿Lo harás?
—Lo haría ahora mismo si no estuviera pegado a tu trasero.
Me reí, sabiendo que mi plan había funcionado. Harry siempre estaba dispuesto a complacer mis fantasías, especialmente si implicaban un toque de exhibicionismo o voyerismo.
—Lo subiremos en cuanto volvamos a casa —dijo, sellando la promesa con un último empuje.
Regresamos al living justo a tiempo para ver a Niall, con Ed dormido en sus brazos, bajar las escaleras. Niall me miró, y aunque intenté disimular, la marca de mis uñas en la espalda de Harry y el olor en el aire eran imposibles de ocultar. Sonrió, y yo supe que él también sabía lo que acabábamos de hacer.
Esa noche, cuando volvimos a casa, la promesa del espejo se hizo realidad. Mientras Harry y Niall lidiaban con la logística de subirlo por las escaleras, yo preparaba la habitación, mi mente ya diseñando el primer juego. El espejo era la herramienta que faltaba para convertir la fantasía en una realidad visual palpable.

Niall

Ver a Anna y Harry después de su "escapada" en el despacho me hizo sentir una punzada de excitación. La culpa ya no existía; solo la necesidad compartida.
Cuando Harry me pidió ayuda con el espejo, supe que las reglas del juego estaban a punto de cambiar de nuevo.
—¿Acaso Anna te ha pedido que subamos la prueba de su pecado a la habitación? —pregunté, bromeando.
—Es una mujer con deseos visuales—Harry se rió, y juntos cargamos el imponente espejo.
Al colocarlo frente a la cama, mi respiración se agitó. Era enorme, lo suficientemente grande como para reflejarnos a los tres, por completo. Era una invitación a la desinhibición, una forma de obligarnos a ser espectadores de nuestro propio deseo.
—Bien —dije, mirando a Harry. —Ahora que tenemos un público, ¿quién empieza el show?
Harry me tomó por la cintura, acercándome. —Cariño, el show siempre es de Anna. Nosotros solo somos sus actores.
Ella entró en ese momento, con el suéter que había usado en el estudio, el que cubría sus pechos de la mirada de todos... excepto de nosotros. Se despojó de él lentamente, dejando al descubierto su figura de embarazada. Sus pechos, llenos, eran el foco.
—Quiero que me hagan el amor… frente al espejo —dijo Anna. Su voz era tranquila, pero sus ojos brillaban con una autoridad que me derretía. —Y quiero ver cada expresión de placer en sus rostros, Harry.
Ella se colocó en el centro, y yo me arrodillé sin que me lo pidieran. Ya sabía mi papel. El de un devoto. Me acerqué a sus piernas.
—¿Qué quieres primero, Anna? —pregunté, sintiendo mi boca seca.
—Quiero que Harry me haga lo que hizo en el despacho —dijo ella, con una sonrisa que me paralizó—. Pero tú, Niall, no vas a dejar de mirar. Y vas a tocarme.
Mi papel era ser el observador activo. Harry se arrodilló detrás de ella. Vi en el espejo cómo su lengua exploraba su entrada. Y mientras Harry se preparaba para penetrarla por atrás, yo no podía hacer otra cosa que concentrarme en sus pechos, llenos de leche.
Harry se hundió en ella, y la imagen en el espejo fue tan clara que gemí. Anna se agarró al marco de la cama, observando la escena. Yo no podía quitar los ojos de sus pechos. Extendí la mano, tocando mis dedos en un pezón que ya goteaba leche.
—Sí, Niall. Mira. Tócame —susurró Anna, su voz tensa por el placer. —Ahora, pruébame.
Llevé mis dedos cubiertos de su leche a mis labios. Era dulce, salado, increíblemente excitante. Mientras Harry la jodía, yo probaba a nuestra mujer, un intercambio de fluidos y placer frente al espejo que no dejaba lugar a secretos. Los gemidos eran nuestro idioma, y el reflejo, nuestra confirmación.
—Ahora, yo quiero mi premio —dijo Harry, su voz áspera, y nos obligó a cambiar de posiciones frente al espejo, para que yo pudiera tomarla de frente. El juego apenas comenzaba.

Niall

​Con un movimiento rápido, me levanté y Anna se giró para mirarme. Su vientre de embarazada, la piel brillante por el sudor y la humedad, era una obra de arte. Harry, que acababa de penetrarla por detrás, ahora se colocó a mi lado, su polla dura y roja a la espera.
​Tomé a Anna por las caderas y la atraje hacia mí. El espejo nos mostraba perfectamente el momento en que me hundí en ella, lento, consciente de la mirada de mi marido. El aire se condensó. Anna arqueó la espalda, y vi en el reflejo cómo la expresión de Harry se endurecía, una mezcla de excitación y posesión.
​—Mírame, Niall. Mírate —gimió Anna, obligándome a no cerrar los ojos.
​La embestí con fuerza, disfrutando de la sensación de sus paredes apretando mi pene. Ella extendió una mano y, sin romper el ritmo, tocó la polla de Harry. Él cerró los ojos por un segundo, su control fallando.
​—Espera —ordenó Harry, su voz casi un gruñido.
​Anna dejó de tocarlo. Harry se acercó a mi oreja, su aliento caliente.
​—Ahora que la tienes, quiero tenerla al mismo tiempo también —susurró. —No salgas.
​Mi corazón latió con violencia. Sabía lo que venía. Harry se colocó detrás de Anna y bajó su pene lentamente, buscando su vagina ahora. Ella soltó un grito de placer al sentir la doble invasión.
​En ese instante, no éramos Harry, Anna y Niall. Éramos una triada sexual en perfecta sincronía. Yo la tenía, y Harry la tenía. Y en el espejo, éramos uno solo, tres cuerpos unidos por el deseo.
​—¡Miren! ¡Miren lo que están haciendo! —gritó Anna, su voz ahora era puro éxtasis.
​La visión de su rostro, al borde del colapso, mientras nuestros penes entraban y salían de su vagina, me lanzó al precipicio. Apreté mis labios contra su cuello, gruñendo.
​—Me voy a correr... —avisé a Harry.
​—Hazlo. Llénala.
​Y me rendí. Lancé mi semen caliente dentro de ella, sintiendo cómo mis caderas se bloqueaban contra su vientre. Anna gritó. La intensidad de mi orgasmo hizo que Harry, sin dudar, acelerara su propio ritmo.
​—¡Soy tuyo, Anna! ¡Mírame! —gritó Harry.
​En el espejo, vi cómo el cuerpo de mi marido se convulsionaba. Soltó su semen espeso y caliente dentro de Anna, justo detrás del mío. El semen de Harry se escurrió por su entrada, mezclándose con mis fluidos y goteando por sus muslos.
​El sonido de nuestros tres cuerpos colapsando resonó en la habitación. Anna se desplomó sobre la cama, extasiada, los ojos fijos en el reflejo. Harry y yo nos recostamos a cada lado, sin sacar nuestros penes de ella de inmediato, disfrutando de la sensación de estar completamente contenidos por su cuerpo.
​El espejo, ahora salpicado de condensación y fluidos, había presenciado y magnificado cada segundo.
​—Esto… fue perfecto —murmuró Harry, su voz todavía temblando.
​Anna solo se movió para tomar mi mano y la de Harry, uniendo a los tres en el centro de la cama, bajo la atenta mirada de su nuevo y silencioso espectador.


¡¡¡Volví!!! Y volví con todo. Espero que esta nueva entrega les guste. Comenten y dejen sus primeras impresiones de este nuevo capítulo.

Con mucho cariño, su escritora favorita. ♥️

One Shots H. S. (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora