Doctor Styles

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El Dr. Harry Styles se había convertido en un cirujano brillante, pero en su corazón llevaba una herida abierta: la pérdida de su esposo, Niall. Niall había muerto hacía un año debido a una enfermedad repentina y agresiva que lo había consumido en meses.
Para Harry, la tragedia tenía un rostro culpable: Anna.
Anna era la prima favorita de Niall y, cruelmente, también era enfermera. Niall había pasado sus últimas semanas en casa, bajo la supervisión de Anna, con el acuerdo de que sus conocimientos médicos y su vínculo familiar asegurarían el mejor cuidado.
En opinión de Harry, el cuidado de Anna había sido un fracaso fatal.
"Si hubiera sido más diligente, si hubiera prestado más atención a los síntomas, si no hubiera sido tan descuidada..." El odio de Harry era una certeza fría. Anna era la profesional que falló, la prima que traicionó la confianza. Nadie en la familia se había atrevido a contradecir a Harry en su dolor; Anna había sido silenciosamente exiliada bajo la sombra de la culpa.

***

Lo que Harry y el resto de la familia ignoraban era la verdad oculta de Anna. Durante ese mismo periodo, Anna había estado luchando con su propia crisis de salud: una severa complicación que se manifestaba en agotamiento extremo, fiebres y desorientación intermitente, que ella había ocultado por miedo a ser despedida o a que Niall se preocupara más por ella que por su propia enfermedad.
La noche que Niall murió, Anna no solo falló en socorrerlo a tiempo, sino que fue encontrada inconsciente en el pasillo, víctima de su propio colapso. Cuando llegó la ayuda de emergencia, ella fue la segunda paciente a ser atendida.
Cuando Anna se recuperó, la familia ya había emitido su veredicto. Nunca le preguntaron qué había sucedido. Simplemente asumieron el peor escenario: negligencia por dolor, distracción o simple abandono. Anna, destrozada por el duelo, la culpa real por no haber estado alerta y el peso de las acusaciones injustas, simplemente se retiró.

***

Seis meses después, la vida profesional de Anna la obligó a seguir adelante. Obtuvo un puesto como enfermera quirúrgica en uno de los hospitales más prestigiosos de la ciudad.
Su primer día fue un golpe de realidad: el famoso y temido Dr. Styles trabajaba en el mismo pabellón quirúrgico.
Harry, vestido con el uniforme de cirujano, la reconoció inmediatamente en el quirófano, aunque Anna intentó fundirse con el instrumental.
El rostro de Harry se contrajo con una mezcla de sorpresa, desprecio y dolor reprimido. Para él, verla era como ver al fantasma de Niall.
“¿Qué hace ella aquí?” preguntó Harry a la enfermera jefa, su voz cortante y fría.
Anna mantuvo la cabeza baja, concentrada en el material estéril.

***

Desde ese día, el pabellón se convirtió en el escenario de una tensión helada. Harry trataba a Anna con un profesionalismo glacial, solo dándole órdenes necesarias y evitando cualquier contacto visual o físico. Para el resto del personal, Anna era invisible para el Dr. Styles.
Anna hizo todo lo posible por esquivarlo. Tomaba rutas alternativas, se aseguraba de que su turno terminara antes de la cirugía de Harry, y se mantenía silenciosa durante los procedimientos en los que coincidían.
La ironía era cruel: el odio palpable de Harry hacia ella solo intensificaba el sentimiento que Anna había desarrollado por él en secreto, incluso antes de la muerte de Niall. Ahora, con el duelo compartido y la injusticia de por medio, la mezcla era tóxica. Anna no podía odiarlo por la forma en que la trataba; entendía su dolor. Y ese entendimiento solo la hacía desearlo más, aunque el deseo fuera una traición a la memoria de Niall y a su propia dignidad.
Un día, mientras preparaban la sala, Anna se cruzó con Harry en el estrecho pasillo. Él se detuvo abruptamente, forzando a Anna a hacer lo mismo. Por primera vez en un año, estuvieron a centímetros de distancia, sin la excusa de un bisturí de por medio.
Harry la miró, y aunque sus ojos estaban llenos de resentimiento, Anna vio el dolor bruto y la fatiga en su mirada.
“Espero que al menos aquí, Enfermera,” siseó Harry, usando el título con desdén, “cumpla con el nivel de profesionalismo que mi esposo merecía.”
Anna tragó. Las palabras eran un golpe directo, pero en lugar de luchar, ella se rindió al sentimiento.
“Dr. Styles,” respondió Anna, con la voz apenas audible. “Usted tiene todo el derecho a pensarlo. Si me disculpa.”
Anna se deslizó más allá de él, el roce momentáneo de sus brazos era una descarga eléctrica. Ella sintió el temblor de su cuerpo y se obligó a acelerar el paso. Sabía que no podía evitarlo para siempre, y el día en que él la confrontara con la verdad, su corazón no podría soportar la humillación, por muy injusta que fuera.
El pabellón era su campo de batalla, y el amor silencioso de Anna era su mayor vulnerabilidad.

Holaaa. Nuevamente por aquí. Les traigo una historia que me fascinó escribirla. Espero que les guste.

A S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora