Anna
El viaje fue una neblina de dolor y caos organizado. Niall conducía con una furia controlada, Harry estaba a mi lado, y Ed, milagrosamente, dormía acunado entre nosotros, ajeno al torbellino. Cada contracción se sentía como una ola sísmica, recordándome la urgencia del semen todavía tibio y de mi doble maternidad.
Al llegar a la clínica, el personal de recepción nos reconoció de inmediato. Esta no era una clínica cualquiera; era un lugar donde la discreción se pagaba y la política de acompañamiento era flexible. No hubo preguntas, solo eficiencia.
—Tenemos todo listo para la Señora Styles. Dos camas de calor y un quirófano en alerta, por si acaso —dijo la enfermera, sin inmutarse al ver a mis dos hombres— . ¿Quién entra primero?
—Los dos —dijo Harry, firme, antes de que yo pudiera respirar. —Ambos somos los padres.
Niall asintió, su rostro pálido pero resuelto. —No la vamos a dejar sola.
Ed fue entregado a una niñera de la clínica, con la promesa de que estaría cerca y seguro. Me instalaron en una suite de parto de lujo, pero en ese momento, la tapicería fina no significaba nada; solo existían mis contracciones y la presencia de mis dos pilares.
El trabajo de parto activo se convirtió en la prueba de fuego para nuestra triada. Yo estaba tendida, intentando respirar a través de la agonía, y ellos se convirtieron en mis extensiones físicas y emocionales.
Niall tomó la parte baja. Se colocó detrás de mí en la cama y masajeaba constantemente la zona lumbar, presionando con sus pulgares en cada pico de dolor. Su concentración era total, sus susurros llenos de aliento irlandés me prometían que todo saldría bien. Él era la fuerza terrenal, el ancla que absorbía mi dolor físico.
Harry tomó la parte alta. Se sentó a mi lado, su mano entrelazada con la mía, y la otra sobre mi vientre. Sus ojos verdes nunca se apartaron de los míos. Él no me ofrecía solo consuelo; me ofrecía conexión. En medio del dolor, me hacía preguntas: “¿Cómo te sientes, amor? ¿Qué necesitas? ¿Puedes recordar lo que pasó en la habitación hace un rato?” Su voz me anclaba al placer, a la realidad de nuestro amor, usando los recuerdos sexuales como una extraña y poderosa distracción.
Cuando las contracciones se volvieron insoportables, mi cuerpo se tensó.
—No puedo… —jadeé, sintiendo que me desgarraba.
Niall apretó con más fuerza en mi espalda. —Sí puedes, Ana. Lo has hecho antes. Estás abriéndote para ellas.
Harry se inclinó. Me besó, y el contacto de su boca me regresó a la realidad.
—Mira, amor. Estamos aquí. Somos tres. La fuerza de tres es más grande que el dolor —dijo.
Me concentré en la sensación de sus manos sobre mí: la presión firme de Niall, el toque tranquilizador de Harry. Mi cuerpo se dilató, abriéndose para la llegada de las mellizas.
El doctor entró, sereno. Era el momento de pujar.
—Anna, cuando sientas la presión, empuja con todo. Y señores —miró a Harry y Niall, que sostenían mis rodillas—, mantengan la calma. Ella los necesita.
Me agarré a sus brazos, mis uñas marcando su piel. La fuerza animal se apoderó de mí. Empujé, y la habitación se llenó de un esfuerzo desgarrador.
—¡Ya veo la cabeza! —exclamó el médico.
Niall y Harry gritaron al mismo tiempo, sus rostros desfigurados por la emoción.
Con un último empuje, la primera bebé se deslizó hacia el mundo, y el aire se llenó de un llanto poderoso.
—¡Es una niña! —anunció el doctor. La colocaron en mi pecho.
Harry rompió a llorar, sollozando sobre mi hombro. Niall se inclinó, besó mi frente y luego el pequeño cuerpo húmedo y gritón de nuestra hija.
—Mira, Harry. Es pelirroja —susurró Niall, asombrado. El pelo de la bebé brillaba bajo las luces.
El tiempo de la euforia fue corto. El cuerpo de la segunda bebé se acomodaba.
—¡Anna, vamos de nuevo! Una contracción más.
Esta vez, no hubo miedo. Había una bebé en mi pecho, y mis dos hombres a cada lado, cubiertos de mi sudor, mis lágrimas y la sangre del nacimiento. Empujé por el amor de los tres.
La segunda bebé llegó con la misma fuerza. Otro llanto. Otra niña.
—¡Otra niña! ¡Pelirroja también! —gritó Harry, riendo ahora en medio de las lágrimas, su mano acariciando el cabello ardiente de la recién nacida.
Niall se derrumbó sobre la camilla a mi lado, su rostro agotado, pero radiante. Besó mi mano.
—Lo hiciste, amor. Lo hicimos.
Miré a mis hijas, idénticas, con su cabello color fuego. Miré a mis hombres, ahora ambos padres de mis niñas. En esa sala de parto, supe que no había secretos. Solo una familia, forjada en el deseo, la complicidad y la fuerza inquebrantable de tres corazones.
¡Y nuevamente vengo con una nueva entrega! Espero que les esté gustado mucho, tanto como a mí me gusta escribir y subir esta historia.
Ya tengo el siguiente capítulo casi listo, y además, tengo pensando comenzar a subir capítulos de la otra historia que tengo subida también a esta cuenta. Está buenísima y da mucho calor leer ciertas escenas. 😉
Espero leer sus comentarios y que estén para la próxima entrega en dos días más.
Su escritora favorita.
A.
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One Shots H. S. (+18)
FanfictionHarry , Anna y Niall, una pareja nada convencional, una pareja de tres.
