Padre soltero IV

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El puesto de control de los salvavidas se convirtió en su prisión. Anna ya no pudo resistir. Rodeada por la madurez y el deseo de sus dos hombres, la rendición fue inevitable.
El puesto era una cabina de madera con una franja de cristal ahumado en la parte delantera: un espejo desde fuera, pero que les ofrecía a ellos una visión clara de la playa. Anna vio la arena, el horizonte y, lo más aterrador, a algunas figuras solitarias merodeando a lo lejos. El conocimiento de que estaban expuestos, aunque ocultos, hizo que la adrenalina se disparara, mezclando el miedo con una excitación insoportable.

***

Harry y Niall actuaron con una urgencia brutal, alimentada por el voyerismo implícito. La ropa de Anna fue desechada en segundos. Su silencio era la máxima sumisión.
Harry la inmovilizó con su cuerpo contra el cristal. “Mira, Anna,” susurró, su aliento caliente. “Están ahí. Y nadie sabe lo que eres para nosotros ahora.”
Mientras le mordía el cuello con una posesividad ardiente, Niall se arrodilló entre sus piernas. Sin prisa, con una devoción que contrastaba con la prisa del entorno, se dedicó a saborearla. Su lengua experta hizo que Anna se arqueara en más de una ocasión.
Harry, por su parte, reclamó la parte superior. Su boca se cerró en el pezón más turgente de Anna, succionándolo con una fuerza que hizo que jadeara. Atrapada en el centro de esta adoración dual, con el miedo y la excitación subiendo, la mente de Anna se disolvió.

***

Cuando Anna tembló al borde del clímax, Harry y Niall supieron que era el momento.
Harry la levantó y la giró bruscamente. Niall dobló su cuerpo por encima de la mesa, obligándola a apoyarse con sus manos para mantener el equilibrio. Y esa posición, la penetró con una fuerza salvaje y sin piedad.
“Esto es lo que haces que sintamos, Anna. ¡Esto es nuestro!” le gruñó Niall al oído, su aliento caliente contra el cristal. El placer era intenso, animal. Mientras se movía, Niall observaba las figuras diminutas en la playa, usando la adrenalina para intensificar cada estocada.
Harry, mientras tanto, siguió acariciando sus pechos y su vientre mientras Niall la poseía. Harry usó sus dedos para llevarla al borde una y otra vez.
Niall culminó primero, un rugido ahogado contra el hombro de Anna, se vino completamente dentro de ella, un acto de posesión total.
Harry la giró inmediatamente, bajándola al suelo de madera, colocándola en posición que fuera cómodo para los dos. Sus ojos fijos en los de Anna, su ritmo era lento, dominante, asegurándose de que el dolor de su escape fuera reemplazado por la lección de su amor.
“Eres nuestra, Anna. No hay más exilio,” susurró Harry, su voz era una declaración inmutable.
Harry sostuvo su mirada mientras la llenaba, sellando su mirada en la de ella en el momento de su clímax.
Anna, exhausta, se dejó caer. Su cuerpo temblaba por el exceso de placer y la adrenalina. Harry y Niall la abrazaron en el suelo del puesto. El miedo había terminado; solo quedaba la certeza del amor y la posesión.
La dulce voz de Harry susurró al oído de Anna, “Eres nuestra mujer, Anna. Y volvemos a casa.”

***

El sol de la tarde se filtraba por las rendijas del puesto de salvavidas. Harry y Niall estaban abrazados a Anna, sus cuerpos exhaustos, pero la intensidad de la posesión se había transformado en una profunda ternura.
Harry le acarició la mejilla con el pulgar, sus ojos verdes ahora suaves y llenos de arrepentimiento. “Anna, perdón por asustarte. Pero la idea de que otro hombre te tocara, de que te llevara lejos de nosotros... fue demasiado. No podíamos respirar.”
Niall se inclinó y le dio un tierno beso en el hombro. “No fue solo la locura de una noche, cariño.  Te deseamos. Y te necesitamos. No solo en la cama, sino aquí, en nuestra vida.”
Anna no dudó. Los besó a ambos, un beso que era un "sí" absoluto y sin condiciones.
“No vamos a esperar,” sentenció Harry, poniéndose de pie con energía. “Vamos a casa. Ahora.”
El viaje fue una reafirmación constante de su pacto. La urgencia de la carretera y el confinamiento del coche solo aumentaron su deseo. La pasión era constante, con toques y caricias que sellaban su acuerdo. Harry y Niall se aseguraron de que Anna supiera que su compromiso iba más allá de lo físico.
En un momento, la necesidad de sellar su amor una vez más se hizo insoportable, y Harry se desvió a una zona boscosa para una intensa y rápida reunión íntima que reafirmó su pacto con la pasión en el asiento trasero, la prueba de que su amor no se ajustaría a las reglas, sino que se crearía en los espacios prohibidos.

Llegaron a casa al anochecer. Anna con el pelo desordenado, y Harry y Niall con una felicidad exhausta y descarada.
Ámbar estaba en la cocina, leyendo. Cuando los vio, levantó la vista.
Harry tomó a Anna de la mano y se dirigió a su hija. “Ámbar, tenemos que hablar contigo.”
Niall asintió. “Tu padre y yo amamos a Anna. Y ella nos ama. Queremos que ella se quede. Queremos ser una pareja, los tres.”
Ámbar, con una sonrisa serena y un guiño a su amiga, los sorprendió. “Lo sé, papá. Anna me lo contó la mañana después de que pasó. Y yo le aconsejé que huyera para que ustedes pensaran bien lo que estaban haciendo.”
Harry y Niall se quedaron pasmados.
“¿Lo sabías?” preguntó Harry, con la boca abierta.
“Claro que lo sabía. No soy una niña, papá. Y he vivido contigo y con el tío Niall toda mi vida. La tensión aquí era palpable. Si Anna te hace feliz, papá, y a ti, tío Niall, y si ella está feliz, yo estoy feliz. Ya no tienen que fingir. Solo, por favor, sigan siendo discretos.”
La sorpresa y el alivio fueron inmensos. La última barrera había sido eliminada. La familia, de la manera más inusual, estaba ahora, por fin, completa y sellada por el amor.

Holaaaaa. ¿Cómo están? Espero que muy bien. Vuelvo con una nueva entrega. Espero que les guste y me apoyen como una estrellita y comentarios.

A.S.

One Shots H. S. (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora