Educación sexual II

252 4 0
                                        

El silencio que siguió a la pasión fue pesado, no de arrepentimiento, sino de la cruda realidad que los esperaba al amanecer. El apartamento de Harry, testigo de su transgresión, se sentía de repente demasiado pequeño.
Anna se vestía con movimientos lentos, recogiendo su ropa dispersa entre los libros y el desorden. Ya no era la alumna desesperada por una nota; era la mujer que había conquistado a su profesor.
Harry, sentado en el sofá, la observaba. La culpa se mezclaba con una posesión intensa.
“Anna,” dijo Harry, su voz grave. “Esto terminó siendo mucho más que una tutoría, y mucho más que un diez. Pero ahora, las reglas.”
Anna se sentó a su lado, la seriedad de su mirada igualaba la de él.
“En la universidad, nada ha cambiado,” decretó Harry. “Eres mi alumna. No me miras más que como a tu profesor. No hay sonrisas privadas, no hay contacto visual prolongado. Eres la dama diez, intocable e impecable. Mi carrera depende de esta fachada.”
“Y el diez es mi coartada,” respondió Anna, asimilando las reglas del juego. “Nadie sospechará que la alumna más obsesionada con las reglas ha roto la más importante.”

***

Harry se levantó y se dirigió a su computadora. Abrió el sistema de calificaciones. Anna se acercó, mirando por encima de su hombro cómo él borraba el 9.5 y, con un movimiento final y simbólico, registraba el 10 en la casilla de su ensayo.
“Felicidades, Anna. Matrícula de honor,” susurró Harry, girándose para tomarla en un beso rápido y urgente. “Pero esta es la última vez que usamos la nota como excusa. Nuestros encuentros serán por el placer de la lección, no por la calificación.”

***

La universidad se convirtió en un campo minado de tensión.
Anna era brillante. Alardeaba de su diez, explicando con precisión a sus compañeros cómo había "desarrollado el concepto de pérdida de control" en su ensayo, sin inmutarse. Harry la trataba con una frialdad profesional que era casi dolorosa de observar, pero que demostraba la seriedad de su compromiso con la fachada.
Sus verdaderas tutorías se reanudaron, siempre discretamente: mensajes cifrados sobre "reuniones bibliográficas" y encuentros nocturnos en el apartamento de Harry, lejos del campus.
La obsesión de Anna se había transformado de la necesidad de control académico a la necesidad de controlar su secreto. La adrenalina de estar a centímetros de la ruina era más embriagadora que cualquier matrícula.

***

Una tarde, mientras Anna esperaba en un rincón discreto del estacionamiento de profesores (una ubicación arriesgada, pero necesaria), la colega más cercana de Harry, la Dra. Clara, se acercó a él.
Harry estaba a punto de subir a su coche para ir a buscar a Anna.
“Harry, estás exhausto. Te quedas hasta muy tarde en esas ‘tutorías’. Pareces tener una obsesión con esa joven, Anna,” comentó la Dra. Clara, su tono era una mezcla de preocupación y chismorreo. “Es una alumna brillante, pero creo que estás invirtiendo demasiado tiempo personal.”
Harry sintió que el corazón se le detenía. Mantuvo una sonrisa controlada. “Clara, sabes que valoro la excelencia. Anna no se conforma con menos. Son solo un par de sesiones finales para pulir su concepto. Necesita el diez.”
Harry se despidió con prisa. Se subió al coche y se dirigió a Anna.
Cuando la encontró, la besó con una urgencia que no era solo deseo, sino pánico.
“Casi nos descubren,” jadeó Harry, explicándole la conversación con Clara. “Debes ser más cuidadosa. Y no me esperes cerca de la universidad. El precio de esta ‘tutoría’ acaba de subir, Anna.”
Anna asintió, con una sonrisa atrevida. El riesgo no la asustaba; la excitaba. El secreto era la verdadera matrícula de honor.

***

La advertencia de la Dra. Clara no sirvió para enfriar la relación; solo la hizo más sofisticada. Harry, con su mente analítica, perfeccionó el camuflaje. Sus encuentros ya no podían ser simplemente "tutorías"; tenían que estar enraizados en proyectos académicos que justificaran la inversión de tiempo.
El nuevo pretexto fue un seminario avanzado sobre "Ética en la Intimidad Contemporánea". Harry nombró a Anna como su asistente de investigación principal, citando su "excepcional manejo del material teórico" (el 10). Esto justificaba llamadas tarde en la noche y reuniones a horas inusuales.
Anna, bajo el velo de la beca, florecía. Su obsesión por Harry era la nueva fuerza motriz detrás de su excelencia. En la universidad, mantenía la mirada fría e impenetrable de la alumna estrella; en la intimidad, era la mujer que empujaba los límites de su profesor.

***

La necesidad de trabajar con materiales de archivo forzó a Harry a tomar una decisión arriesgada: reunirse en el corazón de la universidad.
Escogió la sala de archivos especiales de la biblioteca principal, cerrada al público después de las 22:00. Harry consiguió las llaves con la excusa de un trabajo urgente de curaduría.
Una noche, cerca de la medianoche, se encontraron. La sala de archivos era oscura, huele a papel viejo y silencio opresivo. Harry se sintió excitado por el riesgo; la idea de tomarla en ese templo de conocimiento era la máxima transgresión.
Estaban inclinados sobre un manuscrito antiguo, los hombros rozándose. Harry ya no podía concentrarse en la investigación. Su deseo se había vuelto una carga constante.
“Harry, esta sección sobre la moral victoriana… ¿crees que la represión del deseo lleva inevitablemente a la mentira?” preguntó Anna, su aliento cálido en su cuello.
“Anna,” gruñó Harry, girándose para enfrentarla, “el único resultado inevitable es la destrucción de todas las reglas. Y te lo voy a demostrar.”
Harry la besó con una pasión incontrolable, empujándola contra la estantería de madera antigua.

***

La tela crujió al romperse el corsé de su falda. Harry la levantó, sus piernas alrededor de su cintura, apoyándola en el estante de archivos. La urgencia era alimentada por el conocimiento de que estaban rodeados de siglos de conocimiento y moral reprimida.
Justo cuando la intensidad llegaba a su punto máximo, un ruido rompió el silencio de la medianoche: el chirrido metálico de una puerta al final del pasillo y el sonido de tacones en el mármol.
Harry se paralizó. Eran pasos que se dirigían hacia la sala de archivos.
Anna, en lugar de entrar en pánico, lo miró con los ojos muy abiertos, llenos de terror y una excitación febril. El riesgo la estaba volviendo adicta.
“¡Espera!” susurró Anna, sujetando el rostro de Harry. Ella bajó al suelo, se abrochó rápidamente la falda rota y se acomodó la blusa.
Harry tiró su chaqueta sobre sus pantalones y se puso frente a la estantería, fingiendo examinar los tomos. La puerta de la sala se abrió lentamente.

***

Era la Dra. Clara, con un abrigo largo y una pila de papeles en la mano.
“Harry, ¿qué demonios haces aquí a medianoche?” preguntó Clara, su tono era inquisitivo y severo.
Harry mantuvo una compostura impresionante. “Clara. No te escuché. Estábamos terminando de revisar los archivos para el seminario. Anna y yo encontramos un hallazgo fascinante sobre los códigos de caballería.”
Clara recorrió la sala con la mirada. Vio a Anna, con el rostro pálido pero con el control recuperado, de pie junto a la estantería. Clara se centró en Harry.
“Deberías irte a casa, Harry. Esta obsesión por el proyecto te va a consumir. Y Anna necesita descansar,” dijo Clara, su voz teñida de escepticismo. “Nos vemos en la mañana.”
Clara se fue, pero su mirada se detuvo un instante en la estantería.
El alivio inundó a Harry, seguido por un terror frío. Habían estado a segundos de la ruina.
“Ella sospecha. No tengo dudas,” dijo Harry a Anna, una vez que el sonido de los pasos se hubo desvanecido. Él la miró, dándose cuenta de que la adrenalina ya no era un motor de placer, sino una amenaza real. “Tienes que irte, Anna. Ahora.”
Anna asintió. “Pero, ¿la lección terminó, Profesor?”
Harry la tomó del brazo. “La lección nunca termina, Anna. Pero si volvemos a hacer esto, no será por una nota. Será porque estamos dispuestos a quemar nuestras vidas. Y no puedo seguir mintiendo.”
El riesgo había alcanzado un punto de no retorno. Harry sabía que tenía que tomar una decisión: o poner fin al juego o confesarlo todo.

Holaaaaa. Les traigo nuevamente esta historia, la segunda parte. Espero que la disfruten mucho.

A.S.

One Shots H. S. (+18)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora