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Anna

La casa se sentía en suspenso.  Faltaban solo unos días para el parto de las mellizas, y la tensión era palpable. Yo era enorme y lenta, y la sexualidad, aunque más difícil, se había vuelto una necesidad obsesiva, una forma de anclarnos los tres antes de que el caos se instalara.
Esa tarde, Harry y Niall estaban montando la cuna doble, y yo los observaba desde el marco de la puerta de la habitación de las niñas. Necesitaba sentirlos por última vez, sin el temor de una interrupción médica.
—Necesito que paren un momento —dije, mi voz ronca.
Se giraron, cubiertos de sudor y aserrín. Sus ojos, llenos de ternura paternal, me miraron con preocupación.
—¿Estás bien, amor? ¿Son contracciones? —Harry se acercó de inmediato.
Negué con la cabeza. —No. Solo necesito ser suya  por un rato.
La comprensión brilló en los ojos de Niall. Dejó el destornillador y se acercó a mi espalda, sus manos aterrizando suavemente en la curva de mis caderas. Harry me tomó del rostro. No hicieron falta más palabras.
Nos movimos a nuestra habitación con una lentitud cargada de intención. Me desnudaron con reverencia, besando cada centímetro de mi piel hinchada. Me tumbaron de lado, la única posición que permitía la penetración profunda sin incomodar a las bebés.
—Quiero que me llenen —susurré.
Harry fue primero. Se colocó detrás de mí, su cuerpo caliente un refugio. Su pene se hundió suavemente, explorando mi interior con una ternura que se sentía más íntima que nunca. Miré por encima de mi hombro y vi a Niall arrodillado frente a mí, su mirada clavada en la unión de Harry y yo.
—Ahora tú, Niall —pedí.
Harry salió. Niall tomó mi mano y se preparó. Sentir a Niall entrar en mí fue una liberación, la última oleada de un placer sin restricciones. Me aferré a sus hombros, mis dedos se hundieron en su piel mientras él embestía con una cadencia desesperada. No era solo sexo; era un pacto.
El clímax de Niall me golpeó como un rayo. Sentí su semen caliente y espeso derramarse en mi interior. Me incorporé con un gemido, y antes de que pudiera recuperarme, Harry se posicionó frente a mí. Me tomó las caderas y se hundió de golpe en mi vagina, reclamando el lugar que Niall había dejado.
—No voy a quedar afuera —gruñó Harry, embistiendo con una furia posesiva. Me besó, y el roce de su barba contra mi piel mojada me llevó al borde una vez más. Vi la furia en sus ojos y la total rendición en su rostro cuando, con un último empuje brutal, se corrió.
Nos quedamos así por un momento, exhaustos, felices. Harry besó mi vientre, murmurando promesas a las niñas. Yo cerré los ojos, sintiéndome completa.
Y fue entonces cuando sentí la punzada.
—Mierda. —Mi voz era apenas un jadeo.
Harry y Niall me miraron, la alarma reemplazando la paz.
—¿Qué pasa, amor? —preguntó Harry, levantándose a toda prisa.
—Rompí la fuente —dije, sintiendo la humedad caliente entre mis piernas.
Niall miró el desastre en la cama. Harry, con un pragmatismo desesperado, agarró la toalla más cercana y me limpió con rapidez las piernas.
—¡Las bebés vienen! ¡Ahora! —gritó Harry.
Niall corrió hacia el buró y agarró el bolso del hospital.
—¡Ed! —gritó Harry, el recuerdo de nuestro hijo mayor naciendo en medio del caos.
Niall ni siquiera dudó. En lugar de ir directamente a la puerta, se desvió a la habitación de Ed. Regresó un minuto después con el niño, todavía somnoliento y envuelto en su manta de siesta, acunado contra su hombro.
Harry me envolvió en una bata de urgencia.
—¡Vamos al auto! ¡Voy a conducir! —gritó Niall.
—Lo has hecho genial, cariño —me dijo Harry, dándome un beso rápido. —Pero creo que ha llegado la hora del parto
Harry me tomó en sus brazos. Con Ed dormido en el hombro de Niall y el bolso del hospital balanceándose, bajamos las escaleras a toda prisa. Con el semen de ambos hombres aún en mi interior, y ahora con nuestro hijo mayor como testigo silencioso de la urgencia, supe que esta aventura de tres estaba a punto de volverse mucho más grande.

¡¡Hola nuevamente a todos!! Como ayer fue el día de la madre en Argentina, les traje este pequeño regalo.

Espero que disfruten de este capitulo tanto como yo lo disfruté escribiendo.

Pregunta: ¿cómo se imaginan las niñas?

Su escritora favorita.

A.

One Shots H. S. (+18)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora