Desperté y no era en el sofá antiguo y arañado de Julio. Desperté en su cama. Ella estaba sentada a los pies y me miraba. ¿Cuánto llevaba ahí sentada esperando? ¿Cómo coño me habían traído?
-¿Tu amigo el sincero me drogó anoche?- le pregunté
-O eso o bebes mucho. Te lo he dicho muchas veces-
-No me apetecen reproches. ¿Por qué estoy en tu cama?-
-Porque no iba a dejar que te quedases sola-
Me incorporé. La miré y torcí el gesto con una media risilla. Quería morirse pero no dejarme sola esa noche. Sé que me entendió cuando se levantó de la cama y me dio la espalda buscando algo en el armario molesta.
Me puso ropa limpia al otro lado de donde yo estaba y tardó un tiempo más en darme mis bragas examinándolas. Por un momento sentí el pellizco de pensar que incluso así le apetecía hacerme el amor
-Dúchate anda. Te va a venir bien-
-No quiero ducharme. Cojo mis cosas y me voy a casa- "¿Casa?" Pensé. ¿Cuál era ya mi casa si en ninguna de las que había vivido estaba yo?
Se cruzó de brazos frente a mí mientras se acercaba a mi lado de la cama con gesto serio
-Dúchate. Por favor. Y hablamos- medio suplicó al final
Tardé más de la cuenta porque vomité dos veces en el baño. Realmente si estaba mal. Mal por el alcohol. Mal por los nervios de qué quería hablar conmigo ella ahora. Mal porque seguía pensando en que quería morirse. En que mi amor nunca fue suficiente como para que ella se decidiese a seguir luchando. Mal por las palabras de Julio. Ella había sido una infeliz y yo la estaba haciendo infeliz ahora. Mal por mí. Porque nadie jamás pensó cuál era la manera de hacerme feliz a mí.
Cuando bajé las escaleras tenía la comida preparada en la mesa
-¿Qué hora es? ¿No tocan tostadas?-
-Las tres de la tarde- Respondió mientras servía mi plato y el suyo y los colocaba en la mesa
-¿Cómo te encuentras?- soltó viendo mi silencio y el poco apetito que ya me caracterizaba
Me encogí de hombros y decidí enfrentarla
-¿Qué tenemos que hablar?-
-Quiero pedirte perdón. Perdón por todo lo que te dije ayer. No porque fuera por hacerte daño sino porque no fueron las palabras que quise utilizar para expresar como me siento-
Me sorprendí. Cristina jamás me había pedido perdón por algo.
-También quiero pedirte perdón por no haberte hablado de Julio antes. Si te soy sincera Évora, era la única manera de saber cómo te sentías y en qué estabas pensando. Nunca jamás me has contado cómo te sientes hasta ahora que has explotado. Incluso al principio. Cuando quise acercarme a ti. Sólo supe que era recíproco por Julio. Así que aproveché la situación viendo que era más sencillo para ti comunicarte con él que conmigo-
Llevaba razón. La más absoluta razón del mundo. Y me dejó tan callada que no quise hacer ruido ni con el tenedor. Aún sabiendo que ese perdón había levantado mi apetito
-Cristina...-
-Calla- soltó sintiendo que quería terminar lo antes posible- lo voy a pelear porque quiero una vida a tu lado y al lado de mi hijo. Por nadie más. Pero necesito que entiendas que siempre existirá esa posibilidad. Y que tu vida tiene que seguir este o no este yo. Necesito saber que siempre vas a ser feliz. Con esa promesa me conformo lo suficiente como para no oponer más resistencia-
Solo la miré y asentí. Y pensé en la noche anterior con Julio. En la que me di cuenta que dentro de mí no quedaba nada para ser feliz. Pero asentirle era justo, mentirle era justo. Ella me debía muchas mentiras a mí
ESTÁS LEYENDO
Oficuo
RomanceYa nada ansío Nada mi cabeza logra ya levantar nuevo y hermoso cuando quiero vivir pienso en la muerte y cuando quiero ver... cierro los ojos M.M.
