CAPÍTULO 51. EL DÍA QUE PASÓ ALGO GORDO Y DEJÉ DE ENGAÑARME
Nunca se me ocurrió que las palabras de alguien pudieran ser tan acertadas, y tal vez también necesarias.
Y de eso me di cuenta mientras alegremente y erróneamente iba al lago a hacer crucigramas con la cabeza hecha un lio y rodeada por mis cascos azules y plateados, los cuales no emitían ningún sonido. Puede que después de aquello entendiera todo mucho mejor, pero fue de una forma demasiado dura, demasiado directa.
Corroboré también ese clásico de: "Una imagen vale más que mil palabras". Porque las palabras de Alejo pudieron despertar muchos huracanes, pero ninguno fue como el golpe de realidad que recibí al mirar por esa ventana.
La curiosidad me llamó. Y puede que esta no mate a humanos, pero sí acabó con lo que yo pensaba que era una vida de anhelos, y en realidad era la vida fácil y sencilla...
*
Moviendo la cabeza de arriba abajo, imaginaba la canción que mis cascos reproducirían en esos momentos: "august" de Taylor Swift.
Tranquila y pacíficamente zarandeaba mi cuerpo de lado a lado. Movida por el sonido de la canción invisible y aprovechando que nadie me veía, bailaba de forma ridícula e inocente.
Estaba algo impaciente por estar sola haciendo crucigramas, y pensé que sentarme en la tierra y descolgarme al suelo de abajo era buena idea. Me saltaba dar toda la vuelta y solo fue un metro y medio de caída. Siempre me había parecido que el camino que nos llevaba de la cima de la colina a la ladera, era interminable. Saltármelo por un día fue agradable. Y es que era como las rampas que te hacen dar rodeos y rodeos para llegar a un sitio, mientras la escalera se encuentra a unos pasos y te ofrece unos segundos de ventaja.
Yo tomé esa ventaja, me dejé engatusar por el regalo del mundo para llegar antes a mi destino. Que estúpido fue, por unos minutos más de crucigramas, me gané muchos momentos de lágrimas y arrepentimientos. ¿Realmente es un buen trato? Sigo sin estar segura. Todavía dudo.
Me colé por el hueco entre la cabaña de los monitoras y la 1A. Solo cuando vi un corcho llenó de bocetos y colores entreverse por la cortina, recordé que era la cabaña de Emma y Macarena. Impresionada por todo eso y fascinada porque me recordaba tanto a los cuartos increíbles de las películas que yo nunca podría tener, me dejé llevar y me asomé a esa ventana.
Podría haber sido un acto corriente, incluso me habría ayudado a admirar el talento de Emma para diseñar que solo había escuchado. Podría haber visto en ella algo más que la novia del chico de pelo blanco. Esa, a la que en el no muy fondo, envidiaba.
Bajé los cascos de mis orejas totalmente convencida de que la música colapsaba mis pensamientos. Apoyé delicadamente las manos en la pared y me pareció escuchar dentro el susurro de Pol y algunos suspiros. De forma patética seguí indagando, queriendo ver más.
Los ojos se me quedaron orondos a más no poder cuando entraron (o metí) en mi campo de visión dos cuerpos entrelazados. Un nudo que paralizó las funciones básicas de mi cuerpo llegó junto a una oleada de lo que después reconocería como "la verdad".
Sus pieles contrastaban, no demasiado pero lo suficiente como para que me escociera la garganta al ver el color pálido y similar al mío de Pol, y el no moreno, pero sí saludable de Emma.
Ya sabía que estaban juntos. Por supuesto que lo sabía. Y aún así no sabría explicar como hizo para abrir todas las puertas que mantenía cerradas bajo presión.
Se movían tan coordinados y tan en armonía que ni siquiera detuve el morboso sentimiento que me llevó a no apartar la mirada. Ni siquiera cuando una lágrima se acumuló en el lagrimal de mi ojo izquierdo.
Si yo, Thesa Lagos y solo Thesa, no hubiera sentido nada por la persona que osaba trastocarme sin tan siquiera llamarme por mi nombre real, me habría apartado corriendo, sintiendo que invadía la intimidad de alguien. Puede que más tarde, después de pensar en ello, hubiera notado el anhelo recorrer mis venas, pero no fue el caso. Casi podría jurar que se pareció más a la ira, la impotencia, la rabia.
Hizo falta que mi mano inconscientemente revelara mi presencia, o solo la de alguien, apoyándose en la ventana entreabierta, para que yo me sostuviera en la pared, evitando derrumbarme. Derrumbarme portando en mí consciencia la certeza más absoluta que llegué y llegaré a tener nunca.
Con los ojos rojos, la garganta irritada y mi piernas corriendo todo lo que me era posible y más. Fue imposible negarlo: Estaba perdida e irremediablemente enamorada de Pol. Y eso, nunca es sinónimo de un final feliz.***
Creo que no tengo nada que decir. Nos vemos el jueves con el próximo capítulo.
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Simplemente Thesa
Teen FictionThesa Lagos, y solo Thesa, llega a TeDI, un campamento perdido al norte de España y con las siglas erróneas, aconsejada por Vera. Vera, es su psicóloga y la misma que la acompañara durante el año más ¿increíble de su vida? Parece adecuado hasta el...