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CAPÍTULO 61. CUANDO LOS CONSEJOS NO SON BIEN RECIBIDOS

La misma noche en la que sentí la falta de la increíble voz de Pol recitando poesía, caí rendida a Morfeo.
—Thess, ¿estás dormida? —me preguntó Valen desde la cama de abajo.
—No —respondí sin haber cerrado los ojos más de lo que dura un parpadeo.
—Es que me da la sensación de que necesitas hablar.
—¿Y eso? —pregunté yo poniéndome de costado, como si estuviéramos de frente y no separadas por un colchón y listones de madera.
—Sé que lo de Emma y Pol te ha hecho sentir cosas, pero no entiendo muy bien porque malas. Ya no hablas tanto con él.
—¿Tanto hablábamos antes?
Una risa con resoplido escapó de sus labios.
—Claro —respondió divertida.
Un silencio se instauró mientras esperábamos a que me decidiera a hablar.
Volví a mirar el techo para no ver la habitación en la que todo estalló, y doblé las piernas.
—Le pedí que se alejara de mí —dije al final.
—¿Y eso? Ayer fuiste a hablar con él en el comedor.
—No siempre hacemos lo que decimos.
—Entiendo. ¿Pero qué pasó? ¿No te haría daño, verdad? —que su voz sonara preocupada de verdad me alegró y sonreí como consecuencia.
—Pol nunca haría daño a nadie, y lo sabes —dudé—. Al menos no a propósito.
—Entonces sí que te ha hecho daño.
—Ha hecho justo lo que todos esperábamos que hiciera: ser fiel a los suyos.
—¡¿Lo has tocado?!  —exclamó alarmada—. Ya entiendes el sentido.
—¿A Pol? Muchas veces, y de distintas formas. Cada una mejor que la anterior, y por eso mismo dolió tanto.
—¿El qué?
—Que no me correspondiera.
—No digas eso, sabes que no es cierto. Pol te quiere y por eso rompió con Emma.
La palabra sonó ajena en mi cabeza.
—Decir que me quiere es algo muy fuerte.
—¿Y decir que tú le quieres?
Me pase un dedo por los labios, recordando en mi cabeza el momento de hacía cuarenta y ocho horas.
—Creo que no —asentí—. Le quiero.
—Y él también a ti, me lo ha dicho Emma.
Me recosté rápidamente, sorprendida y me apoyé en la pared.
—¿Has hablado con ella?
—Sí, es mi amiga.
—¿Y qué eres? ¿Una especie de mediadora?
Se rió débilmente con mis palabras.
—Suena bien. —Escuché el movimiento de las sábanas—. Emma se había dado cuenta de lo que sentías, y seguir juntos la estaba destrozando. Le duele, pero sabe que su relación terminó hace tiempo. Ella se había convertido en la opción segura, en lo fácil. Y no creo que ver como tu pareja está estable contigo y nada más, sea prometedor.
—Yo veía a Pol enamorado —admití con la garganta cada vez más escocida.
—Lo estaba, pero ya no como antes. Y sinceramente, creo que ahora mismo Pol no tiene ni idea de qué hacer con su vida.
—Yo tampoco. No desde entonces.
—¿Me lo vas a contar?
—Sí, serás la única que conozca las dos caras de la moneda.
—Siempre he querido decir algo así —murmuró.
Tras sus palabras sentí cierta presión y cerré los ojos para que las lágrimas no hicieran acto de presencia.
—No tengo claro como pasó, pero de repente nuestros labios estaban a milímetros. ¡A milímetros, Valen! Me mareo solo de pensar en lo que podría haber pasado. Él preguntó si era un error, y contesté. Todavía no sé si me arrepiento de haberlo hecho. Aunque seguro que si le hubiera dejado seguir luego me habría odiado, me culparía por haberle puesto los cuernos a Em.
Resoplé
—Primero, si Pol hubiera seguido, habría sido porque quería y él tendría más culpa que tú, que para algo es su novio. Y segundo, ¿qué pasó después?
—Me marché, al rato me siguió y cuando me encontró en la playa, no sé, juraría que ya había roto con Em, estaba mal. Y yo le dije que se alejara de mí.
—Sí que habían roto, cuando hablasteis —aclaró—. Emma no quiso entrar en detalles, pero sí me dijo que Pol te estaba siguiendo e insistía en que tenía que arreglar algo.
Mis ojos se abrieron como platos ante la revelación.
—¿Pol quería arreglarlo? Yo estaba bastante segura de que me diría que no había pasado nada, que no le dijera nada a Emma, ese tipo de cosas. Creía que quería salvarse el culo y... solo venía a.. ¿disculparse? Dios, no le dejé hablar. ¡No le di tiempo! Y ahora... es tarde.
Presioné las palmas de mis manos contra mi cara, frustrada por no haberle dejado hablar, por ser tan osada como para creer saber lo que iba a decir.
—Mira Thesa, yo siempre suelo dar el mismo consejo cuando se trata de relaciones: dejarse llevar. Y ha funcionado bien a quienes se lo he dado, pero no es tu caso. Voy a decirte que aunque quieras sentir cosas nuevas, ver hasta donde puede llegar eso que habéis formado... Creo que no es tú caso, no veo a Pol preparado para empezar nada ahora mismo. Os conozco y dudo que empezar a salir os haga bien a ninguno. No estáis en el mismo punto.
Por muy amiga que fuera, sus palabras no lograron hacer mella en mí. Ya lo veía claro, sí tenía que pasar que pasara, yo no pensaba impedirlo. Ni siquiera después de tantas advertencias.

***
Ya no queda nada para la última parte...

Simplemente ThesaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora