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CAPÍTULO 68. PUF
Valen y yo mirábamos concentradas el armario que contenía toda nuestra ropa. Estábamos más que decididas a llevar el outfit perfecto para la que probablemente fuera la última fiesta de TeDI. Y nos estaba resultando realmente complicado, es decir, nosotras preparamos la maleta para un campamento con actividades al aire libre, no para fiestas.
Nos probamos prácticamente toda la ropa que teníamos en un intento de encontrar algo que no hubiéramos llevado mucho, y por tanto estuviera "muy visto", y glamuroso.
Valen eligió como pieza base una chaqueta vaquera corta que encontró en mi zona. Partiendo de ahí, ella había traído un top morado recto y de tirantes finos que le quedaba de miedo y le obligué a llevarlo.
Yo, bueno, tras el segundo episodio de desesperación, recordé que había traído una falda como con cosas raras de tul beige, me la había regalo mi madre unos días antes de irme y me apetecía estrenarla. Claramente era la noche. Pensé en combinarla con una camiseta ancha de tirantes con letras negras, pero Valentina dijo literalmente:
—Estás adorable Thesa, de verdad. Pero no buscamos estar adorables sino se-xis —y lo dijo separando las sílabas para enfatizar. Agregó—: Carla estaría muy orgullosa de mi actitud.
Sonrió y apreté los labios en una sonrisa sin saber de quién se trataba.
—Es una amiga de Madrid, te la presentaré cuando volvamos.
Y Dios, eso sí que era suerte. Ambas vivíamos en la capital, ¿era o no era glorioso?
Mi compañera rebuscó entre mi montón de tops y camisetas en busca de algo que le cuadrara. Y sacó uno negro básico.
—¿Eso?
Asintió lentamente.
—Justamente esto, porque, tengo la pieza maestra.
Fue en dirección a su maleta morada y sacó de ella una chaqueta de cuero también morada.
Levanté las cejas hasta lograr lo que a mí me pareció un camuflaje con el nacimiento de mi pelo.
—¿Y traes una chaqueta de cuero morada para un campamento?
Se encogió de hombros.
—¿Ves tú a Jughead en algún momento sin su gorro? No, ¿verdad? Por eso mismo yo no voy nunca sin mi chaqueta. Y sin mis botas, pero me ocupaban demasiado para lo poco que me iban a servir y tuve que hacer un sacrificio.
—En realidad Jughead se quita el gorro en muy exclusivas ocasiones, pero... —la mirada retadora de Valen me hizo callar—. Está bien, la llevaré.
Metí los brazos y de un movimiento me la ajusté. Se iba algo más pequeña que a mi amiga, pero la verdad: era asombroso.
Observé mi reflejo en el espejo.
—Casi parezco tú.
*
Agradeciendo que ni lloviera ni hiciera un calor de mil demonios para llevar chaqueta, llegamos hasta la cabaña de la fiesta: 5B, la que correspondía a la nuestra al otro lado de la ladera.
No podía decir que estuviera teniendo un brote de seguridad de esos que a la gente le suele causar la ropa top. Estaba nerviosa, hiperactiva, porque quería hacer que Pol me viera y se quedara igual de embobado como yo cada vez que lo veía a él. Según Valen el look me quedaba increíble, yo me veía bastante bien, pero uf, que los nervios estaban igual.
Entramos sin llamar, el alboroto nos garantizaba que nadie iba a escuchar unos débiles golpes en la puerta.
Decir que la cabaña estaba a rebosar de gente, es ser humilde, porque había personas hasta sobre las literas y las mesas. Al parecer todos teníamos la misma idea, TeDI estaba llegando a su fin.
Primero nos encontramos con Daniel y Tobías, quienes bailaban de forma simple y sincronizada. Iba a decir añadir que eran pasos ridículos con semejanzas a los de One Direction, pero nada que tenga que ver con ese grupo puede ser considerado ridículo, así que ya me entendéis. Valentina intentó disimular unas carcajadas y yo rodé los ojos tratando de ocultar el pánico que me estaba acechando.
Mi amiga y apoyo, se encaminó dando saltitos muy inocentemente a donde su novio lo daba todo. Y allí empezó lo peor.
Dejé de estar en mi burbuja y fui consiente del ruido de la música retumbando por toda la sala y recordándome porqué prefería unos buenos cascos particulares. No estaban los treinta campista congregados allí, pero los treinta sí que los rondaban y en una cabaña de ¿seis metros cuadrados? (Lo mío no es la visión espacial), era abusivo. Intenté llegar a algún sitio vacío sin tener claro cuál, y ese fue un fallo pues acabé chocando con varias personas.
Me abroché la chaqueta de cuero (incluso con el calor que desprendían los cuerpos) en un intentó de protegerme.           
Llegué al escritorio y me apoyé en él, esto no iba a salir bien. Intenté llamar la atención de Valentina para que viera lo mucho que se habían torcido las cosas y me salvara, pero estaba tan entretenida aprendiéndose los pasos de baile que me sentiría mal si le cortara el rollo.
Busqué una solución alternativa, no quería echar a perder toda la noche por, por mí.
Un chico me pasó la mano por el brazo, y entonces sí entré en pánico. Tomé aire con fuerza y de forma irregular me obligué a seguir espirando.
Pensé en salir fuera y correr a la piscina cuando un Leo preocupado vino a mi encuentro. Él no sabía nada de mi fobia, pero teniendo en cuenta que iba a ver a su madre entrevería que algo pasaba.
—Necesitas algo, ¿Thess? —me preguntó como si lleváramos toda la vida siendo amigos.
Intenté hablar, abrir la boca, pero estaba aterrada y paralizada. Las ganas que tenía de llorar hasta quedarme seca eran difíciles de contener. Y no lo hice, al menos no del todo, los ojos se me humedecieron.
Me esforcé en pedirle que me ayudara a salir, pero fueron otras las palabras que escaparon de mis labios.
—Pol, ¿dónde está?
Esbozó una suave y tranquilizadora sonrisa.
—Está en el baño, ahora le digo que venga.
Y en dos cortos minutos que me parecieron eternos, él estuvo a mi lado, consiguiendo todo el espacio que le fue posible.
Su rostro se ensombreció al verme y me recorrió con la mirada de arriba abajo, la débil sonrisa de medio lado que me dedicó sería suficiente para compensar el más rato cuando recordara esa noche.
—Vámonos —le pedí temblando.
Asintió con firmeza y nos abrió paso entre la gente, se aseguró con dedicación de que nadie me rozara siquiera y me derretí un poco con eso. Podía estar muy mal, pero los gestos monos son gestos monos siempre.
Solo cuando el aire fresco me azotó el rostro me permití cerrar los ojos y centrarme en estabilizarme. No logré mucho, las dos respiraciones de Vera no hicieron una mierda y yo ya no sabía cómo detener mis ritmos entrecortados.
Sollocé de rabia por haber fracasado tanto, por no ser capaz de ir a una miserable fiesta de campamento, por haber decepcionado a Pol que trataba de ayudarme con todo.
—Te he fallado —murmuré, creí que para mí hasta que sus brazos me rodearon con fuerza.
Me removí un poco, por auto reflejo o cualquier otra cosa, y al segundo sentí el cálido aliento de Pol en mi oreja y sus manos acunando mi cabeza.
—Soy yo, Theresa, no te va a pasar nada. Soy Pol.
Dejando caer las primeras lágrimas me apoyé en su pecho y me aferré con fuerza a su camiseta sin arrugas.
—Nunca lo conseguiré —dije antes de que me cogiera en brazos y nos llevara a un lugar más alejado, donde la musica apenas era más que un susurro.
—Es que ya lo has conseguido —dijo él y pude escuchar su risa nerviosa.
Negué desgastada.
—Os he fallado a todos, confiáis en mí y soy una apuesta perdida. No os dais cuenta.
—Esto no es ninguna apuesta, Thesa, es tu vida. Y nunca has decepcionado a nadie, es imposible que lo hagas cuando luchas día tras día.
—En vano, lucho en vano.
—Si enfrentarse a una fobia como la tuya es luchar en vano —resopló—, ojalá todos lo hicieran como tú.
—He vuelto al nivel uno, ¡o al cero!
—Si te vieras como yo te veo no dirías esas cosas.
Apoyó su frente en la mía y ya estaba al menos preparada para abrir los ojos y subir las manos a su nuca.
—Eso es lo que se dice siempre.
—Y no por eso deja de ser menos válido.

***
Hasta aquí el capítulo de hoy. No os olvidéis de votar si os ha gustado.
Y una última cosa,  muchas gracias por las mil lecturas en ST.

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