CAPÍTULO 37. SIEMPRE HAY UN COMIENZO
14 de junio
Bailaba por las escaleras al ritmo de "Music for a sushi restaurant" de Harry Styles. Grité al ritmo de Harry anunciando que Thesa había llegado. Moví los hombros lentamente y subí dando saltitos.
Sí, estaba de buen humor.
Y no, no estaba preparada para lo que Vera me diría.
Abrí la puerta con los últimos segundos de la canción y Vera dijo algo que no escuché. Apoyé los cascos azules y plateados en mis hombros.
—¿Qué decías? —pregunté.
—Olvídalo, no era nada.
Hice un puchero que no obtuvo la atención que me gustaría.
—Ven, siéntate aquí.
Vera señaló la silla al otro lado de su escritorio y yo pasé la mirada de mi sillón de cuero a la silla.
—¿Ahí?
—Sí, no muerde. Quiero enseñarte algo.
Levanté las cejas escéptica y apoyé mi culo en la silla. Arrugué la nariz con disguto al ver que mis pantorrillas no se pegaban al asiento.
—Tu madre ya lo sabe y está de acuerdo conmigo en que te vendrá bien.
—Eso me deja mucho más tranquila. —ironicé.
Aunque en realidad me dejo llena de preguntas. ¿En qué momento mi madre hace algo sin avisarme? Bueno, bien, que puede hacer cosas a mis espaldas, pero... ¿algo relacionado con mi psicóloga? Eso es muy heavy.
Giré el anillo de mi dedo tratando de recordar un momento en los días anteriores en los que mamá se fuera a hacer algo sospechoso. Saqué el anillo del índice y lo pasé al corazón. No, no había habido ningún día. Temí, temí por la integridad de mi persona.
Vera me miró a través del monitor del ordenador y bajó la vista a la pantalla para empezar a teclear algo. Anda, pero si sabía mecanografía. Yo lo intenté cuando me pusieron ordenadores en la escuela, fracasé, no tuve la paciencia necesaria.
—Llevamos muchos meses juntas... —empezó Vera.
—Sí —confirmé llevándome un entrecejo fruncido.
—Y estás avanzando mucho, tu madre y yo estamos muy orgullosas de ti. Supongo que tú también.
—Sí.
—Sé que no hemos logrado encontrar el inicio de tu hafefobia, y a pesar de que tenemos una hipótesis que es la más común, no lo sabemos a ciencia cierta y eso te puede generar ansiedad.
—No en realidad.
La verdad es que saber cómo empezó, me preocupaba poco. ¿Qué más da como empiece algo que ya está aquí? Saber el comienzo no implicaba llegar al final. Y la hipótesis de la que hablaba Vera me servía para dejar de pensar cuando me ponía en bucle a resolver por qué diantres había acabado yo con esa fobia de nombre horrible y visitando al psicólogo en vez de salir de fiesta. Dejar que mi mente pensara que en algún momento de mi infancia había visto un maltrato, a alguien golpeando a una persona o no sé, cualquier cosa del estilo, era liberador. Liberador no en el sentido de que sea bueno, si no en que es más fácil que seguir pensando.
—Thesa —uf, ese nombre sonó muy... ¿fuerte? ¿Impactante?—, ha llegado el momento de actuar.
—Oh no —agregué dramática. Eso no podía traer nada bueno— ¿Va a ser paulatino?
—¿Es que no recuerdas las ganas de empezar a avanzar que tenías al principio?
—Sí —murmuré disgustada por tenerlo tan en la cabeza—, pero ahora estoy cómoda viniendo a hablar contigo tan a menudo.
—Me temo que vas a estar un tiempo sin venir.
—¿Un tiempo? ¿Y qué hago con Leo?
Puso una mueca extrañada y fea que hasta a ella la tomó por sorpresa. Mordí mi labio inferior reprimiendo una risa.
—Mira, Thesa, si realmente te interesa Leo te doy su número y ya está.
Tapé mi cara con las manos.
—¿Tiene novia? —me atreví a preguntar asomando un ojo marrón por entre mis dedos.
—No, no tiene novia. ¿Te doy o no su número? Quiero contártelo.
Lo sopesé.
—No, da igual, es posible que esté destinada a vivir una vida trágica.
Vera se pellizcó el puente de la nariz y yo sonreí retrepándome en la silla.
—¿Cuanto tiempo estaré sin verla?
Sí, ahora alternaba entre tutearla y no, todo según el nivel de camaradería que quisiera.
—Un mes.
—¿Y de verdad cree que me irá bien sola tanto tiempo?
—Thesa, es el momento perfecto y aún nos falta un tiempo.
—Oh Dios mío. No podré, a quién le cuento mis dramas.
—Haremos una videollamada, ¿de acuerdo?
—¿Pero qué va a pasar?
Vera sonrió y giró el monitor para mostrarme una página web de ¿un campamento?, ¿de desconexión?
—¿Lograrías imaginarte en un campamento? —me preguntó Vera.
—¿Y tú en reality? —Vera sonrió con algo de impaciencia y desespero—. ¿Ha visto? Pensamos lo mismo.
Me levanté de la silla de golpe dispuesta a mostrarme ofendida y enfadada. La silla cayó hacía atrás y golpeó el suelo.
—Uy, perdón —dije antes de meterme de lleno en el papel— ¿de verdad mi madre está de acuerdo? Yo en un campamento pinto negativo. ¡Por favor!
—Déjame explicártelo.
—Es que no lo veo. Hay gente en los campamentos, mucha gente.
—En este no, es un campamento bastante exclusivo. No aceptan a más de treinta personas, suelen ir los de siempre y amigos de los veteranos. Cosas así.
—¿Y yo? ¿De quién soy amiga?
—Es de desconexión, suelo recomendar a pacientes. El sitio es muy bonito y se crean buenas experiencias.
Abrí la boca, pero la cerré al pensar que preguntar si Leo iba era una mala idea.
—¿Va alguien más de tus pacientes?
—Me gusta que te incluyas en esa lista.
Cerré los ojos con fuerza y quise gritar.
—Responde, por favor —le pedí, estaba entrando en pánico.
—No, solo te lo he propuesto a ti.
—¡Que afortunada me siento, soy la elegida! —exclamé irónica.
—Thesa, respira hondo. Dos respiraciones.
—¡No quiero respirar! —grité alterada.
Sujeté mi cabeza con fuerza entre las manos cuando la habitación empezó a dar vueltas. No podía ir a un campamento, allí estaría sola. Tendría que buscarme la vida en un supuesto paraíso lleno de ¿adolescentes?, ¿universitarios? Ni siquiera lo sabía.
Por mi mente pasaron millones de imágenes de posibles contactos con personas. Roces, apretones de manos, choques, besos, congas, bailes, fogatas apretujadas, unas barcas compartidas que me había dado tiempo a ver en la página web.
—¡Vale, sí, necesito respirar!
Me dejé caer, o me caí sobre mi sillón y me encogí en una bola. ¿De verdad mi madre creía que estaba preparada para algo así? ¡Era una locura!
Obligándome a poner mi mente en todo lo blanco que era capaz, comencé a respirar. Y a llorar, fue todo al mismo tiempo, de impotencia y desesperación. Yo quería avanzar, actuar, seguía teniendo esa energía del principio. Sabía que había avanzado, pero no lo suficiente. ¿Cómo iba a ir a un campamento? «En bus» me dijo el imbécil de mi subconsciente.
Era demasiado pronto, siempre lo sería.
Logré estabilizarme y Vera, que había pasado a estar sentada en su sofá de siempre e inclinada hacía delante, me pasó un pañuelo. Sequé mis lágrimas.
—Se llama TeDI —dijo por primera vez en lo que bien pudo ser un largo rato, y probablemente viendo que me lo estaba planteando.
—Nada bueno puede salir de algo así.***
¿Y vosotros qué opináis? ¿Puede salir algo bueno?
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Simplemente Thesa
Dla nastolatkówThesa Lagos, y solo Thesa, llega a TeDI, un campamento perdido al norte de España y con las siglas erróneas, aconsejada por Vera. Vera, es su psicóloga y la misma que la acompañara durante el año más ¿increíble de su vida? Parece adecuado hasta el...