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CAPÍTULO 60. ¿SE PUEDE ESTAR VIVA DESPUÉS  DE ALGO ASÍ?

El buen rollo y las buenas vibras habían desaparecido en TeDI, o al menos a mí me daba esa impresión. Era como si hubiera pasado horas buceando en la piscina sin gafas y el cloro pasase factura con mis ojos, lo veía todo nublado, gris y triste.
    Apenas habían pasado cuarenta y ocho horas desde la fatídica noche y todo el mundo hablaba de la ruptura de Emma y Pol. Era el bombazo del verano. Y yo, yo me sentía más que culpable, si alguien había provocado eso, había sido yo. Ellos seguirían juntos de no haber sido por mí. Si al menos hubiese podido sacar algo en positivo de todo eso, pero es que no podía ni alegrarme de que Pol estuviera soltero, eso era muy sádico y no era mi estilo. Por no hablar de que le había dejado claro que se alejara de mí lo máximo posible.
    Solo sabía que deseaba por encina de todo que mi aventura en TeDI acabara de una maldita vez.
    Subí la rampa que daba al comedor para la cena sin dejar de escuchar los comentarios de la gente. Como era de esperar, nadie se calló o se ahorró sus comentarios con respecto al fin de la relación. Durante todo el día había tenido que aguantar como decían que Pol había puesto los cuernos a Emma, dejando caer que fue conmigo. El campamento había creado dos bandos: o estabas con Emma o con Pol, y sí, solo nos faltaban los lazos para estar en Stars Hollow. Cada uno defendía la inocencia del otro y mientras, ninguno de ellos se juntaba con el resto. Bueno, al menos Emma y Macarena parecían haber fundado el club "Ex de Pol" y andaban juntas a todos lados, apoyándose las unas a las otras. Cada vez que veía a Emma en chandal o con simples vestidos, mi cuerpo se retorcía un poco más, culpándome por haberle causado dolor, y por las consecuencias de dejar pasar a Pol por tu vida. Por el lado contrarío estaban las chicas que no habían desperdiciado la oportunidad y no se despegaban del alma en pena que era el chico de pelo blanco. Lo único que hacía Pol, era caminar de un lado a otro con las exclusivas galletas que conseguía en cocinas. Y cuando nuestras miradas se encontraban, él me la sostenía unos segundos, recordándome que estaba ahí, que pese a todo aún podía contar con él y que si silbaba aparecería a mi lado, hasta que proseguía por su camino. Lo peor de todo, sin duda, no fue ver la cara de pena que me dedicaban Valen o Alejo, quienes habían presagiado este funesto final antes que ninguno, sino ver las ojeras que ni siquiera había creído que fueran posibles en Pol, eran tan moradas como se describían en los libros. Si me dijeran que se estaba convirtiendo en un cadáver me lo habría creído sin titubear.
    En la mesa cenando antes de ir a la hora veinticinco, estábamos Valen, Daniel, Tobías, Alejo y el ser perdido por el mundo que me consideraba. Valen, que se encontraba a mi lado se inclinó para chocar nuestros hombros de costado y que yo pudiera sentir su apoyo. No entendí el motivo hasta que Pol apareció en escena. Pasó por nuestro lado en dirección a las bandejas llenas de comida y su sonrisa triste no sirvió para compensar el vacío que sentía al no chocar nuestras manos.
    —Voy a por algo de picar —anuncié levantándome sin pararme a ver sus reacciones.
    Como si fuera una campista cualquiera cogí una bandeja y la apoyé sobre las barras de metal mientras la arrastraba en dirección a Pol.
    Alterné la vista entre sus manos grandes agarrando con fuerza la bandeja y las mías, en concreto la izquierda, donde llevaba el anillo plateado de mi madre y la pulsera de colores de la que fue la primera persona que logró que me enamorara.
    No sé si me acerqué a él porque echaba de menos pasar tiempo juntos o porque no soportaba la idea de no volver a hablarle, pese a haber sido yo misma la que se lo pidió. Y como él se había molestado en recalcar, era un caballero y no me haría sentir incomoda a posta, así que me tocaba a mí.
    —Aún no te he dado el regalo —dije lentamente y lo suficientemente bajito para que solo él me oyera y no el resto de cotillas.
    —¿Estás segura de que quieres dármelo? —preguntó a la vez que le señalaba la bandeja con decenas de tortillas de patata perfectamente cortadas en cuadrados, a la cocinera.
    —Solo tú lo entenderías —agregué consiguiendo sorprenderlo, pues se paró de golpe para después seguir como si no hubiera pasado nada.
    —No deberíamos estar juntos, no quiero hacerle más daño a Em del que ya le he hecho. Y además se supone que me odias.
    —Odiarte sería demasiado fácil —dije mientras recibía mi propia ración de comida.
    —¿Y no te va lo fácil o qué? —sus preciosos ojos azules me miraron de reojo unos instantes,en los que recordé (si es que había llegado a olvidarlo) lo intensos y vibrantes que eran. Más aún ahora en contraste con las ojeras oscuras.
    ¿Cómo podía mirar de esa manera y con esos ojos siendo una persona humana? Flipaba cada día más.
    Y carraspeé al darme cuenta de que me había tomado demasiado tiempo para pensar.
    —No tengo claro ni si me gusta ese camino fácil, bueno sí, nunca te odiaría.
    —¿Ni después de romperte el corazón?
    —Es muy arrogante por tu parte creer que me has roto el corazón.
    Dejó escapar el aire derrotado.
    —Puede. Ahora mismo tengo la impresión de que tengo a demasiada gente en contra.
    —Es más que una impresión.
    Mis palabras de alguna forma consiguieron sacarle una risa floja y baja.
    —¿Quieres venir a mi mesa?
    Su expresión dijo algo así: "¿No has escuchado lo que he dicho?" Y por eso añadí rápidamente:
    —¡Hay más gente! Están ellos, y es normal que vengas, somos amigos —Dolió un huevo decir aquello—. Emma sabe que puede venir cuando quiera.
    —Emma no me va a dirigir la palabra en la vida.
    Dejándome muda se alejó de la zona de las bandejas. «A la próxima lo conseguirás Thesa», pensé asumiendo la derrota.
    —Oye, ¿vamos a tu mesa o no?
    Sonreí con sinceridad y casi derramo la bebida por lo rápido que me moví.
    Y sí, consideraba esas cuarenta y ocho horas luto suficiente. Pol me caían bien y lograría olvidarme de él estando con él.
*
A la noche, por mucho que ya hubiera vuelto mi comunicación con Pol, no fue todo igual. No fue igual porque llegó la hora de recitar poesía, su momento favorito de la semana (por eso mismo también uno de los míos) y... no lo vivió como siempre. No recitó en esa hora veinticinco, bautizada así por Valen. Ella sí nos volvió a sorprender con su voz alegre y viva. ¿Y yo? ¿estaba viva o respiraba y trataba de no pensar en lo mucho que se habían fastidiado las cosas?

***
Tampoco han logrado estar mucho tiempo separados...
Pronto el final de la tercera parte. El jueves continuamos...

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