76

7 3 2
                                    

CAPÍTULO 76. Y SOLO ME QUEDÓ LA ARENA


Buah, no sabes lo que es sentir el vacío, la tristeza y la soledad, hasta que no te encuentras en tu antigua cama (que en realidad es la de siempre) después de haber vuelto de un sueño rodeada de gente asombrosa y haber vivido el mes más intenso de tu vida.
Es que no exagero, sentía el mismo vacío existencial que te generan las series largas, pero mucho más profundo. Esa sensación de no saber qué hacer al acabar. Pero es aún peor, en las series volver a poner el primer capítulo cuando quieras es fácil, no puedes, en cambio, volver al 4 de julio.
Mi móvil, ese IPhone cuyo peso ahora me resultaba extraño, estaba en mi mesilla y... no paraba de sonar. Al parecer todos teníamos la misma necesidad de TeDI, la palpábamos en nuestro pulso. Pero yo necesitaba pasar el duelo en soledad.
La ventana de mi cuarto, justo encima del lateral mi cama pegada a la pared, daba a una realidad que no recordaba. ¡Y que iba a ser la mía durante el resto del verano! Bajé el estor para poder seguir imaginando que el tráfico era en realidad el canto de los pájaros, y los edificios, las cabañas. La hierba de la ladera era mi alfombra mullida y los postes con las bombillas eran mi columna. Y claro, yo estaba a un metro del suelo, sobre la litera, porque Valentina estaba debajo.
Suspiré abriendo los ojos cuando una ambulancia pasó por mi calle. «Bienvenida a casa» fue lo que traduje de su característico sonido.
—¡Thesa! ¡Sal ya a comer que son las tres de la tarde y ven a contármelo todo! —gritó mi madre desde el comedor.
Ahí fue cuando me lamenté por no haberla llamado todos los días, habría sido mucho más fácil contárselo todo a través del teléfono y no en persona. Iba a tener que narrar todo sin que se diera cuenta de la santa devoción que le juraba a Pol Luna. O no, lo mejor sería que supiera lo de mi "novio", no, espera, sin comillas: Lo de mi novio.  Sino cuando le dijera lo del billete dirección Barcelona que iba a comprar sería demasiado para procesar.
Dios mío, es que no tenía hambre, solo quería llorar y llamar a Alejo, que me motivara y llamar a Pol más tarde.
Me recosté en la cama a regañadientes, recoloqué bien el anillo que se me había movido y... reviví el precioso momento en que le conté a Pol la historia que contenía y, por tanto, el marco temporal que lo rodeaba (sin escatimar en detalles). De alguna forma consiguió subirme al ánimo.
Pero entonces vi la pequeña botella con arena de la playa de TeDI, un regalo de Leo, quién había sido más consiente que yo de que íbamos a echar de menos esos días. Tener un trozo de aquel lugar sería muy reconfortante otro día, el día de la vuelta solo me traía más tristeza. La herida estaba muy tierna.
Recogí el recipiente de cristal con las manos temblorosas y supe lo que necesitaba.
—Vera —empecé a decir en cuanto descolgó la llamada—, necesito verte. ¿El día catorce está bien?
Sí, el catorce, necesitaría esos casi diez días para procesar y asumir mi nueva realidad.

***
Esto va a a ser duro...

Simplemente ThesaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora