CAPÍTULO 5. MÉDICOS MUY MÉDICOS
14 de febrero
El anillo, usualmente en mi dedo índice, pasaba por todos aquellos que lo aceptaban, solo el pulgar se resistía a acogerlo.
—Thesa, llevamos ya unas semanas tratando de descifrar la raíz del problema —asentí con la cabeza—. Por el momento nada de lo que me has contado ha sido concluyente, ni siquiera hemos podido aproximar una edad o etapa de comienzo, está claro que ha ido creciendo muy poco a poco. No es un problema, esto no va a evitar que lo superes, es solo una pequeña dificultad.
«Genial, dificultades» pensé en tono irónico.
Mis piernas adoptaron la posición del indio sobre el sillón de cuero azul marino, estaba algo agrietado, pero me gustaba, deslizaba por él.
Mi mente trató por millonésima vez de encontrar algo, algo que me aportara algún tipo de información. No lo encontraba. Vera me había dicho que había veces en las que tan solo con ver a alguien que trata de evitar el contacto de otra persona de forma recurrente es suficiente para desarrollar la fobia. No recordaba nada parecido en mi vida, todo era aparentemente normal, pero estaba claro que algo hubo.
—Vamos a dejar este tema a parte por un tiempo. Hoy vamos a hacer algo distinto. Trataremos de ver tu patrón, algo que te haga conocer más tu fobia. La información es poder, conocer tu problema te ayudará a superarlo. Poder predecirlo.
—Ya sé predecirlo, si me van a tocar, entro en pánico, sencillo.
—Bien Thesa, pero no todos los contactos serán iguales —Levantó las cejas haciéndome ver algo que no vi—. Un día de estos analizaremos tu comportamiento, pero hoy quiero que me cuentes una de estas situaciones, alguna que te marcara.
—Yo quiero empezar con el tratamiento. Estoy lista, llevamos semanas hablando. Quiero entrar en acción.
Vera suspiro antes de formar una mueca rara con su boca.
—Thesa, para poder correr hay que aprender primero a andar.
—¡Deja de decir tópicos! Me aburres. —le dije bruscamente.
—Venga Thesa, piensa en un momento que te marcara.
Viendo que mi rabieta no iba a llegar a ningún sitio, deje a un lado mi comportamiento adolescente y me centré.
No sería muy difícil encontrar alguna situación donde mi fobia fuera la protagonista. Pero una gorda, gorda de verdad...
Pensé.
Me devané los sesos y me pregunté porque me costó tanto, cuando ya la tuve en la cabeza.
—Fue en el colegio, estaríamos en sexto de primaria. No sé cuantos años tendría, doce tal vez —miré la pared azul llena de diplomas—. Habían venido un grupo de médicos, no tengo claro que fueran médicos médicos. La cuestión es que venían a impartir un curso de primeros auxilios, no era la primera vez, pero fue distinta.
Vera tecleó algo en el ordenador.
—De normal nos enseñaban a apagar el fuego de las sartenes, a hacer los masajes cardiacos en muñecos o nos ponían gafas que simulaban estar borracho. Pero esa vez practicamos la maniobra de Heimlich. Con nuestros compañeros.
La psicóloga asintió dándose cuenta de por donde iban a ir los tiros en este rodeo.
—Me tocó con mi compañero de pupitre. Nos sentábamos en parejas, y bueno —me di cuenta de algo—, es posible de que por aquel entonces no me pasara con tanta intensidad, creo que ni siquiera era consciente. Puede que fuera incrementando con los años, como dices. No sé si será el primer acontecimiento, no me pareció extraño evadir el contacto humano, pero es el primero que recuerdo claramente.
—Eso puede ayudarnos, Thesa. —su tono aunque fue meditado y pausado, me hizo entrever que se estaba dando la razón, aún teníamos cosas de las que hablar.
—Fuimos los primeros en hacerlo. Salimos al centro de la clase, todos nos estaban mirando, muchos se divertían. Él me gustaba y yo a él, por eso se reían, todos lo sabían. —aclaré.
—¿Llegasteis a salir? —me preguntó vera.
—No, no. Imposible, no habría sido capaz —bajé la cabeza a mi regazo—. Nunca he salido con nadie.
No hizo ningún comentario al respecto, por lo que continué hablando.
—Empezó él, era algo tímido y rodeó lentamente mi cintura con sus brazos. Me puse nerviosa, no sabría distinguir si por que fuera él o por la fobia. Cada vez me costaba un poco más respirar —solté un risilla carente de alegría—. A penas me tocó, lo justo para que los instructores dieran su aprobación. Apoyó sus manos en la parte baja de mis costillas y presionó ligeramente. Un segundo después, ya estaba a un metro de mí.
»Esa parte fue la fácil. Algo de perdida de control y poco más. Lo peor vino cuando se la tuve que hacer a él. No fui capaz —sonreí sin separar los labios— Me entró el pánico de verdad, ni una sola parte de mi cerebro era capaz de imaginarme realizando la sencilla maniobra, no podía. Me bloqueé, me paralicé. Se me formó un nudo en el pecho y me entraron ganas de llorar, no iba a poder hacerlo, lo supe. Tuve que recurrir a una de mis evasivas, se me dan bien, también mentir. Pero a usted no la miento —la miré unos segundos y vi que realmente estaba interesada en lo que le contaba—. Aproveché que el resto de alumnos había empezado a practicar y me acerqué a él lo suficiente para que nadie más escuchara «Lo siento, no voy a poder hacerlo. Pero te prometo que si algún día te estas muriendo, seré la primera que ira a ayudarte» le dije, me senté y él se sentó en su sitio, a mi lado. Solo me miró y me sonrió, me sonrió con pena. Nunca olvidaré su expresión.***
Os pongo este capítulo porque Julia fue muy maja y yo me he despertado generosa, pero muchos comentarios no hubo, eh.
Y si todavía no me seguís, os animo a hacerlo.
Nos vemos en el próximo capítulo (el lunes).
🛖🛖🛖
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Simplemente Thesa
Teen FictionThesa Lagos, y solo Thesa, llega a TeDI, un campamento perdido al norte de España y con las siglas erróneas, aconsejada por Vera. Vera, es su psicóloga y la misma que la acompañara durante el año más ¿increíble de su vida? Parece adecuado hasta el...