Supervivencia del más apto

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Finnick se despertó abruptamente con el sonido de huesos rompiéndose, sobresaltado. No había sido solo una pesadilla, sino un recuerdo espantoso. La muerte de Cala se sumó a la lista de visiones aterradoras que lo atormentaban al dormir: el repugnante sonido de su cuerpo cayendo metros al suelo y el efecto del veneno en su cuerpo moribundo, necrosando con rapidez el lugar de la mordedura.

Él la había conducido a la muerte con ese estúpido regalo de patrocinador, y eso era lo que más le dolía: su tributo estaba muerta, y era obra suya. Lory, Peggy, Mima, Sol, Marina, y ahora también Cala...7 años y 6 chicas muertas bajo su cuidado...

¿Estaba realmente ayudando, o era más un obstáculo que una mano amiga como mentor?

Había estado tan obsesionado con terminar sus años obligatorios que apenas lo había pensado. Sí, es posible que solo fuera un niño cuando comenzó, pero también había sido el ganador más joven de los Juegos del Hambre, por lo que se sintió con derecho a aceptar el trabajo desde el principio, sin siquiera cuestionarse si aquello era lo mejor para los tributos del Distrito 4. "Soy lo que tienen, y seré lo mejor posible", siempre había dicho, y lo había dicho en serio... ¿pero acaso eso era suficiente?

En 7 años solo había logrado salvar a 2 chicas durante los Juegos, y a Sol le esperó una muerte cruel siendo vencedora debido a sus imprudentes decisiones, ¿en verdad estaba a la altura de ser mentor? Con tantos fantasmas de jóvenes persiguiéndolo en sueños por sus muertes, estaba empezando a pensar que no. Ahora solo tenía a Annie, su vencedora coronada con plata, y ni siquiera se atrevía a pensar en qué sería de él si la perdía. No podía perderla, necesitaba estar a su lado...pero por supuesto, Snow no lo permitiría. La muerte de Cala había sido hace 5 días, pero no podía abandonar el Capitolio hasta que terminaran los juegos.

No solo le había prohibido volver a casa, sino que debía atender clientes ahora que estaba "libre" de sus responsabilidades como mentor ese año. Los juegos todavía estaban en marcha, y no sabía cuánto tiempo estaría lejos del 4, de Annie y Mags...

-Mierda, te ves fatal- dijo Johanna a modo de saludo, sentándose a su lado de una forma casi demasiado cercana, con las rodillas tocándose y su cuerpo apenas pegado a su costado. Finnick forzó una sonrisa, respondiendo juguetonamente.

-Eso es imposible, preciosa, pero supongo que mi humor se nota. ¿Cómo estás, Jo?

-Sorprendida de que mi chica siga con vida: lo bueno que encontró un buen árbol para esconderse- Caroline había encontrado refugio en un frondoso ejemplar lleno de provisiones, y tras deshacerse de algunos tributos arrojándoles cuchillos desde las alturas, se estableció, atacando solo a quien la amenazaba-. Es una ermitaña.

-La arena no ayuda: la ansiedad ya es bastante cuando puedes ver, debe ser infernal no poder distinguir nada más allá de tu brazo- Johanna solo asintió, claramente sin importarle el aspecto emocional de los Juegos, como si ella no hubiera entrado en un frenesí asesino debido al estrés en su momento-. Me alegro por Caroline. Cuídala, Johanna...-la chica suspiró, cruzándose de brazos mientras negaba con la cabeza.

-Si le consigo patrocinadores, se sentirán con derecho a hacerle lo que me hicieron a mí: no dejaré que eso suceda, incluso si lo encuentras cruel- explicó con firmeza.

-Entonces, ¿ahora está sola? - preguntó con el ceño fruncido. Odiaba cuando los mentores tomaban esa postura: ¿qué tan apático tenías que ser para no cuidar a un niño bajo tu cuidado? Sabía que no era el mejor, pero al menos aún le importaba...

-Traté de ayudarla durante la semana de entrenamiento: si me escuchó o no, eso fue decisión suya. Mi papá me enseñó a levantar mi propio peso, no a cargar con el de los demás: por los únicos por los que estaba dispuesta a hacer eso llevan muertos muchos meses- cualquier molestia que Finnick hubiera sentido por el egoísmo de Johanna se desvaneció tan pronto como ella dijo eso: estaba en duelo, no podía ser tan duro al juzgarla. Levantar tu propio peso en lugar del de los demás parecía un buen consejo para una hija, por muy egoísta que pudiera resultar: Panem era una tierra egoísta, y las personas así eran las que sobrevivían-. Y por eso odio estar en deuda contigo- reconoció algo avergonzada, poniendo mala cara.

Contracorriente | La Historia de Annie Cresta y Finnick OdairDonde viven las historias. Descúbrelo ahora