levi

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Anime : Ataque titán
Pareja : Kagome x Levi
Advertencias: ninguna

La niebla se disipaba lentamente sobre las ruinas de lo que alguna vez fue una ciudad bulliciosa. Kagome caminaba con cautela, sujetando su arco con firmeza. No estaba segura de cómo había llegado ahí, solo que la perla de Shikon había brillado con intensidad justo antes de que todo se desvaneciera.

—Tsk. Otra inútil más en el camino—

Kagome giró la cabeza y se encontró con un hombre de mirada fría y uniforme oscuro, que la observaba como si fuera una molestia.

—¿Disculpa?—

—Si puedes moverte, hazlo. No estorbes— gruñó

La expresión de Kagome pasó de la sorpresa al enfado. ¿Quién demonios se creía este tipo?

—Oye, ni siquiera sé dónde estoy—

—El infierno en la Tierra —respondió el hombre, ajustando su equipo tridimensional.

Kagome sintió un escalofrío. Algo en su tono no era exageración. Observó los escombros, la sangre seca en el suelo y las enormes murallas en la distancia. Esto no era el Japón que conocía.

—¿Quién eres?

—Levi Ackerman. Y tú... No pareces de aquí.

Kagome vaciló. No podía explicarle que venía de otro tiempo, de otra era. Pero algo en su instinto le decía que este hombre no se impresionaría con cuentos de magia y perlas místicas.

—Soy Kagome—

Levi la estudió un momento antes de soltar un suspiro exasperado.

—Si no quieres morir, mantente cerca.

Normalmente, a Kagome no le gustaba que la trataran como una carga. Pero cuando un rugido ensordecedor resonó a lo lejos, su instinto le dijo que, por esta vez, obedecer era la mejor opción.

Y así, sin entender del todo cómo, se encontró corriendo junto a un soldado de otro mundo, en una batalla que no era la suya.

Tal vez, después de todo, su destino no estaba tan atado al pasado como pensaba.

La luna apenas iluminaba el refugio improvisado donde Levi y Kagome habían decidido descansar. Después de un día de matanza y persecución, el silencio de la noche se sentía irreal. Kagome se sentó contra la pared de piedra, intentando ignorar el ardor en sus músculos.

—No pareces una completa inútil después de todo —murmuró Levi, limpiando la hoja de sus cuchillas con precisión casi obsesiva.

Kagome bufó, cruzando los brazos.

—¿Eso es un cumplido viniendo de ti?

Levi alzó una ceja, dejando las cuchillas a un lado. Su mirada la recorrió con una mezcla de curiosidad y algo más oscuro, algo que hizo que la piel de Kagome se erizara.

—Solo estoy diciendo que podrías ser útil… si aprendes a seguir órdenes.

Kagome chasqueó la lengua.

—¿Y qué se supone que significa eso?

Levi se acercó lentamente, inclinándose sobre ella hasta que su rostro estuvo a solo centímetros del suyo. Su aroma a cuero, acero y algo indefiniblemente masculino la envolvió.

—Significa que no me gusta repetir las cosas —susurró, su voz grave enviando un escalofrío por la espalda de Kagome.

Ella sintió cómo su corazón latía con fuerza. Había enfrentado demonios, había desafiado la muerte más veces de las que podía contar, pero la intensidad en los ojos de Levi era una batalla completamente nueva.

—Tal vez me gusta desafiarte —murmuró, sin apartar la mirada.

Levi soltó una risa baja, casi peligrosa.

—Eso lo veremos.

Antes de que Kagome pudiera procesarlo, Levi cerró la distancia entre ellos. Su mano se apoyó junto a su cabeza, atrapándola entre la pared y su cuerpo. No la tocó más de lo necesario, pero el calor entre ellos se volvió sofocante.

—Dime, Kagome —susurró contra su oído—, ¿sigues queriendo desafiarme?

Kagome tragó saliva, sus labios entreabiertos. Sabía que si decía que sí, Levi lo tomaría como un reto. Pero si decía que no… bueno, eso no estaba en su naturaleza.

—Supongo que tendrás que averiguarlo.

Levi sonrió de lado antes de inclinarse un poco más, sus labios rozando apenas los de ella. No era un beso, no aún. Era un juego, uno en el que ambos se estaban adentrando peligrosamente.

Y Kagome no tenía intención de retroceder.
La tensión entre ellos se había vuelto insoportable. Kagome podía sentir el calor del cuerpo de Levi, la proximidad de su aliento contra su piel. No la tocaba más de lo necesario, pero el hecho de que la tuviera atrapada contra la pared, con ese brillo desafiante en los ojos, era suficiente para que su corazón latiera con fuerza.

—¿No vas a responder? —murmuró Levi, su voz ronca, con un matiz de impaciencia.

Kagome entrecerró los ojos, negándose a ceder tan fácilmente.

—¿Y qué pasará si lo hago?

Levi inclinó la cabeza, su nariz rozando la de ella en un roce apenas perceptible, pero electrizante.

—Podrías descubrirlo.

Kagome sintió un escalofrío recorrer su espalda. No era solo la cercanía, era la forma en la que Levi la miraba, como si estuviera evaluando cada mínima reacción, esperando a que ella cometiera un error para aprovecharse de ello.

Y lo peor era que no le molestaba.

—Tal vez —susurró ella, entreabriendo los labios—, no me importa desafiarte.

Levi soltó una risa baja, y antes de que pudiera reaccionar, su mano se deslizó hasta su cintura, atrayéndola bruscamente contra él. El contacto la hizo jadear, sus cuerpos ahora pegados, sin espacio para escapar.

—Eso me lo imaginaba.

Kagome estaba a punto de replicar cuando Levi inclinó el rostro y, sin más advertencias, la besó. No fue un beso suave ni vacilante. Fue exigente, dominante, como si estuviera reclamando algo que ella aún no sabía que estaba dispuesta a darle.

Kagome gimió contra su boca, sus dedos aferrándose a la parte delantera de su chaqueta, sin saber si quería alejarlo o acercarlo más. Levi no le dio tiempo de decidir. Sus manos descendieron por su espalda, recorriéndola con una seguridad que le dejó claro que él no era un hombre que dudara en lo que quería.

Y en ese momento, la quería a ella.

—Eres más imprudente de lo que pareces —murmuró contra sus labios, su voz cargada de algo peligroso.

Kagome apenas podía pensar. Su cuerpo estaba encendido, sus sentidos saturados por el aroma a cuero y acero de Levi, por la forma en que sus manos deslizaban un toque firme pero intencional por su cintura, explorándola con descaro.

—Tú tampoco pareces alguien que se detenga cuando encuentra algo que quiere —jadeó ella.

Levi sonrió de lado, sus labios descendiendo hasta su cuello, rozándolo apenas con los dientes.

—Correcto.

Kagome cerró los ojos cuando un escalofrío de placer la recorrió. Sabía que esto era peligroso, que Levi no era el tipo de hombre que ofrecía dulzura o promesas vacías.

Pero en ese momento, con su aliento cálido contra su piel y el latido de su corazón desbocado en su pecho, nada de eso importaba.

Porque había aceptado el reto.

Y Levi Ackerman no era alguien que jugara a medias.

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora