El sonido del aire acondicionado del motel era el único testigo rítmico de lo que acababa de ocurrir. La habitación, un cliché de los moteles de carretera con su alfombra gastada y cuadros dudosos, se sentía inusualmente cálida.
Kagome estaba recostada contra la almohada, con el pecho de Dean subiendo y bajando bajo su mejilla. Su respiración era profunda y calmada. Una pequeña sonrisa jugaba en sus labios.
—Nunca imaginé que una cazadora de demonios japonesa sería tan... ruidosa —murmuró Dean, su voz áspera por el sueño y la reciente actividad. La mano que estaba en la espalda de ella se movió suavemente.
Kagome levantó la cabeza y le dio un codazo suave.
—Y yo nunca imaginé que un cazador de monstruos de Kansas sería tan... lento para ducharse —replicó ella, riendo un poco. Luego suspiró, volviendo a su posición. —Pero... estuvo bien, Dean. Muy bien.
Dean sonrió con suficiencia. —Lo sé, nena. Soy el mejor en todo lo que hago. Especialmente en esto.
—Demasiado engreído, Winchester —Kagome le pellizcó el costado cariñosamente.
Se quedaron en un silencio cómodo, envueltos en la burbuja que habían creado.
De repente, un sonido de flap resonó en el aire, como si alguien hubiera tropezado con una toalla mojada, aunque más... angelical. La puerta del baño estaba ligeramente abierta.
—Dean, hemos encontrado otra referencia al amuleto en un texto apócrifo de la época sumeria, aunque la traducción de la tableta de arcilla es...
Castiel, con su gabardina ya algo arrugada, estaba de pie en el medio de la habitación, con la cabeza ladeada. Se detuvo en mitad de la frase, sus ojos azules fijos en la escena: Dean y Kagome, en la única cama, con la ropa de cama estratégicamente colocada. Dean estaba medio expuesto, y Kagome llevaba una de sus camisetas holgadas. El ambiente no dejaba lugar a dudas.
Dean se incorporó de golpe, agarrando la sábana para cubrirse mejor.
—¡Cas! ¡Toca la p*ta puerta! —exclamó Dean, con el rostro completamente rojo.
Castiel parpadeó lentamente. —No veo la necesidad de ser vulgar, Dean. Además, soy un ángel. El concepto de "tocar" es una convención humana que no se aplica a mi...
Pero antes de que Castiel pudiera terminar su justificación, la puerta principal del motel se abrió, revelando a Sam, que llevaba consigo dos bolsas de comida para llevar y una caja de donuts.
—¡Hemos vuelto! Castiel, ¿descubriste algo sobre la... —Sam también se detuvo. Sus ojos se movieron de la cama a Dean y Kagome, y luego a Castiel, que parecía una estatua confundida.
Sam dejó caer ligeramente las bolsas sobre la mesa más cercana. Se pasó una mano por el pelo, un gesto de puro embarazoso.
—Oh... ¡Vaya! —Sam intentó disimular, mirando la alfombra. —Lo siento. Pensábamos que... ya sabes, que estarías despierto y vestido trabajando. Y Cas simplemente apareció, lo cual es normal. Y yo... yo traje pie.
Dean gruñó, agarrando la primera camisa que encontró para ponérsela. Kagome, con la tranquilidad de una guerrera que ha visto cosas peores que la incomodidad de un par de hombres, sonrió suavemente.
—No te preocupes, Sam —dijo Kagome, su voz dulce, contrastando con el caos de la situación. —Es mi culpa por no cerrar bien la cerradura. Y sí, el pie suena maravilloso.
Castiel continuó observándolos, ajeno al pánico social.
—Dean, tu ritmo cardíaco y la sudoración son elevados, superando los parámetros normales de un descanso. Y, Kagome, el olor de tu aura ha cambiado. ¿Están heridos? —preguntó Cas con genuina preocupación.
Dean cerró los ojos y se masajeó el puente de la nariz.
—No, Cas. No estamos heridos —dijo Dean en un tono bajo y tenso. —Estábamos... eh... estábamos practicando... yoga de pareja.
Sam se atragantó con una risa silenciosa, desviando la mirada hacia la pared.
Kagome, sin poder contenerse, soltó una carcajada.
—Yoga, Castiel. Es una práctica de respiración profunda y... ejercicios de flexibilidad. Nos ayuda con el estrés de cazar —explicó Kagome, jugando con la mentira de Dean.
Castiel ladeó la cabeza una vez más, sus cejas se fruncieron en confusión.
—Parecía menos estructurado que cualquier forma de yoga que haya observado, y la liberación de feromonas no es típica de esa práctica. Sin embargo, si están ilesos...
—Estamos ilesos, Cas —intervino Sam rápidamente, dirigiéndose a la mesa. —¿Por qué no hablamos de ese amuleto sumerio mientras comemos? Traje mucha comida.
Dean se dejó caer de nuevo en la cama, cubriendo su rostro con un cojín.
—Dios, esto es humillante —murmuró por lo bajo.
Kagome se inclinó y le susurró al oído. —Vamos, Dean. Al menos ya no tenemos que fingir que solo compartimos una habitación para ahorrar en el presupuesto.
Dean bajó el cojín y miró a Kagome, luego a Sam, que ya estaba desplegando mapas sobre la alfombra, y a Castiel, que seguía en su lugar, contemplando la sábana con una expresión de misterio.
—Bien. Supongo que sí. Ahora, ¿me pasas un donut antes de que el cerebro de Cas explote tratando de entender el "yoga" de pareja? —preguntó Dean.
Kagome sonrió y se levantó de la cama, acercándose a la mesa para agarrar el donut y dárselo a Dean, mientras Sam y Castiel finalmente se concentraban en el trabajo.
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Kagome crossover
FanfictionCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
