El Santuario dormía.
O al menos eso parecía.
Bajo la luz azulada de la luna, una figura femenina avanzaba sigilosa entre los muros de piedra. Su falda rozaba sus piernas mientras caminaba en puntas de pie hacia la Casa de Piscis.
Kagome suspiró.
—Afrodita… siempre tengo que venir escondiéndome…
Una mano suave y perfumada la tomó por la cintura desde la oscuridad.
—Porque yo no permitiré que ningún otro hombre del Santuario te vea llegar a mi templo, Kagome.
La voz sedosa de Afrodita le provocó un escalofrío delicioso.
El Caballero Dorado salió de entre las sombras:
cabello rosa cayendo perfecto sobre sus hombros, ojos azules brillando como espejos, piel suave, labios peligrosamente cerca de los suyos.
Kagome colocó su mano en su pecho.
—¡Afrodita! Casi me matás del susto.
El dorado sonrió con esa mezcla de belleza y malicia tan propia de él.
—¿Perdonas este atrevimiento…? —susurró deslizando un dedo por la mejilla de ella—. Es que llevo dos días sin verte, y me vuelvo… posesivo.
Kagome tragó saliva.
—¿Y si alguien nos ve? Atenea… o Mu… o Milo…
Afrodita la empujó suavemente contra la pared del templo, rodeándola con ambos brazos.
—Que miren. Sería lo último que vean.
—A nadie le permitiré acercarse a lo que es mío.
Kagome se sonrojó tanto que parecía arder.
—Yo no soy una cosa…
Afrodita inclinó la cabeza, rozando su nariz con la de ella.
—No… sos mi milagro.
Y también mi debilidad.
La besó despacio, como si tuviera miedo de romperla.
Sus labios eran cálidos, suaves… y cuando la abrazó más fuerte, Kagome sintió que el corazón se le escapaba del pecho.
Cuando se separaron, ella apoyó la frente contra la suya.
—Afrodita… si alguien descubre que estamos juntos…
—El Santuario se volverá un caos —terminó él, acariciándole el cabello—. Por eso te guardo en secreto.
Los otros dorados ya te miran demasiado.
Saga te analiza.
Aioria te admira.
Mu te sonríe de más.
Y Milo definitivamente fantasea contigo.
Kagome rió nerviosa.
—¿Y vos no fantaseás conmigo?
Afrodita deslizó su mano por la cintura de ella, acercándola aún más.
—Yo no fantaseo, Kagome.
Yo te tengo.
Y te quiero para mí.
Ella abrió los ojos sorprendida.
—¿Para… siempre?
Afrodita no dudó.
—Hasta que las rosas se marchiten… o hasta que yo deje de existir.
Lo que ocurra último.
Kagome se mordió el labio, emocionada.
—Afrodita…
Él la calló con un beso en la clavícula, delicado… pero poseído.
—Esta noche —susurró— no vine a discutir peligros.
Vine a recordarte cuánto te deseo.
Kagome se abrazó a su cuello.
—Solo un rato… y me voy. No quiero problemas.
—Un rato —repitió Afrodita, alzándola en brazos como si fuera una flor—.
Pero yo decido cuánto dura ese rato, mi amor.
La llevó hacia el interior de la Casa de Piscis, mientras miles de pétalos rosados flotaban a su alrededor, obedeciendo al cosmos del caballero.
Kagome apoyó su frente en el hombro de él, totalmente entregada.
—Prometeme… que nadie se enterará.
Afrodita sonrió contra la piel de ella.
—Lo prometo.
Tu secreto está guardado…
entre mis rosas.
Y mi corazón.
ESTÁS LEYENDO
Kagome crossover
Fiksi PenggemarCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
