Ciel x kagome x Sebastián

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Kagome nunca había imaginado terminar como mucama en la distinguida pero sombría mansión Phantomhive. Al llegar, su dulzura contrastaba con la rigidez del personal, y su dedicación a Ciel llamó la atención de inmediato.

—Kagome, el té no debe servirse tan caliente —dijo Ciel con su habitual tono frío, aunque su mirada se ablandaba levemente cada vez que ella lo atendía.

Sebastián, desde la distancia, observaba con una sonrisa tan cortés como peligrosa. Había visto a muchos sirvientes entrar y salir, pero ninguno con el aura cálida de Kagome. La forma en que trataba a Ciel lo irritaba en lo más profundo, aunque jamás lo admitiría.

Una tarde lluviosa, Kagome entró al estudio con un paraguas para Ciel, empapada por haber corrido a protegerlo en el jardín. Ciel le tomó la mano sin pensarlo, sorprendido de lo fría que estaba.

—Te vas a enfermar si sigues actuando así por mi cuenta —murmuró él, más para sí mismo que para ella.

Sebastián apareció de inmediato, con esa calma demoníaca que siempre llevaba. Tomó la muñeca de Kagome con un gesto demasiado íntimo para un mayordomo.

—El joven amo tiene razón. Sin embargo… —Sus ojos rojos la taladraron— no deberías desgastar tu cuerpo por alguien que no sabe valorarlo como es debido.

Kagome tragó saliva, atrapada entre las miradas intensas de ambos.

Ciel apretó los labios, molesto al ver la cercanía.
—Sebastián, no olvides tu lugar. Ella es mi sirvienta, no la tuya.

El demonio se inclinó con una sonrisa peligrosa.
—Por supuesto, mi lord. Pero hasta las flores más delicadas necesitan cuidados… Y esta en particular —miró a Kagome de arriba abajo— parece atraer demasiada atención.

La tensión llenó el aire. Kagome, nerviosa, trató de apartarse, pero los dos se negaban a soltarla, como si ambos reclamaran un derecho que ninguno estaba dispuesto a conceder.

Por primera vez, Kagome entendió lo complicado de servir en esa mansión: no era solo sobrevivir entre misterios y oscuros secretos… sino también resistir las miradas posesivas de un amo celoso y un demonio que deseaba mucho más que un simple contrato.

Al día siguiente, Kagome servía el desayuno en la mansión. Ciel estaba leyendo el periódico, mientras Sebastián observaba desde la esquina del comedor con su acostumbrada sonrisa calculadora.

—Kagome, asegúrate de que la mantequilla esté a la temperatura adecuada —ordenó Ciel, intentando mantener la calma.

—Sí, mi lord —respondió ella, tratando de no sonrojarse mientras él le guiñaba un ojo.

Sebastián se acercó silenciosamente y colocó su mano sobre la de Kagome, ayudándola a abrir un frasco de mermelada.

—Permítame, señorita. No es necesario esforzarse tanto sola —dijo con su voz profunda y seductora.

Ciel levantó la vista, frunciendo el ceño:
—¡Sebastián! ¡Eso no es tu lugar!

Sebastián se inclinó con un aire de cortesía exagerada, apenas rozando la mejilla de Kagome.
—Mi joven amo, solo estoy cuidando… ¿o acaso teme que otra persona lo haga mejor que usted?

Kagome tapó su rostro con las manos, sonrojada y entre risas nerviosas.
—¡Por favor, no empiecen otra vez!

Ciel suspiró y, al ver que Sebastián se acercaba de nuevo, decidió tomar medidas extremas.
—Kagome, acompáñame al jardín. Tengo algo que enseñarte.

Sebastián levantó una ceja, pero permaneció en silencio, siguiéndolos con pasos elegantes, como un depredador que no quiere perder su presa.

En el jardín, Ciel trató de explicarle a Kagome un nuevo protocolo de la mansión, pero ella no podía concentrarse: cada vez que él se acercaba demasiado, Sebastián aparecía por detrás con una bebida o un pequeño gesto protector.

—¿Por qué siempre se mete? —susurró Kagome a Ciel.

—Porque es Sebastián… y está celoso —respondió Ciel, con un toque de malicia en la voz.

Kagome no pudo evitar reír. Entre el joven amo autoritario y el demonio sofisticado, su día se había vuelto un divertido campo de batalla lleno de celos, indirectas y miradas posesivas. Y lo mejor: ambos parecían dispuestos a hacer cualquier cosa para que ella los notara primero.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora