Howl

427 44 1
                                        

Anime : castillo flotante
Pareja : Kagome x Howl
Advertencias: spicy

Kagome apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando el vórtice se abrió bajo sus pies. Un segundo estaba en la Era Feudal, y al siguiente caía en picada desde el cielo.

—¡Ahhhhhh!—

El viento azotaba su cabello mientras intentaba contener el grito. Justo cuando pensó que se estrellaría contra el suelo, unos brazos la atraparon con una facilidad sorprendente.

—Vaya, vaya. No todos los días una dama cae del cielo.—

Kagome parpadeó, aún aturdida, y se encontró con un par de ojos azules llenos de picardía. El hombre que la sostenía flotaba en el aire con una capa ondeando detrás de él, como si fuera lo más normal del mundo.

—¿Q-quién eres?

—Howl, mago a tu servicio. —Sonrió encantadoramente.

Kagome intentó procesar la situación. Caída libre, un hombre flotando, y ahora… ¿un castillo en el horizonte?

—Déjame adivinar, —dijo Howl mientras descendían suavemente—, un hechizo salió mal y te trajo hasta aquí.

—Algo así —respondió ella, aún confundida.

—Entonces, ¿qué te parece un trato? —susurró él, con un brillo travieso en los ojos.

—¿Qué clase de trato?

—Te ayudo a encontrar el camino de vuelta… si a cambio me cuentas la historia de la chica que cayó del cielo.

Kagome no pudo evitar sonreír. Tal vez, solo por un momento, valía la pena perderse en la magia de otro mundo.

El castillo flotante se cernía sobre ellos mientras Howl la guiaba con facilidad entre las nubes. Kagome aún sentía la adrenalina recorriendo su cuerpo, pero la calidez de sus brazos la mantenía anclada a la realidad… o a lo que fuera que estaba ocurriendo.

Cuando aterrizaron en el balcón del castillo, Kagome se separó de él con rapidez, tratando de recuperar la compostura.

—Gracias por salvarme —dijo, alisándose la falda.

Howl inclinó la cabeza con una sonrisa encantadora.

—Fue un placer. Aunque… —Su mirada recorrió su figura con abierta curiosidad—, no suelo recibir visitas tan fascinantes.

Kagome sintió un escalofrío recorrerle la espalda, pero no estaba segura si era por la forma en que la miraba o por la brisa helada que azotaba el castillo.

—Dijiste que podías ayudarme a volver. ¿Cómo?

Howl chasqueó los dedos y, de repente, el aire a su alrededor pareció cargarse de energía. Se acercó con paso lento, acortando la distancia entre ellos hasta que Kagome tuvo que alzar la vista para mantener el contacto visual.

—La magia es caprichosa —murmuró él, inclinándose lo suficiente como para que su aliento cálido rozara su mejilla—. Pero si trabajamos juntos, tal vez encuentre una forma de devolverte a casa.

Kagome tragó saliva, sintiendo el corazón golpearle el pecho.

—¿Y qué necesitas de mí?

Howl sonrió de lado, levantando una mano para apartar un mechón de su cabello.

—Para empezar… una historia. Algo tan fascinante como tú.

Kagome supo en ese momento que Howl no solo era un mago, sino un hechizo en sí mismo. Y lo peor era que, aunque quisiera resistirse… parte de ella no estaba segura de querer encontrar la salida tan rápido.

Kagome apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando Howl alzó una mano, rozando con suavidad su mentón para inclinar su rostro hacia él.

—Tengo la sensación de que las historias más interesantes no solo se cuentan… sino que se viven —susurró.

Antes de que pudiera responder, los labios de Howl atraparon los suyos en un beso tan suave como embriagador. Era un roce ligero al principio, como si le diera la oportunidad de apartarse, pero cuando Kagome no lo hizo, él profundizó el contacto con una lentitud tortuosa, como si saboreara cada segundo.

El calor se extendió por su cuerpo como un hechizo, una magia distinta a cualquier otra que hubiera sentido antes. Sus dedos se aferraron a la tela de su capa, buscando algo que la mantuviera firme mientras el suelo parecía desaparecer bajo sus pies.

Howl sonrió contra su boca antes de apartarse apenas, dejando un último roce en su labio inferior antes de susurrar:

—Definitivamente, eres una historia que quiero seguir descubriendo.

Kagome abrió los ojos, aún con el aliento entrecortado, y supo que, hechizo o no, estaba perdida.

El aire en el castillo flotante se volvió denso, cargado de magia y deseo. Howl no tenía prisa; cada beso era un encantamiento, cada roce de sus dedos contra la piel de Kagome, un hechizo que la hacía estremecerse.

Sus labios se movieron con languidez desde su boca hasta su mandíbula, descendiendo por su cuello con una devoción casi reverencial. Los dedos de Howl, ágiles y pacientes, comenzaron a deshacer los lazos de su ropa, deslizando la tela con una lentitud exasperante, como si quisiera memorizar cada centímetro de piel que quedaba expuesta.

—Eres más hermosa de lo que cualquier historia podría describir —murmuró contra su piel, su voz y un susurro cargado de anhelo.

Kagome apenas podía respirar. Sus manos temblaban cuando se aferró a los hombros de Howl, incapaz de decidir si quería detenerlo o acercarlo aún más.

Los labios del mago continuaron su descenso, besando cada nuevo espacio que sus manos liberaban. El aire nocturno del castillo flotante acarició su piel desnuda, pero el calor de Howl la envolvía, como si su magia la protegiera de todo, menos de la intensidad de ese momento.

—Dime que quieres esto —susurró él, sus ojos azules brillando como zafiros encantados.

Kagome entreabrió los labios, su corazón latiendo con fuerza mientras se perdía en su mirada.

—Sí —susurró, rindiéndose al hechizo de Howl.

Y con una sonrisa satisfecha, él la llevó aún más profundo en su embrujo.

El aire en el castillo flotante estaba cargado de deseo y magia. Howl y Kagome, piel contra piel, se perdían en besos cada vez más profundos, en caricias que hablaban más que cualquier hechizo. Sus cuerpos se movían con una sincronía instintiva, como si hubieran sido creados para encontrarse en ese instante.

Las manos de Howl recorrían cada curva de Kagome con devoción, como si ella fuera un misterio que ansiaba descifrar. Su aliento cálido rozaba su piel con cada susurro entrecortado, cada promesa velada en el lenguaje del deseo.

Kagome se aferró a él, sintiendo la magia recorrer su cuerpo, envolviéndolos en un torbellino de sensaciones que la hacían olvidar todo, salvo el presente. No existían eras, batallas ni responsabilidades, solo el latido compartido, el fuego encendido entre ambos.

En la inmensidad del castillo flotante, bajo un cielo tachonado de estrellas, se entregaron el uno al otro como si fueran parte de una misma historia, escrita con el lenguaje de la pasión y la magia.

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora