Kagome x Ciel Phantomhive (Black Butler),

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El salón de la mansión Phantomhive estaba en silencio, iluminado por la luz suave de la tarde que entraba por las ventanas.
Kagome había venido a ayudar con unos documentos antiguos y unas hierbas medicinales, pero terminó encontrándose con Ciel en su escritorio.

—Oh, Kagome —dijo Ciel, con su voz firme pero ligeramente temblorosa—. Justo a tiempo. Necesito que me ayudes con esto.

Kagome sonrió, viendo su pequeña figura concentrada.
—Claro, Ciel. Déjame echar un vistazo —dijo, inclinándose para ver los papeles.

Mientras ella revisaba, él la observaba con algo más que simple gratitud.
Su corazón pequeño latía más rápido cada vez que ella sonreía o fruncía el ceño concentrada.

—Kagome… —empezó Ciel, con dificultad—. He estado pensando…

—¿Hmm? —preguntó ella, distraída con los documentos—.

—Eh… bueno… —titubeó, mirando sus manos—. Me pregunto… si tal vez… podrías… —suspiró—. Nunca importa…

Kagome lo miró, curiosa.
—¿Podrías qué, Ciel?

Él bajó la mirada, rojo como un tomate.
—Si pudieras… verme como algo más que… un niño.

Kagome parpadeó, sorprendida.
—¿Qué? Ciel, yo… siempre te he visto como un hermano pequeño. Siempre.

Ciel levantó la cabeza, serio pero vulnerable.
—Lo sé. Pero… no puedo evitarlo. Cada vez que estás cerca… —se detuvo, tragando saliva—. Quiero que me veas como alguien importante… para ti.

Kagome suspiró y se sentó a su lado, poniendo una mano sobre la suya.
—Ciel… no sé si eso es posible ahora. Eres muy joven, y mi corazón… bueno, yo… —se detuvo, un poco apenada—. Siempre te he cuidado como a un hermano pequeño.

Ciel cerró los ojos un instante, intentando controlar sus emociones.
—Lo entiendo… pero aun así, no puedo dejar de desear que algún día… quizá… puedas verme diferente.

Ella le sonrió suavemente, acariciando su mano.
—Tal vez algún día, Ciel. Por ahora… déjame cuidarte, ¿sí? Como tu hermana mayor.

Ciel asintió, un pequeño alivio y un toque de tristeza en sus ojos.
—Sí… eso está bien… por ahora.

Mientras Kagome se inclinaba para seguir con los papeles, Ciel la observó con un suspiro silencioso, decidido a protegerla… y a esperar pacientemente por el día en que la viera como más que una hermana.

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