Kagome x Hisoka

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El segundo examen del cazador era un caos total: explosiones, trampas, perseguidos persiguiendo perseguidores…
Kagome solo quería cruzar un maldito puente sin que nada raro pasara.

Obviamente, algo raro pasó.

—¡ESPERÁ—!

El tablón bajo sus pies se rompió y ella cayó al vacío unos metros, directo hacia… algo suave, firme y cálido.

Un cuerpo.

—Mmm… vaya sorpresa —murmuró una voz peligrosa bajo ella.

Kagome parpadeó, mareada, y cuando su vista se estabilizó, vio unos ojos color ámbar brillando con diversión.
Hisoka estaba acostado boca arriba en el suelo… y ella estaba literalmente montada sobre él, sus manos sobre su pecho.

Kagome sintió cómo la sangre le subía a la cara.

—¡¿Qué—?! ¡Perdón! ¡Me caí, no fue mi culpa!

Hisoka inclinó la cabeza, sonriendo de forma felina.

—No te disculpes, preciosa… fue una caída muy interesante. —Su mirada bajó descaradamente por la postura en la que habían quedado—. Diría incluso… estimulante.

—¡NO MIRES AHÍ! —Kagome intentó pararse, pero Hisoka la sujetó de la cintura con una sola mano.

—Si te movés tan bruscamente —susurró él, rozando su nariz con la de ella— vas a hacer que esto sea mucho más entretenido de lo debido.

—¡Sos un pervertido! ¡Soltame!

—Qué injusta… después de todo, fui tu colchoneta humana —rió, dejándola finalmente ponerse de pie.

Kagome respiró profundo para recuperar la compostura.

—Yo solo estaba haciendo el examen como todos, ¿qué hacías acostado ahí?

Hisoka se estiró como si hubiera estado tomando una siesta.

—Esperando algo divertido. Y mirá… el destino me lo trajo directamente encima.

Kagome retrocedió un paso. Él avanzó otro.

—Te vi purificar esa trampa maldita antes —dijo con voz suave, casi cantarina—. Tenés un poder muy… delicioso. Único. Me intriga.

—No soy un juguete —replicó ella, cruzándose de brazos.

Hisoka sonrió de una manera que hizo que un escalofrío —no necesariamente malo— le recorriera la espalda.

—Oh, Kagome… —saboreó su nombre como si fuera caramelo—. Nunca dije que fueras un juguete.
Solo que… quiero ver de qué sos capaz.

Ella levantó su arco espiritual, apuntando sin dudar.

—Puedo mostrarte exactamente de qué soy capaz si seguís molestando.

Hisoka soltó una carcajada suave, vibrante, encantada.

—Perfecto… —dijo, dando un paso atrás—. Me encanta cuando brillás así. Seguí adelante con el examen, preciosa.
No pienso perderte de vista.

Y con un chasquido de dedos, desapareció entre los árboles.

Kagome suspiró.

—Genial… ahora tengo un acosador con cartas. —Se frotó la sien—. ¡Inuyasha va a matar a este tipo!

Pero, en lo profundo, Kagome no sabía qué era peor:
¿Que Hisoka la persiguiera… o que una parte de ella disfrutara oponerle resistencia?

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora