lastet parte 2

141 10 2
                                        

Kagome corrió entre las callejuelas empedradas, respirando agitadamente mientras el viento frío de la noche le golpeaba el rostro. Podía sentir su corazón martillando en sus oídos, mezclado con el eco lejano de risas, caballos y música de París.
Pero nada sonaba más fuerte que la sensación de él siguiéndola.
No podía verlo, pero lo sentía: como una sombra que se movía entre las otras sombras.

Se apoyó contra una pared, tratando de recuperar el aliento.

—Maldita sea… —susurró, apretando los puños—. ¿Por qué, otra vez, criaturas sobrenaturales?

Cerró los ojos un segundo. El poder espiritual aún vibraba bajo su piel, caliente, pulsante. Lo había usado por instinto y Lestat había retrocedido… pero solo por sorpresa. No por miedo.

Él volvería.
Lo sabía.

Un ruido delicado, casi como el roce de una pluma, sonó detrás de ella.

Kagome se giró de inmediato, lista para lanzar una flecha de energía si era necesario.

Pero no era Lestat.

Era otro hombre.

Alto. Delgado. De cabello oscuro ondulado y ojos verdes que, incluso en la tenue luz, parecían demasiado brillantes para ser humanos. Vestía un abrigo largo, elegante, que apenas se movía con el viento. Su piel era tan pálida como la luna.

Y él… no estaba respirando.

—Bonsoir, mademoiselle —saludó con una voz suave, melancólica… pero peligrosa—. Creo que te has encontrado con mi… amigo.

Kagome dio un paso atrás, tensando los hombros.

—¿Amigo? —preguntó con ironía amarga—. ¿O cómplice?

El hombre pareció pensarlo un instante. Luego sonrió con tristeza.

—Depende del día. Lestat es… cómo decirlo… impulsivo. Muy impulsivo.

Ella tragó saliva.
Las auras no mentían.
Este hombre también era un vampiro… pero distinto. Menos arrogante. Menos juguetón. Más… roto.

—¿Quién sos? —preguntó con firmeza.

El vampiro inclinó la cabeza con suavidad, sin acercarse demasiado.

—Louis. —Hizo una ligera reverencia—. Louis de Pointe du Lac.

Kagome no bajó la guardia.

—No me interesa conocer otro vampiro —dijo fría—. Solo quiero irme.

Louis suspiró, como si la entendiera demasiado bien.

—Créeme, si fuera por mí, te dejaría marchar. —Sus ojos descendieron a sus manos—. Pero Lestat… no suelta fácilmente aquello que le llama la atención.
Y tú lo has hecho.

El cuerpo de Kagome se tensó.

—No soy “algo” para nadie —escupió.

Louis la miró con un brillo extraño: admiración, miedo… y algo parecido a compasión.

—Lo sé. —Su voz sonaba sincera—. Pero él vendrá por ti, y no puedo permitir que te haga daño. No después de ver cómo reaccionó cuando usaste ese… poder.
Se acercó apenas un paso, muy despacio—. Por favor, déjame ayudarte a esconderte, aunque sea por esta noche. Antes de que él llegue.

Un escalofrío recorrió la espalda de Kagome.

—¿Y por qué debería confiar en vos?

Louis la miró a los ojos, sin moverse ni parpadear.

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora