La noche era tranquila en Tokio, pero Kagome ya sabía que esa calma siempre escondía algo más oscuro. Volvía de una misión menor -un espíritu menor rondando un parque- cuando sintió una presencia mucho más pesada. Firme. Disciplinada.
Y, aun así... preocupada.
-No deberías caminar sola a estas horas -dijo una voz seria detrás de ella.
Kagome dio un pequeño brinco y se giró. Nanami Kento estaba allí, impecable como siempre con su traje perfectamente ordenado, sus lentes brillando bajo la luz amarillenta del farol.
-Nanami-san... -sonrió- ¿Me estabas siguiendo?
-No. Te estaba vigilando. Es diferente. -Su tono fue tan directo que Kagome parpadeó-. Noté actividad maldita en tu zona y era más eficiente asegurarme de que llegaras a casa.
Kagome suspiró, extendiendo un pequeño frasco con hierbas purificadoras.
-Estoy bien. Puedo lidiar con espíritus. Hago esto desde que tengo quince.
Nanami la observó con esa mezcla suya de frialdad y sutileza que pocos lograban interpretar. Pero Kagome sí. Ella siempre lo entendía.
-Sé que puedes. Pero eso no significa que debas hacerlo sola -dijo él finalmente.
Algo en su voz la hizo sonrojar ligeramente.
-Nanami-san... ¿estás preocupado por mí?
-Estoy siendo responsable -respondió él, mirando hacia otro lado... un detalle que, en él, equivalía a admitir un sentimiento-. Eres... alguien valiosa. Sería... inconveniente perderte.
Kagome rió bajito.
-¿Inconveniente, eh?
Nanami apretó la mandíbula.
-No tergiverses mis palabras. Sabes a lo que me refiero.
Ella dio un paso más cerca, inclinando la cabeza con suavidad.
-Entonces dilo correctamente.
Nanami tragó saliva. Retrocedió medio paso... pero sus manos fueron hacia su corbata, aflojándola un poco -un gesto íntimo que en él era casi equivalente a un abrazo-.
-Kagome. -Su voz bajó, profunda, controlada-. Me importas más de lo que debería. Y cuando no te veo, cuando no respondes rápido... siento algo desagradable. Una molestia. Como si todo lo que mantengo ordenado se desacomodara.
Ella lo miró, sintiendo cómo su pecho se apretaba.
-Nanami...
Él levantó la mano, dudando solo un segundo antes de rozarle la mejilla con la punta de los dedos, como si temiera romperla.
-No quiero que te arriesgues innecesariamente. Y no quiero que nadie más te vea de la forma en que yo te veo.
Kagome rió bajito, dulce.
-Eso suena un poco a celos, ¿no?
Nanami bajó la mirada, pero no retiró su mano.
-Si lo fuera, lo manejaré con madurez -respondió-. Aunque no puedo negar que... hay ciertos hechiceros que preferiría mantener lejos de ti.
Kagome tomó su mano y entrelazó sus dedos con los de él.
-No necesito que me protejas, Nanami. Pero no voy a decir que no me gusta cuando lo haces.
Por primera vez en la noche, Nanami sonrió. Muy pequeño, muy tenue... pero real.
-Bien. Entonces permíteme acompañarte a casa. No por obligación -dijo, acercándose más-. Sino porque quiero hacerlo.
Kagome apoyó su cabeza contra su hombro mientras caminaban juntos.
Y Nanami, sin decirlo en voz alta, decidió algo:
Kagome era el único desorden que estaba dispuesto a aceptar en su vida.
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Kagome crossover
أدب الهواةCrossover de Kagome con diferentes personajes de anime/ serie/ películas/ OC
