Kagome x Suguru Geto

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La lluvia caía sobre la ciudad como una cortina interminable. Kagome caminaba con su paraguas roto, maldiciendo silenciosamente al demonio menor que había perseguido hasta allí. La pelea había sido corta, pero lo suficiente para lastimarle el brazo.

—Genial… —murmuró mientras se apretaba la manga.

Entonces lo sintió.

Un aura oscura. Refinada. Fuerte como el océano… y tan pesada que parecía envolverlo todo.

Kagome se dio vuelta justo cuando un hombre alto, vestido de negro, se acercaba sin prisa.
Cabello largo recogido.
Ojos profundos, oscuros, difíciles de leer.
Una sonrisa tranquila y peligrosa.

Suguru Geto.

—Estás herida —comentó él, como si la conociera desde siempre.

Kagome dio un paso atrás.

—No es tu problema.

Geto inclinó la cabeza, divertido.

—Oh, pero podría serlo. Te estás desangrando más de lo que admitís.

Ella frunció el ceño.
Había algo extraño en Geto. No era humano. Tampoco demonio común.
Era algo más… algo que vibraba como poder contenido.

Y aun así, por alguna razón, Kagome no sentía miedo.

—Estoy bien —dijo con firmeza.

Geto se acercó otro paso.

—Entonces no te importa si…

Sin pedir permiso, tomó su muñeca suavemente. Sus dedos estaban tibios. Su toque, extrañamente cuidadoso. Kagome contuvo la respiración. Su corazón saltó sin querer.

Geto observó la herida, luego levantó la mirada hacia ella.

—Podés mentirle a cualquiera… menos a alguien como yo.

Kagome quiso apartarse, pero él ya había envuelto su brazo con una cinta de tela fina, como si fuera lo más natural del mundo.

—¿De dónde sacaste eso? —preguntó ella.

—Siempre estoy preparado —respondió él con una sonrisa suave.

Cuando terminó, dejó su mano sobre la de ella un segundo más de lo necesario.
Un segundo que le aceleró el corazón.

—¿Por qué me ayudás? —preguntó Kagome, desconfiada.

Geto ladeó la cabeza, estudiándola.

—Porque sos interesante.
Porque sos fuerte.
Y porque… —su voz bajó, profunda— no muchos humanos pueden sentir mi presencia sin temblar.

Kagome levantó la barbilla.

—He visto cosas peores.

Geto sonrió, genuinamente encantado.

—Eso me gusta.

Ella dio un paso hacia atrás.

—Si ya terminaste, me voy.

Geto la siguió sin tocarla, pero tan cerca que Kagome podía sentir su aura acariciando su espalda.

—¿Te molesta que camine con vos? —preguntó él.

—Me molesta no saber qué querés.

Geto se rió, suave.

—Quiero conocerte.

Kagome se quedó quieta.
Sus ojos se encontraron.
La lluvia golpeaba alrededor de ellos, pero el mundo parecía completamente silencioso.

Geto dio un paso más, quedando apenas a un suspiro de distancia.

—No tenés idea de cuánto poder ocultás, Kagome.

Ella sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

—No soy un juguete para que te entretengas —respondió firme.

Geto acercó su mano a su mejilla, pero no la tocó.
La dejó suspendida, como si estuviera esperando permiso.

—Jamás jugaría con algo tan… fascinante —susurró él.

Kagome dio un paso atrás, rompiendo la tensión.
Geto simplemente sonrió, como si acabara de confirmar algo.

—Nos volveremos a ver —dijo él.

—No contés con eso.

Geto inclinó la cabeza, satisfecho.

—Oh, sí. Lo haré.

Kagome dio media vuelta y se alejó bajo la lluvia.
Cuando se animó a mirar hacia atrás, Geto ya no estaba.

Solo una sensación persistente en su pecho.

Una mezcla peligrosa de miedo… y atracción.

Kagome crossover Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora