Kagome x Ayanokoji (yandere)

146 17 0
                                        

Kagome nunca había pensado que terminaría estudiando en la Escuela Secundaria de Alto Rendimiento Avanzado.
Era demasiado moderna, demasiado estricta…
Demasiado rara para alguien que venía de un santuario.

Pero ahí estaba.
Uniforme impecable, mochila en mano.

Y siendo observada.

Desde el primer día, Kagome sintió una mirada fría siguiéndola por los pasillos.
Una presencia silenciosa.
Inmóvil.
Casi calculada.

Kiyotaka Ayanokoji.

Siempre sentado en la esquina del aula.
Siempre callado.
Siempre analizando.

Y siempre mirándola.

Kagome fingió no darse cuenta… hasta que un día, mientras regresaba de la tienda escolar, vio a tres chicos arrinconándola contra la pared.

—Vamos, solo queremos hablar —decía uno, acercándose demasiado—. Sos nueva, no tenés amigos…

Kagome respiró hondo. Podía defenderse.
Pero entonces, una sombra apareció detrás de los chicos.

Una voz suave.
Delicada.
Pero helada.

—Ella no está interesada en ustedes.

Los tres giraron, tensándose al ver a Ayanokoji.

—¿Y vos quién sos? —gruñó uno.

Ayanokoji sonrió.
Una sonrisa lenta.
Casi amable.
Pero completamente vacía.

—Alguien que sabe exactamente cuánto tardaría en romperles el brazo a cada uno.

No levantó la voz.
No amenazó.

Solo dijo un hecho.

En tres segundos, los chicos salieron corriendo.

Kagome parpadeó.

—¿Por qué… hiciste eso?

Ayanokoji la miró.
Ojos marrones profundos, tranquilos…
pero con algo oscuro detrás.

—Porque se estaban acercando demasiado a lo que es mío.

Kagome se tensó.

—¿Qué cosa es tuya?

—Vos.

Ella retrocedió un paso, pero él ya estaba acercándose.
Sin apresurarse.
Sin levantar la voz.
Sin mostrarse violento.

Pero su sola presencia era sofocante.

—Ayanokoji… no te pertenezco.

—Todavía —respondió, con absoluta calma.

Kagome sintió su corazón acelerarse. No de miedo… sino por la intensidad en su mirada.
Era como ser observada por un depredador paciente.

—Yo no te conozco —intentó decir.

—Te conozco lo suficiente —respondió él—. Sé que venís de un santuario. Sé que no le temés a la oscuridad. Sé que tenés un poder extraño… algo que no pertenece a este mundo.

Kagome abrió los ojos sorprendida.

—¿Cómo…?

Ayanokoji inclinó la cabeza, como si responder fuera obvio.

—Te observo desde que llegaste.

Ella tragó saliva.

—Eso es… inquietante.

—Es lo que hace cualquiera que quiere algo valioso.

Kagome dio un paso atrás, pero él colocó suavemente una mano sobre la pared, bloqueándole el escape.
No la tocó.

Pero su proximidad la envolvió.

—¿Qué querés de mí?

Él bajó la mirada hacia sus labios.
Su expresión siguió neutra, pero había fuego escondido detrás de esa quietud.

—Todo.

Kagome sintió un escalofrío.

—No podés decidir eso sin mí.

Ayanokoji sonrió apenas, como si hubiera esperado esa respuesta.

—Entonces hacelo conmigo.
Decidí… pero decidí sabiendo que no pienso dejarte ir.

Kagome abrió la boca para protestar, pero él se adelantó.

—No voy a forzarte. —Sus ojos brillaron—. Solo voy a asegurarme de que nunca veas a nadie más como opción.

Una declaración.
Un cálculo.
Un destino planeado.

—¿Eso es una amenaza? —susurró Kagome.

—No. —Acercó su rostro al de ella, suave, lento—. Es una promesa.

Ella sintió su corazón temblar en su pecho.

Era peligroso.
Era obsesivo.
Era frío.

Pero cuando la miraba… Kagome no podía negar que él la había elegido con una intensidad que quemaba.

—Nos veremos mañana, Kagome —dijo él, retrocediendo como si nada hubiera pasado—. Y pasado. Y siempre.

Kagome tragó saliva.

Porque cuando Ayanokoji decía “siempre”…
no era exageración.

Era un plan.

Kagome crossover Donde viven las historias. Descúbrelo ahora