las joyas

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Kagome tragó saliva mientras miraba su reflejo. ¿Cómo era posible? No solo estaba atrapada en el cuerpo de Aria von Secramise, sino que este personaje… ¡no existía en el manhwa!

Antes de que pudiera ordenar sus pensamientos, la puerta se abrió con un golpe seco. Una doncella vestida con un uniforme azul marino y blanco se inclinó con prisa.

—¡Mi señora! ¿Se encuentra bien? El emperador  ha enviado un mensaje urgente para usted—

Kagome parpadeó. Su mente aún estaba en caos, pero sabía que actuar como Aria era su única opción.

—Estoy bien… —Su voz salió más suave de lo esperado. La doncella la miró con preocupación, pero asintió y le entregó una caja de terciopelo rojo antes de retirarse.

Con el corazón latiendo con fuerza, Kagome abrió la caja. Dentro, un collar con una joya amatista brillaba intensamente. Su piel hormigueó en el momento en que sus dedos rozaron la gema.

—Las joyas de Aria von Secramise… —murmuró.

Antes de que pudiera analizar la situación, sintió una presencia detrás de ella. Su piel se erizó.

—No deberías tocar eso tan a la ligera, princesa —murmuró una voz grave y profunda.

Kagome giró rápidamente. Frente a ella, apoyado contra el marco de la puerta, estaba un chico de piel oscura y ojos dorados. Su cabello negro caía en mechones desordenados, y una espada descansaba en su cadera.

—¿Niel Phantom…? —susurró sin darse cuenta.

El espadachín alzó una ceja con curiosidad.

—Vaya, qué formal. Normalmente solo me llamas "perro callejero". ¿Acaso has cambiado de opinión sobre mí, Aria?—

Kagome sintió un escalofrío. Si Niel estaba aquí… eso significaba que el resto de los protagonistas también aparecerían. Y, por lo que recordaba, todos estaban destinados a enamorarse de la heroína… no de Aria.

Pero ahora, ella era Aria.

Y Ariana de Secramise no iba a estar feliz con eso.

Niel la miró fijamente, su expresión mostrando un atisbo de sorpresa. Luego, una sonrisa burlona apareció en sus labios.

—¿Eh? ¿Te sientes mal por cómo me has tratado? Eso sí que es nuevo.

Kagome suspiró. No tenía idea de cómo era la verdadera personalidad de Aria, pero estaba claro que no era alguien amable con Niel. Mejor corregir su actitud antes de meter la pata más de lo que ya estaba.

—Lo digo en serio. Perdón si te he tratado mal antes —repitió, manteniendo la mirada firme—. Y necesito que me lleves con mi padre, el emperador.

Niel entrecerró los ojos, evaluándola.

—¿Y desde cuándo la princesa rebelde quiere ver a su querido padre? Normalmente evitas sus audiencias como si fueran veneno.

Kagome, piensa rápido.

—Es importante —dijo simplemente, con la mayor convicción posible.

El espadachín la observó unos segundos más antes de soltar un suspiro exagerado.

—Tienes suerte de que me gustan los misterios —dijo con un encogimiento de hombros—. Vamos, pero si me metes en problemas, me las pagarás.

Kagome asintió y lo siguió fuera de la habitación. Mientras caminaban por los pasillos de mármol adornados con cortinas carmesí y doradas, sintió miradas curiosas y murmuros a su alrededor.

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